Más allá del impacto emocional sufrido por todos los
colombianos por los acontecimientos de los últimos días, tenemos una buena
oportunidad para devolver el rollo o repetir la película y analizar con toda la
serenidad que las circunstancias ameritan lo dicho y hecho en el último
año. ¡Cómo es posible que estemos tan
locos! Todo el mundo nos mira con
asombro pensando, tal vez, que lo que leyeron en García Márquez no era
fantasía; no, Colombia es así.
Una forma de ver el asunto puede ser esta. Dos hombres ambiciosos, ávidos de poder y
paranoicos decidieron casar una pelea y escogieron como tablero de ajedrez toda
una nación. Aunque ambos usaron
instrumentos parecidos para seducir a las masas como los subsidios o la
“mermelada” y se dejaron llevar por las estrategias de Maquiavelo, ninguno tuvo
escrúpulos a la hora de tener que elegir entre el bien de la república y su
insaciable ego.
Por otro lado, una banda de forajidos se movía sin
rumbo por las veredas de la nación, orientada por otro loco, alias “El Médico”,
un esquizofrénico de mirada fría y de afecto plano, quien al entrar en trance
frente una cámara repetía que el marxismo para Colombia no será como el
bolivariano, ni el castrista, ni el ruso, ni el coreano, ni como el
materializado hasta ahora por ningún otro país.
Ni Marx ni Lenin se lo imaginaron.
Como los destinos de la nación estaban en manos de los
locos, la nación entera se contaminó, empezó a delirar y a alucinar. Los “positivos” salían a las calles con los
ojos a punto de salir de sus cuencas a gritar: “ya vienen los “negativos” con
ánimo de seguir la guerra”. Por su
parte, los negativos repetían los mismos argumentos de sus adversarios: son
imbéciles, no han leído los acuerdos, no dicen más que mentiras, que la ira de
Dios caiga sobre ellos.
Fue entonces cuando se organizó una marcha
universitaria por la paz en las grandes ciudades. Y cuando los periodistas se enteraron de que
el 70 por ciento de los participantes no habían votado en el plebiscito que al
presidente se le dio la gana, los muchachos dejaron ver que ellos también
necesitaban un psiquiatra. Al día
siguiente llegó la noticia. En lugar de
declarar a Colombia toda como nefrocomio, los europeos premiaron al presidente
que estaba en cuidados intensivos y agregaron un mensaje que complicó más las
cosas: “sigan así de desquiciados para que puedan encontrar la paz.”
En ese momento, alias “Timochenko” y alias “Iván
Márquez”, que acababan de encender sendos tabacos habaneros regalados por Fidel,
soltaron una carcajada que no para todavía.
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