En último
término, el problema humano es un problema de identidad. La historia de la especie como la del
individuo comienza cuando “salimos del paraíso”, lo que en términos racionales
significa dejar de ser animales, de emprender el camino de la consciencia, de
la libertad y de ser distinto o único; pero eso no basta y pronto nos damos
cuenta de que ser consciente es sentirse solo, fuera del útero materno o de la
condición animal. La historia humana es
el relato de los intentos como especie y como individuo de encontrarnos con el
otro o los otros, volver al Edén, a Dios, a ser uno con la naturaleza porque la
consciencia es insoportable. En otras palabras, vivimos para desear la nada.
El otro
primordial es la madre o quien cumpla su función de despertar con amor la
consciencia en nosotros; nada es más parecido a la promesa del cielo o de la
plenitud de la existencia que estar en el regazo de la madre, la que nos da
todo, como cuando éramos animales y la naturaleza nos daba lo que
necesitábamos, pero no nos permitía ser.
Pronto somos arrancados de los brazos de mamá para buscar a otro con nos
libere del aterrador encuentro con nosotros mismos, como si nuestra condición
fuese estar amarrados a alienados en otro u otros para poder soportar la vida.
Entonces
aparece la religión para indicarnos que el vacío o la angustia que nos
constituye no se supera más que con el abrazo de nuestros hermanos, paso
inicial o condición para ir al encuentro con el Otro Supremo después de la
muerte. El demonio o el mal nos propone
que el otro, el goce, la plenitud de ser no está más allá, sino en este mundo y
sus placeres. En otro contexto, la
promesa de satán es la misma del comunismo: el cielo está aquí en la superación
de las diferencias de clase, oportunidad de abrazarnos con los otros para ser
felices.
En términos
teológicos este es el resumen: “El Anticristo triunfará si los hombres se
convencen de que la oposición amigo-enemigo (el otro) ha sido superada y la
humanidad cree haber regresado al Estado de Naturaleza (sin responsabilidad) al
paraíso”, escribió Carl Schmitt. También
la ideología liberal ha intentado remplazar a la religión y nos promete superar
nuestras contradicciones e injusticias, aunque con mucha frecuencia no es más
que un discurso vacío usado por los poderosos para su propio beneficio. El hipócrita discurso de la paz y el cínico
fraude de la tolerancia solo les sirve a quienes se toman el trono con todo
tipo de triquiñuelas y fraudes. En los
últimos años hemos aprendido que nuestra salvación conlleva la salvación del
Planeta y de los animales, como si efectivamente hubiésemos iniciado el retorno
al Edén. Es la tentación de la nada.
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