La víspera de
Navidad es tiempo propicio para revisar el proceso de investigación sobre la
autenticidad de los textos sagrados, en particular de los cuatro evangelios; es
decir, conviene conocer la verdadera historia de ese hombre que puso las bases
del principio de igualdad de todos los seres humanos, fundamento de la sociedad
democrática, en aquella época esclavista.
El pasado 31
de octubre celebramos el día en que el monje y sacerdote Martín Lutero publicó sus
95 tesis que dieron comienzo a la Reforma protestante hace 500 años y consagró
el derecho de todos los fieles de conocer los libros sagrados en su propio
idioma, dado que hasta entonces solo podían hacerlo los pocos clérigos que
comprendían el latín o el griego.
En los países
en que triunfó la Reforma se inició la libre interpretación de los evangelios,
y muchos estudiosos se dedicaron a buscar la verdadera historia de Jesús. En
los siglos siguientes se encontraron muchos anacronismos, contradicciones e
incongruencias en esos escritos hasta cuando se concluyó que su valor histórico
era mínimo: los evangelios son una colección de mitos.
Pero en los
países católicos no conocimos de esos estudios hasta la segunda mitad del siglo
pasado. La conclusión no pudo ser más desconcertante: de Jesús solo sabemos con
certeza que era un líder judío y que por eso fue crucificado. Vale aclarar que
también se había avanzado en el análisis de su mensaje y muy serios estudios
habían concluido que apenas un 32 por ciento de sus palabras eran auténticas,
dichas por él.
Solo los
evangelios de Lucas y Mateo nos cuentan las condiciones en que nació Jesús; estos
evangelios fueron escritos hacia los años 85 y 90 de nuestra era, casi 100 años
después de su nacimiento. Los autores inventaron todo el cuento del nacimiento
en Belén, los pastorcitos y los reyes magos con el propósito de relacionar a
Jesús con el rey David, que era de esa zona, y acomodarlo como el mesías de
Israel.
Mucho más
interesante que la verdad histórica de Jesús es la forma cómo se gestó el
cristianismo. Si usted revisa las
verdaderas palabras de Jesús, todas aquellas parábolas que hablan del reino de
Dios de una manera sencilla, notará que no tienen conexión alguna con los grandes
dogmas establecidos por la iglesia romana, como la resurrección, la filiación
divina de Jesús, la vida después de la muerte, el pecado original y la
redención.
Estos dogmas
fueron creaciones de los primeros seguidores de Jesús, en particular de Pablo,
tomados de otras religiones y de las filosofías de la época. Es esta la razón
por la cual algunos teólogos protestantes y otros expertos han propuesto que
nos quedemos con el mensaje de amor y compasión, con las bienaventuranzas y la
dignidad de los más pobres entre los pobres y desechemos los dogmas.
Feliz Navidad
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