A veces se
olvida que la mayoría de los colombianos comparten una visión cristiana,
católica o de otro tipo, y que en el marco de nuestra Constitución Nacional
ellos tienen derechos inalienables, aunque eso sea muy difícil de entender para
quienes son ateos, agnósticos o anticlericales.
Con esta
premisa podemos analizar los dos grandes debates en que hemos estado
involucrados: las cartillas de Colombia Diversa sobre educación sexual y el
plebiscito sobre los acuerdos de La Habana.
En particular, me interesa aquí la discusión sobre los acuerdos porque
también se relacionan con la ideología de género. Discutiré el artículo publicado en El
Espectador el pasado 19 de octubre por el columnista Jorge Gómez Padilla compartido
casi 20 mil veces en Facebook, fenómeno inusual pues en esa misma edición del
periódico el resto de escritos de opinión apenas contaron con uno o dos
centenares de reproducciones. Tan
significativo es el escrito como la reacción impresionante de los lectores.
La nota
relaciona el voto negativo de las iglesias cristianas al plebiscito con el
impuesto que deberán pagar si es aprobada la reforma tributaria; se burla del
exprocurador Alejandro Ordoñez por haber señalado que la ideología de género
“está encriptada en los acuerdos” y afirma que el interés de los cristianos es
“meter la enseñanza de la religión desde la educación primaria”; luego sostiene
que si el uribismo y sus aliados se inventaron la ideología de género, desde la
otra orilla corresponde denunciar la que sí existe: la “teología de género”,
con la cual pretenden conquistar la presidencia.
La falta de
coherencia y la irresponsabilidad del escrito son tan graves como la
identificación que hace de los seis millones de votos por el “no” con las
sectas cristianas “de garaje”, con el uribismo, con el fanatismo y la mala fe,
mediante el uso de ese artificio conocido como amalgama, al que me referí en
otra nota. Más sorprendente aun es la
acogida de los lectores, expresión de su rabia por haber sido derrotados en las
urnas y de su incapacidad para entender o cuestionar un artículo. De un momento a otro hemos descubierto que
hay dos especies de colombianos absolutamente distintas e irreconciliables o que
no entendemos lo que leemos y que carecemos de autocrítica.
El 8 por
ciento de los ateos colombianos deben entender que la mayoría de los cristianos
son honestos, no comparten las torcidas intenciones de algunas sectas, muchos
(no todos) negaron los acuerdos con argumentos muy serios, defienden una visión
distinta de la familia y la sexualidad a la que tienen los anarquistas y
comunistas; ellos también hacen parte de una organización democrática y su
cultura debe ser respetada como la de los indígenas, las negritudes o la
comunidad LGTBI.
Las guerrillas y sus aliados de la extrema izquierda
representan una religión laica, sin Dios, que recurre a todo tipo de argumentos
y falacias, como todos los partidos, no solo el C.D., para ganar seguidores o
votos. La religión y la política son dos
caras de la misma moneda
No hay comentarios:
Publicar un comentario