Se podría definir la ideología de género como aquella
visión parcializada de las relaciones humanas para favorecer un grupo humano o
lograr determinados beneficios sociales o políticos. Eso significa que puede existir una ideología
de género machista, feminista u homosexual.
En el debate desencadenado por la cartilla elaborada
por la ONU y la organización Colombia Diversa, se llamó ideología de género esa
visión no científica de la organización LGTBI que planteaba, entre otras cosas
discutibles, que la identidad de género se define por la influencia del medio o
de los otros sin consideraciones con la genética o la biología. En ese enfoque
se desconocía la familia y las diferencias culturales o religiosas para dar
prioridad en la educación sexual a la escuela y a los maestros sin plantear la
idoneidad de los mismos.
La ministra Gina Parody y el Presidente Santos negaron
la existencia de la ideología de género y en su lugar hablaron de enfoque de
género, término que también se ha usado en la discusión sobre los diálogos de
La Habana. En estos últimos se habla de
enfoque de género en dos sentidos: uno,
para referirse a la mujer; otro, para referirse a la comunidad LGTBI. Algunos críticos de los acuerdos como el
jurista Rafael Nieto consideran que no se deben conceder privilegios o
prerrogativas a la comunidad LGTBI que no tengan todos los colombianos. Creo que centrar el programa de reparación de
víctimas en la mujer no tiene discusión y es apenas obvio.
Como puede verse, las FARC tratan de aparecer como
defensores de los homosexuales a quienes siempre han perseguido y
asesinado. Además, después de que han tenido en las mujeres como
sus principales víctimas al dejarlas viudas y apartarlas de sus hijos
reclutados, con todo el cinismo del caso repiten muchas veces que los
acuerdos las tienen a ellas como su
centro.
El negociador del Gobierno, Humberto de La Calle
Lombana, dijo hoy que con el enfoque de género no se estaba más que ratificando
la Constitución Nacional, argumento discutible y que lleva a la pregunta: si ya
estaba en la Carta, ¿qué necesidad había de repetirlo? De todas maneras, la utilización de estos
términos, que la mayor parte de la comunidad no entiende, desencadenó una serie
de errores y tergiversaciones en los grupos religiosos especialmente aquellos
con una visión de la sexualidad distinta a la que siempre ha tenido la
izquierda en general y la guerrilla en especial. Como en los acuerdos se trataba de dar gusto
a los guerrilleros en casi todo lo que pidieron y redactaron, las comunidades
cristianas y tradicionalistas no importaron; pero con su voto negativo al
plebiscito respondieron el ultraje.
En toda esta discusión ha surgido lo que se conoce
como “el narcisismo de las minorías”, expresado con agresividad y vehemencia
por la “gamina” de la Alianza Verde en el debate que se le hizo a la ministra
Parody en el Congreso. Toda la discusión
la redujo la grosera parlamentaria a un ataque a la Ministra por su condición
homosexual y a que quienes criticaban la
cartilla estaban violando la Carta y los derechos humanos. Ridículo.
Gracias por las aclaraciones escritas en un lenguaje muy didáctico, aunque persisten muchos interrogantes.
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