Como es
imposible saber lo que las personas y las cosas son en sí mismas, nos tenemos
que consolar con la mirada que nosotros podamos echar sobre ellas. Eso vale
también cuando nos referimos a personajes históricos porque, además, el
concepto que expresemos sobre ellos se correlaciona muy bien con lo que cada
quien es. Si leo la biografía de alguien, en el momento de transmitirla
resaltaré de manera inconsciente aquellos aspectos que más me interesa
describir u ocultar de mí mismo.
A un grupo de
Facebook interesado en la historia, le pregunté esta semana: ¿Qué significa
para Occidente la Reforma luterana? Hubo muy buenos comentarios, la mayoría de
los cuales resaltaban el aspecto central de la reacción de Martín Lutero a la corrupción
de la iglesia romana en el negocio de las indulgencias.
Algo similar
me encontré en los artículos de opinión publicados en los medios este año (creo
que leí unos 15) con motivo de los 500 años de esa verdadera revolución
cultural. Si bien, algunos resumían bien
los elementos centrales de esos eventos, muchos presentaron mejor una crítica a
los errores del monje rebelde, como su antisemitismo o su actitud represiva con
el movimiento campesino que por esos días se presentó en Prusia. El anticlericalismo
era evidente en estos casos.
Cuando se
trata de asuntos históricos nos conformamos con el relato de los hechos que
trae cualquier texto; pero el gran vacío que queda es el análisis cultural de
esos mismos hechos, algo en que fallaban nuestros manuales cuando existía esa
cátedra y que esperamos se corrija ahora cuando se intenta incluir nuevamente
la historia en el plan de estudios básicos.
La Reforma la
podemos presentar como el comienzo del capitalismo y como la reorganización de
la comunidad burguesa para enfrentar el poder de la iglesia romana. También podemos hacer un psicoanálisis del
comportamiento francamente neurótico de Lutero, tal como lo muestra el libro de
Lyndal Roper titulado Martín Lutero: renegado y profeta, de editorial Taurus,
2017. La mirada oficial de la iglesia
romana se refiere a un hereje que desconoce el poder del clero de vender los
méritos de cristo y facilitar el ingreso al cielo de los pecadores.
En opinión de
Jacques Barzun, la Reforma no solo fue una revolución religiosa que despertó la
libertad de opinión, fomentó el nacionalismo, elevó el prestigio de la lengua
vernácula, cambió la actitud hacia el arte, el trabajo y la emoción humana;
acabó el ancestral sentido de la unidad de occidente y puso las bases para el
nacimiento del sujeto. Si mi relación con Dios es personal, tengo derechos y
lucharé por una sociedad en la que sean respetados.
Es lamentable
que en Colombia sigamos aceptando que la izquierda y los intelectuales
anticlericales hayan remplazado a la iglesia en el rol de señalarnos que su
mirada es la verdadera o la mejor. ¡Líbranos, Señor, de las comisiones de la
verdad!
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