Aunque en
redes sociales se presentaron muchos memes para ridiculizar el carácter natural
de la corrupción señalado por uno de los involucrados en el carrusel organizado
en Bogotá por el Polo Democrático Alternativo durante la administración del
nieto de mi general Rojas Pinilla, son evidentes sus determinantes genéticos.
En todas las
sociedades humanas existen la selección por parentesco y el altruismo
recíproco; la primera es la causa del nepotismo; el segundo condiciona el
clientelismo o le intercambio de favores entre el político y el elector: “te
doy $20.000 por tu voto”. Otro
determinante de la corrupción, distinto a la genética, es el escaso desarrollo
de un país, causa y efecto del fenómeno.
La corrupción no es asunto de los “malos”; es un fenómeno natural y
universal.
Los
escándalos de corrupción, como los recientes de Odebrecht y Reficar que
involucraron los gobiernos de Uribe Vélez y Juan Manuel Santos, nos impiden ver
otro aspecto de la corrupción política y que será la base para que la izquierda
pueda acceder al poder en próximas elecciones.
Me refiero al patrocinio. En tanto que las relaciones de patrocinio se
realizan de cara al beneficiario del acto ilícito, el clientelismo actúa a
través de intermediarios como los líderes de los barrios. Los líderes
comunistas de los sindicatos de educadores adoctrinan a sus afiliados y a los
estudiantes; las guerrillas secuestran a los niños para convencerlos de su
ideología; otros comunistas infiltran diversos estamentos públicos y
privados.
Mientras la
izquierda se muestra agresiva contra el clientelismo, oculta el patrocinio, la
forma de corrupción que ha servido a muchas dictaduras, por ejemplo, al
camarada Stalin, al peronismo argentino (apoyado por los sindicatos) o al
partido comunista chino. Es lo mismo que
puede suceder en Colombia con la estrategia principal de las FARC y sus
aliados. Además de que controlan
pequeños partidos como el Polo, la Alianza Verde, Marcha Patriótica de Piedad,
Progresistas de Petro, Unión Patriótica, etc., se sirven de numerosos
“colectivos” –como ellos los llaman— de maestros, milicias, sindicatos,
artistas, intelectuales, organizaciones étnicas y campesinas o la comunidad LGBTI,
todas ellas muy próximas a la ideología de las guerrillas.
En la
derecha, el clero y los pastores evangélicos han cumplido con la misma función
de patrocinio y adoctrinamiento, cada día menos efectiva. La derecha y el
centro seguirán jugando a la otra corrupción, a la compra de votos pobres y a
la promesa de buenos contratos para las empresas que financien las campañas. Izquierda y derecha aplican ambas formas de
corrupción; pero cada una enfatiza la que más le favorece.
Tremenda
tragedia la de una nación que se prepara para escoger entre dos formas de
corrupción en las próximas elecciones. Una es la corrupción que hará que todo siga
igual con “mermelada” y la adjudicación de contratos; otra es la corrupción de
las FARC que es la misma de Maduro.
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