En una
investigación realizada durante varios años acerca de la historia del
cristianismo, me impactó sobremanera la tremenda revolución desencadena en todo
Occidente por la iniciativa de un solo hombre hace 500 años; pero más que por
el hecho en sí, por mi ignorancia al respecto, a pesar de que me consideraba un
colombiano con una cultura general media.
En 1517,
Martín Lutero publicó sus 95 tesis para cuestionar el negocio de las indulgencias,
enfatizar que el dinero no nos puede salvar y que la fe o la gracia es un don
gratuito de Dios. Un siglo antes, otro
personaje con críticas parecidas a la Iglesia romana, había sido llevado a la
hoguera en Praga. Su nombre era John Hus,
sacerdote y rector de la Universidad de esa ciudad y seguidor a su vez de otro
rebelde inglés, John Wycliff. A estos
dos últimos precursores de la Reforma, podemos agregar otro sacerdote, Erasmo
de Róterdam, contemporáneo de Lutero y que, aunque no compartió las doctrinas
de este último, fue un crítico del cristianismo y representó una especie de
tercera vía en materia religiosa, mejor conocida como “deísmo” y que sería
acogida por los teóricos de la Ilustración.
Tampoco se
puede entender el fenómeno de la Reforma si no se tiene en cuenta que hacia
1448 se había descubierto la imprenta y que la publicación de millones de
libros, para la época de Lutero, hicieron más fácil la difusión de sus ideas.
Hasta ese entonces, el sermón del cura era el único boletín de noticias conocido
por una plebe en su gran mayoría analfabeta, razón por la cual la Iglesia tenía
el poder. A ello podemos agregar como
factores desencadenantes de la Reforma: la corrupción generalizada del clero,
la inconformidad de los gobernantes de toda Europa por los abusos de la Iglesia
y el auge tremendo de la economía producido por el descubrimiento de América y
las nuevas rutas del comercio mundial con sus secuelas de inflación y miseria.
La división o
sisma dentro del cristianismo generado por la Reforma ocasionó muchas guerras
que afectaron todo el siglo XVI y al menos la mitad de siguiente. Sin embargo, en la Reforma hay raíces de la
nación moderna, de la separación de la iglesia y el Estado, de la libertad de
culto, de la democracia, de la tolerancia y del capitalismo. A todo eso se unió el auge de la ciencia para
complicar más la situación de la Iglesia Católica. Recordemos que en 1543 muere Nicolás
Copérnico, el sacerdote polaco que acabó con la teoría heliocéntrica del
universo y abriría la senda de Newton, nacido en 1642, año de la muerte de
Galileo Galilei.
En fin, con
la imprenta, la Reforma, el descubrimiento de América, los primeros grandes
pasos de la ciencia, el Renacimiento y la Ilustración nació el mundo moderno.
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