sábado, 25 de marzo de 2017

HISTORIA Y LEYENDA DE LA IGLESIA





Si algunas encuestas muestran que los católicos, en general, no conocen o no leen la Biblia, es muy probable que ignoren la historia de la Iglesia y la manera como se impusieron sus doctrinas frente a las sectas adversarias en una guerra ideológica que duró unos cuatro siglos.  Este asunto cobra inusitado interés ahora cuando el Papa Francisco asume posiciones muy revolucionarias que escandalizan a algunos, pero que son bien recibidas por amplios sectores, incluidos los no cristianos y los ateos.

En los últimos años Roma ha modificado sus doctrinas con relación al Limbo, el Purgatorio y el Infierno, para no hablar de los escritos de sacerdotes, como el padre Alfonso Llano Escobar, que sostienen que la virginidad de María no es un dogma y que la resurrección de Jesús es vista por algunos teólogos como “exaltación” y no como se nos había enseñado en el pasado. Además, han aparecido en los últimos cuarenta años muchos textos en español que nos permiten descubrir los muy interesantes estudios arqueológicos o científicos sobre los libros sagrados.

Acaba de llegar a nuestras librerías el libro Apóstoles, historia y leyenda de los discípulos de Jesús, de Tom Bissell, editorial Ariel, 2016.  Aunque el libro no es muy original, puesto que resume los mismos avances que hemos conocido en otros autores, tiene el mérito de investigar a través de todo el mundo los mitos o fantasías que la tradición ha creado en torno a los seguidores de Jesús, y lo hace de una manera muy amena y graciosa, pero, eso sí, bien documentada.

Tiene el libro un capítulo dedicado a Jesucristo en el que se muestran las discusiones de los primeros cristianos en torno a los dogmas centrales del cristianismo, como la condición divina o humana del Crucificado, la Trinidad y el pecado original.  Llama la atención la resistencia, especialmente en Oriente cristiano, a aceptar que Jesús era Dios o hijo de Dios; la tendencia de las mayorías favorecía las enseñanzas de Arrio, un sacerdote que en el año 318 empezó a predicar la doctrina subordinacionista en Alejandría, Egipto: “Jesús no es coeterno con Dios, sino más bien una creación de Dios Padre”.

El principal opositor de Arrio fue Atanasio, también de Alejandría, para quien el Padre y el Hijo tienen la misma naturaleza o esencia.  La discusión fue resuelta en varios concilios celebrados en Oriente a finales del siglo IV y la primera mitad del siglo V con la ayuda del poder político, ya que para ese tiempo la corriente protoortodoxa o romana logró montar como gobernantes a seguidores suyos, siendo el más importante Teodosio I, un emperador romano de Oriente, nacido en Hispania, quien prohibió cualquier otra doctrina.

Cuando se estudia la historia de las religiones, no parece difícil encontrar elementos que faciliten la conciliación de todas en una doctrina común perfectamente aceptable para muchos ateos y agnósticos.

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