jueves, 13 de abril de 2017

EL EVANGELIO SEGÚN SAN URIBE




En aquel tiempo, Poncio Pilatos convocó al pueblo de Jerusalén para que decidiera mediante un plebiscito la liberación de un reo como motivo de la pascua. Uno de los detenidos era un guerrillero, narcotraficante y terrorista conocido con el alias de Barrabás; el otro, un desconocido con cara de menso, medio jipi, sin oficio conocido y habilidoso en asuntos de magia que se le pasaba charlando con los campesinos de Galilea.  Aunque el representante del imperio estaba seguro de que el pueblo votaría en favor del menso, por un pequeño margen el pueblo decidió que querían liberar al tenebroso Barrabás.  Como en esos tiempos los plebiscitos se respetaban y los romanos no ponían conejo, Pilatos cumplió su palabra y dictó sentencia de muerte contra el jipi.

Alias Barrabás quedó libre después de confesar todos sus delitos ante un tribunal especial para la pascua o JEP y se volvió al monte a reunir su cuadrilla de malhechores.  Pocos años después los guerrilleros decidieron enfrentarse al poder romano y lograron derrotar a las legiones acantonados en Palestina. Para ese entonces el emperador era un muchacho perteneciente a la comunidad LGBTI, según los chismosos, llamado Nerón, quien dijo que con esos terroristas no negociaba, y envió todas las legiones disponibles en la zona. El templo de Jerusalén y parte de la ciudad fueron destruidos por los romanos, para que se cumpliera la escritura que decía que por pendejos los judíos serían castigados por Yahvé.

Ya hacía como 40 años que el crucificado había muerto.  Los pocos cristianos que había entonces por aquellas tierras sintieron un gustico por la derrota de los judíos y recordaron el plebiscito en favor de Barrabás. Pero no se quedaron ahí. Siguiendo las cartas que un tal Pablo había escrito en medio de sus ataques epilépticos, empezaron a escribir cuatro versiones, todas distintas, sobre los milagros del crucificado y agregaron que “el man estaba vivo”, es decir, que había resucitado, cuento que les causó mucha gracia a los judíos.

La pelea entre judíos y cristianos ya lleva veinte siglos. Como los cristianos responsabilizaron de la muerte de su Dios a los judíos, estos tuvieron que soportar veinte siglos de masacres y persecuciones hasta cuando en el siglo XX otro loco peor que Nerón, llamado Adolfo, asesinó a más de seis millones de ellos.

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