martes, 28 de octubre de 2025

Un loco anda suelto

  

Algunas personas prefieren la expresión “orate”, que muchos ciudadanos no comprenden, y por eso es mejor usar la palabra “loco”. Le solicité a la IA un ensayo breve sobre el tema de “Los enfermos mentales graves en la política” y, en resumen, terminó hablando de la importancia de que estos pacientes participen en política, mediante un tratamiento especializado, para evitar su discriminación. Una IA mamerta, seguramente.

Nada dijo de los peligros implicados cuando estos enfermos lleguen al poder sin tratamiento psiquiátrico porque no fueron diagnosticados o cuando la Constitución Nacional no establece un examen de rutina para los gobernantes. La historia está llena de casos terribles desde Nerón, José Fouché, Hitler, Stalin (ídolo de Gustavo Petro), Nicolás Maduro (aunque a veces parece un retardado mental) y muchos más. 

Contamos con una ayuda para analizar nuestro caso porque el loco escribió su vida que, como todas las autobiografías, es su confesión o su historia clínica. Nuestro loco es un paranoico que se cree iluminado por los dioses: “Nunca olvidaré ese momento. Allí (...) tuve una epifanía. Yo no soy ni he sido un practicante; creo en la energía, en la luz que recorre todo el universo, pero en el instante se me vino a la mente (sic) una reflexión profunda (...) Pedí la fuerza para no fallarles a la paz, a nuestro pueblo, a la lucha por la justicia social”.

Aunque no cree en Dios, está convencido de que Él lo escogió para salvar a la humanidad, las galaxias (con agujeros negros incluidos) y a su pueblo. También delira y ha sufrido de complejo de persecución como parte de su paranoia: “Yo era escuálido, pensaba que no iba a resistir las caminatas (de la guerrilla, en la que nunca participó). Fue tanto el pánico que comencé a sentir por (sic) las amenazas invisibles, como ver llegar un camión militar cerca y pensar que venían por mí; hasta se me empezó a caer el pelo a manotadas y comencé a sufrir unas migrañas espantosas (...). Un médico dio con el asunto (...): Eso se llama la enfermedad del soldado”. En términos actuales, eran ataques de pánico. (Los paréntesis son míos).

Resumiré algunos de sus signos y síntomas. Como los esquizofrénicos, nuestro loco vive en una “realidad” personal diferente a la colombiana. Si bien, sus seguidores lo votan precisamente por eso con la ilusión de que es un mago capaz de crear otra “realidad”, la que ellos sueñan, cargada de regalos, subsidios, empleo para todos y servicios públicos gratuitos, algo nunca realizado en país alguno. 

Otro síntoma que identifica a los enfermos mentales graves: no tiene autocrítica. Es decir, nunca se retracta de sus barbaridades, jamás cree estar equivocado, miente y derrocha cinismo en cada mensaje. Se cree economista, filósofo, experto en trenes aéreos y conocedor de los avances tecnológicos de la medicina que se aplican a muy bajo costo. Si lo ven por ahí, avisen a las autoridades sanitarias, no sea que se escape para vincularse a Hamás, la organización terrorista.

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