Entre las muchas cosas que nos deja
el debate electoral, quiero referirme a la “brillante” intervención de la
doctora Carolina Sanín en una discusión sobre la pertinencia del voto en blanco
con el propósito de retomar una introducción que hice en escritos anteriores a
la lingüística o a la semiología y a su importancia en la comprensión del mundo
actual.
Carolina Sanín es una prestigiosa
profesora universitaria en el campo de las letras y columnista de la revista
Arcadia. En la discusión trasmitida por televisión, utilizó algunas palabras
claves de quienes defendían la opción del voto en blanco en la segunda vuelta
presidencial, como “coherencia”, “comodidad” y “ninguno de los dos candidatos me
representa”, para desbaratar sus argumentos.
Esa estrategia o metodología se llama
deconstrucción, definida por el Diccionario de la Real Academia como “el
desmontaje de un concepto o de una construcción intelectual por medio de su
análisis, mostrando así contradicciones y ambigüedades”. Aunque la
deconstrucción tiene muchos antecedentes en el pensamiento de occidente desde
finales del siglo XIX, su principal expositor fue el filósofo judío nacido en
Argel, Jacques Derrida (1930-2004).
La deconstrucción se fundamenta en el
lenguaje, en las relaciones del significado con el significante. El prestigio logrado por ese método en los
escritos de Derrida ha facilitado que se abuse del mismo, se saque del contexto
filosófico en que nació y se aplique a cualquier discurso, incluido el
político. Hoy se habla de deconstruir el discurso de la democracia, el
capitalismo, el marxismo, la religión, el cristianismo y cualquier otro que a
usted se le ocurra.
Hasta los textos más simples están
cargados de aporías o encrucijadas sin salida que son rendijas o hendiduras que
la deconstrucción, como forma de lectura, trata de identificar. La
deconstrucción, entonces, puede ser un arma perversa para tratar de humillar al
interlocutor, para poner en su boca expresiones que no dijo, para introducir la
ideología de quien la usa y para reducir toda discusión a un juego de palabras.
En estos términos se expresaron los
contendores de la profesora Sanín en el debate aludido. Ella dijo, después de ridiculizar el discurso
de los defensores del voto en blanco en las elecciones, que estaban en juego
dos modelos de sociedad y que Petro representaba a las minorías y que por eso
no se justificada la indecisión. La deconstrucción es una de las muchas
estrategias usadas por los intelectuales para enredar a los ciudadanos poco
informados. El discurso de la misma
doctora Sanín puede ser aniquilado por quien no comparte sus simpatías por el
lenguaje cambiante y caprichoso de Gustavo Petro.
Gracias a esa discusión hemos logrado
una aproximación torpe a los planteamientos de Derrida. Su análisis del
lenguaje escrito lo llevó a cuestionar todo el pensamiento filosófico de
Occidente y produjo en gran cambio en la manera de entendernos a nosotros
mismos. “La verdad es una mentira afortunada”.
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