jueves, 30 de marzo de 2017

CAJAMARCA: UN PRECEDENTE NEFASTO







Lo que acaba de suceder en Cajamarca es el comienzo de un desastre nacional si el Estado no reglamenta de manera sensata las consultas populares en los casos relacionados con la minería para evitar que las guerrillas y los movimientos de izquierda, con la argucia de la protección del medio ambiente, bloqueen renglón tan importante de nuestra economía. Si las exportaciones de productos manufacturados disminuyen y si el sector agropecuario enfrenta enormes desafíos internacionales, ¿cómo vamos a subsistir?

Todo hace parte de una estrategia de la vieja izquierda para destruir nuestra economía como el primer paso para imponer su régimen populista.  Fue por ello que nos metieron el gol de la participación comunitaria en la Constitución de 1991, que no es más que el aprovechamiento de la ignorancia de niños y campesinos adoctrinados para sus objetivos “revolucionarios” o “socialistas”.  No es pura coincidencia que el alcalde de Ibagué, iniciador de este plan, sea Guillermo Alfonso Jaramillo, distinguido militante de la izquierda. Recordemos que fue él mismo quien, como gobernador del Tolima, convocó una constituyente mamerta para ese departamento.  Todavía recordamos a los niños pobres de la costa gritando en manifestaciones dirigidas por sus maestros: “queremos agua, no oro”.  La irresponsabilidad absoluta de los maestros es su forma de vengarse de una sociedad que no se acepta si mediocridad y sus inmerecidos privilegios.

Al ciudadano que participa en esos referendos debiera preguntársele, antes de depositar su voto, si está consciente de la inestabilidad jurídica que se crea cuando, por motivos aparentemente ecológicos, se prohíbe una explotación minera legal y se desestimula la participación de capitales nacionales y extranjeros en esa industria.  ¿Conoce un campesino de Cajamarca o un joven adoctrinado por FECODE la relación costo-beneficio de su voto?   El bloqueo de la minería legal favorece la explotación ilícita de nuestros recursos, esa sí destructora del medio ambiente. ¿Por qué la consulta popular no se hace en los municipios donde las guerrillas y las bandas criminales explotan el 90 por ciento del oro colombiano?  Nuestra teoría ecológica parece un marxismo reciclado.

El caso de Cajamarca es la primera dosis de la medicina que nos recetaron los acuerdos de La Habana.  Numerosas materias están condicionadas en ellos a las consultas populares de tal forma que se ha creado un para-Estado con carácter constitucional.  Deberán someterse a consulta todos los programas de desarrollo nacionales y locales para dar gusto a las FARC y a los movimientos mamertos que tienen la organización suficiente para manipular cualquier referendo.

Parece que no tendremos que esperar muchos años para comprender el daño que el actual Gobierno, con la complicidad del Congreso diabético y la servil Corte Constitucional, le ha generado a la nación en los últimos años.  No podemos aceptar que la ideología de Piedad Córdoba, Gustavo Petro y alias “Timochenko” nos señalen la ruta venezolana.

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