El psicoanálisis nos enseña una pregunta muy útil para
entendernos a nosotros mismos: ¿Quién es el que por tu boca habla? En las
relaciones amorosas, por ejemplo, representamos a diversos personajes. Es muy
común que un hombre busque en su esposa el sustituto de su madre y que quien
hable por su boca sea el “niño” que necesita el amor incondicional de ella;
también puede ser que asuma la voz del macho alfa o prepotente en su plan
seductor. Por supuesto, la dama responderá al seductor con las opciones que su
patología o su salud mental le permita. Si en su inconsciente asume el rol de
madre aceptará al “hijo” que busca una mamá.
Aquella pregunta tiene otra fórmula: ¿En qué lugar estás
parado cuando hablas? Los lugares de los que hablamos son muchos. Algunos seres
humanos hablan desde el cielo o desde un mundo imposible donde todo es armonía
y amor; otros creen estar en un púlpito dando clases de moral o en la cátedra
de una universidad enseñando lo que nunca estudiaron. Es muy distinto el punto
en el que se posesionan Petro y Uribe, el creyente y el ateo, el victimario y
la víctima.
Asimismo, todos tenemos una colección de máscaras que nos
cambiamos permanentemente. No hay mejor ejemplo que los políticos, los
psicópatas o los políticos psicópatas. Su patología es tan arraigada que en una
misma presentación en televisión se ocultan tras cuatro o cinco antifaces sin
que la audiencia se percate. El defensor de los derechos humanos, la fascista
que intentará matar de hambre a los maltratadores pobres en cuarentena, el
defensor de los derechos de las mujeres y el dictador marxista que no soporta
que los burgueses se hayan ido el fin de semana para su casa de campo en
tiempos de la pandemia: son todas máscaras.
El filósofo Michel Onfray tiene una cuarta modalidad para explicar
el mismo fenómeno; define el sujeto en relación con la institución o el relato
que lo hace posible. Así, mi identidad de sujeto musulmán es dada por esa
religión o por esa doctrina; mi identidad de persona conservadora o marxista es
creada en mi mente por el respectivo partido. Ser sujeto es estar sujetado por
una institución o una ideología porque no hay un yo que decida inscribirse en
una u otra. Las identidades políticas o religiosas son como máscaras que hoy me
pongo y que un año o tres meses después puedo cambiar. Son las voces que hablan
por mi boca o los lugares que ocupo cuando expreso el que creo que es mi
pensamiento, pero que en realidad es mi rollo cerebral grabado por los otros.
¿Quién es el que por tu boca habla? ¿Cuál es tu papel en cada
drama o comedia en que participas? No soy más que máscaras, identidades,
relatos y roles sin un yo o actor oculto atrás.
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