sábado, 8 de octubre de 2016

TODOS ESTAMOS LOCOS, LUCAS



Más allá del impacto emocional sufrido por todos los colombianos por los acontecimientos de los últimos días, tenemos una buena oportunidad para devolver el rollo o repetir la película y analizar con toda la serenidad que las circunstancias ameritan lo dicho y hecho en el último año.   ¡Cómo es posible que estemos tan locos!   Todo el mundo nos mira con asombro pensando, tal vez, que lo que leyeron en García Márquez no era fantasía; no, Colombia es así.

Una forma de ver el asunto puede ser esta.  Dos hombres ambiciosos, ávidos de poder y paranoicos decidieron casar una pelea y escogieron como tablero de ajedrez toda una nación.  Aunque ambos usaron instrumentos parecidos para seducir a las masas como los subsidios o la “mermelada” y se dejaron llevar por las estrategias de Maquiavelo, ninguno tuvo escrúpulos a la hora de tener que elegir entre el bien de la república y su insaciable ego.

Por otro lado, una banda de forajidos se movía sin rumbo por las veredas de la nación, orientada por otro loco, alias “El Médico”, un esquizofrénico de mirada fría y de afecto plano, quien al entrar en trance frente una cámara repetía que el marxismo para Colombia no será como el bolivariano, ni el castrista, ni el ruso, ni el coreano, ni como el materializado hasta ahora por ningún otro país.  Ni Marx ni Lenin se lo imaginaron.  

Como los destinos de la nación estaban en manos de los locos, la nación entera se contaminó, empezó a delirar y a alucinar.  Los “positivos” salían a las calles con los ojos a punto de salir de sus cuencas a gritar: “ya vienen los “negativos” con ánimo de seguir la guerra”.  Por su parte, los negativos repetían los mismos argumentos de sus adversarios: son imbéciles, no han leído los acuerdos, no dicen más que mentiras, que la ira de Dios caiga sobre ellos.

Fue entonces cuando se organizó una marcha universitaria por la paz en las grandes ciudades.  Y cuando los periodistas se enteraron de que el 70 por ciento de los participantes no habían votado en el plebiscito que al presidente se le dio la gana, los muchachos dejaron ver que ellos también necesitaban un psiquiatra.  Al día siguiente llegó la noticia.  En lugar de declarar a Colombia toda como nefrocomio, los europeos premiaron al presidente que estaba en cuidados intensivos y agregaron un mensaje que complicó más las cosas: “sigan así de desquiciados para que puedan encontrar la paz.” 

En ese momento, alias “Timochenko” y alias “Iván Márquez”, que acababan de encender sendos tabacos habaneros regalados por Fidel, soltaron una carcajada que no para todavía. 


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