jueves, 19 de octubre de 2017

EL SICÓPATA ES UN ACTOR






Es muy difícil saber si entre nuestros familiares y allegados hay algún sicópata por las habilidades histriónicas de estos personajes, con las que logra engañar a propios y extraños a tal extremo que encuentran defensores a ultranza cuando alguien cuestiona su salud mental.  Como los bipolares y los esquizofrénicos, el sicópata no tiene autocrítica y por ello nunca consultará al psiquiatra como debiera y, menos, cuando su familia lo respalda.

Aunque se habla de que el 1 por ciento de la población es sicópata, parece que la enfermedad aumenta y, más, si incluimos cuadros mentales parecidos como el narcisismo y el borderline o estados límites entre lo normal y los patológico que presentan muchos síntomas comunes. Cuando hablo con amigos y conocidos sobre este asunto y explico los síntomas o signos que definen a sicópata, con frecuencia ellos aseguran que conocen dos o tres casos no diagnosticados.

Volvamos al sicópata o antisocial y miremos el testimonio de una víctima de uno de ellos, recogido por el psiquiatra Carlos E. Climent en su libro La locura lúcida, de editorial Panamericana (2014): “¿Por qué no lo(a) dejo si soy completamente infeliz en esta relación?  Si estoy seguro(a) de que nada va a cambiar… Si lo único que hace es fingir un cambio cuando me ve dispuesto(a) a dejarlo(a). Si aquel día que se descontroló, sacó a relucir un monstruo que yo no conocía y hasta me hizo reclamos absolutamente absurdos y mezquinos.  Si todos los que me quieren de verdad coinciden en que yo me merezco algo mejor…”

El sicópata es incapaz de amor, aunque es todo un artista para fingirlo, a tal punto que puede parecer demasiado meloso; no tiene ningún respeto por las normas y está dispuesto a todo para lograr sus objetivos.  Siempre culpabiliza a su víctima o a un tercero como una forma de racionalizar o legitimar su conducta, tal como lo acaban de hacer los terroristas de las FARC, en cuyas filas hay varios enfermos mentales. Muchos de estos pacientes fueron maltratados durante su infancia, por lo que se desprecian a ellos mismos, nunca podrán tener una relación madura con otra persona y su objetivo puede ser el dinero, nunca el afecto del otro.

Según el Dr. Climent, un antisocial o sicópata se diagnostica cuando tiene tres de las siguientes características: Insensible a las necesidades de los demás; actitud evidente y persistente de irresponsabilidad y desinterés en las normas sociales, reglas y obligaciones; incapacidad de mantener relaciones duraderas, si bien tiene gran facilidad para iniciarlas; muy baja tolerancia a la frustración y una gran facilidad de reaccionar de manera agresiva o incluso violenta; incapacidad para experimentar culpa o aprender de la experiencia, especialmente del castigo; gran facilidad para culpar a los demás o para ofrecer explicaciones (racionalizaciones) por el comportamiento que le ocasiona problemas en la sociedad.

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