jueves, 9 de marzo de 2017

EL ANTICRISTO





En último término, el problema humano es un problema de identidad.  La historia de la especie como la del individuo comienza cuando “salimos del paraíso”, lo que en términos racionales significa dejar de ser animales, de emprender el camino de la consciencia, de la libertad y de ser distinto o único; pero eso no basta y pronto nos damos cuenta de que ser consciente es sentirse solo, fuera del útero materno o de la condición animal.  La historia humana es el relato de los intentos como especie y como individuo de encontrarnos con el otro o los otros, volver al Edén, a Dios, a ser uno con la naturaleza porque la consciencia es insoportable. En otras palabras, vivimos para desear la nada.

El otro primordial es la madre o quien cumpla su función de despertar con amor la consciencia en nosotros; nada es más parecido a la promesa del cielo o de la plenitud de la existencia que estar en el regazo de la madre, la que nos da todo, como cuando éramos animales y la naturaleza nos daba lo que necesitábamos, pero no nos permitía ser.  Pronto somos arrancados de los brazos de mamá para buscar a otro con nos libere del aterrador encuentro con nosotros mismos, como si nuestra condición fuese estar amarrados a alienados en otro u otros para poder soportar la vida.

Entonces aparece la religión para indicarnos que el vacío o la angustia que nos constituye no se supera más que con el abrazo de nuestros hermanos, paso inicial o condición para ir al encuentro con el Otro Supremo después de la muerte.  El demonio o el mal nos propone que el otro, el goce, la plenitud de ser no está más allá, sino en este mundo y sus placeres.  En otro contexto, la promesa de satán es la misma del comunismo: el cielo está aquí en la superación de las diferencias de clase, oportunidad de abrazarnos con los otros para ser felices.

En términos teológicos este es el resumen: “El Anticristo triunfará si los hombres se convencen de que la oposición amigo-enemigo (el otro) ha sido superada y la humanidad cree haber regresado al Estado de Naturaleza (sin responsabilidad) al paraíso”, escribió Carl Schmitt.  También la ideología liberal ha intentado remplazar a la religión y nos promete superar nuestras contradicciones e injusticias, aunque con mucha frecuencia no es más que un discurso vacío usado por los poderosos para su propio beneficio.  El hipócrita discurso de la paz y el cínico fraude de la tolerancia solo les sirve a quienes se toman el trono con todo tipo de triquiñuelas y fraudes.  En los últimos años hemos aprendido que nuestra salvación conlleva la salvación del Planeta y de los animales, como si efectivamente hubiésemos iniciado el retorno al Edén.  Es la tentación de la nada.

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