jueves, 20 de abril de 2017

EL LENGUAJE AMBIGUO DEL CLERO





Matthew Kneale es un historiador de la universidad de Oxford, autor de un libro publicado por Santillana en el 2013, titulado Historia de las creencias contada por un ateo.  El texto muestra de una manera sencilla la manera como el cristianismo se formó a través de un proceso de adaptación muy peculiar.  Cuando su líder fue crucificado, sus seguidores no aceptaron el fracaso de su movimiento y 20 años después Pablo se inventó la resurrección en la primera carta a los corintios; como los judíos no aceptaron el mensaje de Jesús como hijo de Dios y redentor, Pablo se fue a convencer a los gentiles quienes no le vieron problema al cuento; tan pronto como se percataron de que el retorno del crucificado se estaba demorando, entonces acomodaron los textos y lo pospusieron para “el fin de los tiempos”.

Ese proceso del lenguaje ambiguo continúo durante toda la historia del cristianismo, sobre todo en los primeros cuatro siglos hasta cuando en el emperador romano de oriente, el español Teodosio el Grande, se puso furibundo y decretó que la única religión aceptada en sus territorios era el cristianismo y amenazó con persecuciones y discriminaciones a los que no lo aceptaran. 

En los últimos años, a medida que aumentaba el escepticismo, que muchos católicos pobres decidieron abandonar su iglesia romana para seguir las evangélicas o protestantes y que, además, los ateos se tornaban agresivos, el discurso del clero empezó a aceptar algunas de las doctrinas de sus hermanos separados. Fue así como admitieron que los evangelios no son historia; que la virginidad de María no es dogma y que la resurrección de Cristo no era lo que todos pensábamos.

El domingo de ramos, el padre Pacho escribió en El Diario: “La resurrección no es la reanimación de un cadáver”; en los mismos términos se expresó el padre Francisco De Roux en entrevista con Yamid Amat.  El padre Alfonso Llano Escobar nos había adelantado en el año 2008, en su libro Confesiones de fe crítica, que los teólogos no hablaban ahora de resurrección, sino de exaltación, en una doctrina más confusa todavía y muy próxima a viejas herejías como el adopcionismo o el arrianismo.

No se volvió a decir que Jesús había resucitado en otro cuerpo, el astral, que atravesaba paredes y podía aparecer o desaparecer a discreción. Fue esta la versión que más gustó a los esotéricos y brujos de las sectas de garaje, quienes vieron en la mecánica cuántica la mejor explicación de la resurrección. Cuando Jesús regresó, venía de otra dimensión; sí, la ciencia moderna confirmaba el milagro, ¡aleluya!

Claro está que las mayorías cristianas no se percatan de estas sutilezas o no les interesan porque para ellas no importa lo que digan los teólogos:  su fe es ciega, y la teología es un juego de metáforas.

jueves, 13 de abril de 2017

EL EVANGELIO SEGÚN SAN URIBE




En aquel tiempo, Poncio Pilatos convocó al pueblo de Jerusalén para que decidiera mediante un plebiscito la liberación de un reo como motivo de la pascua. Uno de los detenidos era un guerrillero, narcotraficante y terrorista conocido con el alias de Barrabás; el otro, un desconocido con cara de menso, medio jipi, sin oficio conocido y habilidoso en asuntos de magia que se le pasaba charlando con los campesinos de Galilea.  Aunque el representante del imperio estaba seguro de que el pueblo votaría en favor del menso, por un pequeño margen el pueblo decidió que querían liberar al tenebroso Barrabás.  Como en esos tiempos los plebiscitos se respetaban y los romanos no ponían conejo, Pilatos cumplió su palabra y dictó sentencia de muerte contra el jipi.

Alias Barrabás quedó libre después de confesar todos sus delitos ante un tribunal especial para la pascua o JEP y se volvió al monte a reunir su cuadrilla de malhechores.  Pocos años después los guerrilleros decidieron enfrentarse al poder romano y lograron derrotar a las legiones acantonados en Palestina. Para ese entonces el emperador era un muchacho perteneciente a la comunidad LGBTI, según los chismosos, llamado Nerón, quien dijo que con esos terroristas no negociaba, y envió todas las legiones disponibles en la zona. El templo de Jerusalén y parte de la ciudad fueron destruidos por los romanos, para que se cumpliera la escritura que decía que por pendejos los judíos serían castigados por Yahvé.

Ya hacía como 40 años que el crucificado había muerto.  Los pocos cristianos que había entonces por aquellas tierras sintieron un gustico por la derrota de los judíos y recordaron el plebiscito en favor de Barrabás. Pero no se quedaron ahí. Siguiendo las cartas que un tal Pablo había escrito en medio de sus ataques epilépticos, empezaron a escribir cuatro versiones, todas distintas, sobre los milagros del crucificado y agregaron que “el man estaba vivo”, es decir, que había resucitado, cuento que les causó mucha gracia a los judíos.

La pelea entre judíos y cristianos ya lleva veinte siglos. Como los cristianos responsabilizaron de la muerte de su Dios a los judíos, estos tuvieron que soportar veinte siglos de masacres y persecuciones hasta cuando en el siglo XX otro loco peor que Nerón, llamado Adolfo, asesinó a más de seis millones de ellos.

lunes, 10 de abril de 2017

LA REFORMA, TODA UNA REVOLUCIÓN





En una investigación realizada durante varios años acerca de la historia del cristianismo, me impactó sobremanera la tremenda revolución desencadena en todo Occidente por la iniciativa de un solo hombre hace 500 años; pero más que por el hecho en sí, por mi ignorancia al respecto, a pesar de que me consideraba un colombiano con una cultura general media.

En 1517, Martín Lutero publicó sus 95 tesis para cuestionar el negocio de las indulgencias, enfatizar que el dinero no nos puede salvar y que la fe o la gracia es un don gratuito de Dios.  Un siglo antes, otro personaje con críticas parecidas a la Iglesia romana, había sido llevado a la hoguera en Praga.  Su nombre era John Hus, sacerdote y rector de la Universidad de esa ciudad y seguidor a su vez de otro rebelde inglés, John Wycliff.  A estos dos últimos precursores de la Reforma, podemos agregar otro sacerdote, Erasmo de Róterdam, contemporáneo de Lutero y que, aunque no compartió las doctrinas de este último, fue un crítico del cristianismo y representó una especie de tercera vía en materia religiosa, mejor conocida como “deísmo” y que sería acogida por los teóricos de la Ilustración.

Tampoco se puede entender el fenómeno de la Reforma si no se tiene en cuenta que hacia 1448 se había descubierto la imprenta y que la publicación de millones de libros, para la época de Lutero, hicieron más fácil la difusión de sus ideas. Hasta ese entonces, el sermón del cura era el único boletín de noticias conocido por una plebe en su gran mayoría analfabeta, razón por la cual la Iglesia tenía el poder.  A ello podemos agregar como factores desencadenantes de la Reforma: la corrupción generalizada del clero, la inconformidad de los gobernantes de toda Europa por los abusos de la Iglesia y el auge tremendo de la economía producido por el descubrimiento de América y las nuevas rutas del comercio mundial con sus secuelas de inflación y miseria.

La división o sisma dentro del cristianismo generado por la Reforma ocasionó muchas guerras que afectaron todo el siglo XVI y al menos la mitad de siguiente.   Sin embargo, en la Reforma hay raíces de la nación moderna, de la separación de la iglesia y el Estado, de la libertad de culto, de la democracia, de la tolerancia y del capitalismo.  A todo eso se unió el auge de la ciencia para complicar más la situación de la Iglesia Católica.  Recordemos que en 1543 muere Nicolás Copérnico, el sacerdote polaco que acabó con la teoría heliocéntrica del universo y abriría la senda de Newton, nacido en 1642, año de la muerte de Galileo Galilei.

En fin, con la imprenta, la Reforma, el descubrimiento de América, los primeros grandes pasos de la ciencia, el Renacimiento y la Ilustración nació el mundo moderno.

miércoles, 5 de abril de 2017

JESÚS EL GUERRILLERO





Podemos encontrar en los evangelios algunos elementos que nos llevan a sospechar del carácter subversivo del movimiento de Jesús: discípulos armados, crucificado con bandidos y el INRI (Jesús Nazareno rey de los judíos) colocado en su cruz; detenido por un grupo de soldados romanos; Jesús siempre predicó en zonas rurales pobres y nunca en las ciudades; acusado de sedición y colgado en la cruz por los romanos, a pesar de los intentos groseros de los evangelistas de hacerlo aparecer como víctima de un complot judío; si se liberó a Barrabás, fue porque Roma lo consideraba menos peligroso que Jesús.  Si Jesús era líder, con su familia, de una campaña de resistencia contra el imperialismo, ¿por qué se presenta como un manso cordero que enseña dar a Roma lo que es de Roma?  Sería como un guerrillero de las FARC hablando de paz y democracia

Las incoherencias de los evangelios y su reconocida falta de historicidad han llevado a muchos estudiosos a sospechar que Jesús no era como lo pintaban los primeros cristianos.  Inclusive, se le ha relacionado con la familia de un auténtico revolucionario, Judas de Gamala, quien enfrentó con sus hijos y su cuadrilla de guerrilleros a Roma, cerca del año 6, cuando se crearon nuevos impuestos en Galilea.  Gamala era un pueblo situado al este del mar de Galilea, cerca de Cafarnaúm, la supuesta tierra de Pedro. El historiador Flavio Josefo nos cuenta esta historia y dice que los hijos de Judas se llamaban Simón, Judas o Teudas y Santiago, los mismos nombres con que los evangelios identifican a tres de los hermanos de Jesús. ¿Coincidencias?

Otra de las claves es James. James es sinónimo de Jacobo, Santiago y Jaime. Un hermano de Jesús tenía ese nombre; de él tenemos fuentes extrabíblicas que corroboran su existencia, cosa que no podemos decir del mismo Jesús. Santiago dirigió el movimiento de Jesús en Jerusalén desde la muerte de este hasta el año 62 cuando fue juzgado por el sanedrín y ejecutado aprovechando un vacío de poder romano en Palestina, a pesar de que era conocido como “el Justo” y gozaba de todo el respeto de la comunidad judía.  Algunos documentos muestran que la sucesión familiar en la dirección de la secta cristiana de Jerusalén se mantuvo hasta muy avanzado el siglo I y que Pedro nunca fue su líder.  El cristianismo judío de desapareció siglos después porque fue remplazado por el cristianismo helenista o gentil de Saulo de Tarso

En esa perspectiva, Jesús sería como los líderes de la Yihad o guerra santa de los musulmanes de hoy: celoso de su religión judía pero que aplicaba todas las formas de lucha.  Por la gran influencia del marxismo en el siglo XX, el Jesús guerrillero cobró mucha fuerza. Muchos sacerdotes se hicieron guerrilleros en función de la teología de la liberación.  Se equivocaron dos veces.