martes, 26 de junio de 2018

DECONSTRUIR





Entre las muchas cosas que nos deja el debate electoral, quiero referirme a la “brillante” intervención de la doctora Carolina Sanín en una discusión sobre la pertinencia del voto en blanco con el propósito de retomar una introducción que hice en escritos anteriores a la lingüística o a la semiología y a su importancia en la comprensión del mundo actual.

Carolina Sanín es una prestigiosa profesora universitaria en el campo de las letras y columnista de la revista Arcadia. En la discusión trasmitida por televisión, utilizó algunas palabras claves de quienes defendían la opción del voto en blanco en la segunda vuelta presidencial, como “coherencia”, “comodidad” y “ninguno de los dos candidatos me representa”, para desbaratar sus argumentos.

Esa estrategia o metodología se llama deconstrucción, definida por el Diccionario de la Real Academia como “el desmontaje de un concepto o de una construcción intelectual por medio de su análisis, mostrando así contradicciones y ambigüedades”. Aunque la deconstrucción tiene muchos antecedentes en el pensamiento de occidente desde finales del siglo XIX, su principal expositor fue el filósofo judío nacido en Argel, Jacques Derrida (1930-2004).

La deconstrucción se fundamenta en el lenguaje, en las relaciones del significado con el significante.  El prestigio logrado por ese método en los escritos de Derrida ha facilitado que se abuse del mismo, se saque del contexto filosófico en que nació y se aplique a cualquier discurso, incluido el político. Hoy se habla de deconstruir el discurso de la democracia, el capitalismo, el marxismo, la religión, el cristianismo y cualquier otro que a usted se le ocurra.

Hasta los textos más simples están cargados de aporías o encrucijadas sin salida que son rendijas o hendiduras que la deconstrucción, como forma de lectura, trata de identificar. La deconstrucción, entonces, puede ser un arma perversa para tratar de humillar al interlocutor, para poner en su boca expresiones que no dijo, para introducir la ideología de quien la usa y para reducir toda discusión a un juego de palabras.

En estos términos se expresaron los contendores de la profesora Sanín en el debate aludido.  Ella dijo, después de ridiculizar el discurso de los defensores del voto en blanco en las elecciones, que estaban en juego dos modelos de sociedad y que Petro representaba a las minorías y que por eso no se justificada la indecisión. La deconstrucción es una de las muchas estrategias usadas por los intelectuales para enredar a los ciudadanos poco informados.  El discurso de la misma doctora Sanín puede ser aniquilado por quien no comparte sus simpatías por el lenguaje cambiante y caprichoso de Gustavo Petro.

Gracias a esa discusión hemos logrado una aproximación torpe a los planteamientos de Derrida. Su análisis del lenguaje escrito lo llevó a cuestionar todo el pensamiento filosófico de Occidente y produjo en gran cambio en la manera de entendernos a nosotros mismos. “La verdad es una mentira afortunada”.


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