Los seres humanos tenemos la tendencia a jugar con códigos o lenguajes que son incompatibles. Son códigos diferentes la religión, la ciencia, disciplinas como la economía o las humanidades y las ideologías políticas. Entre estas últimas hay diversos lenguajes: el comunista creado por Carlos Marx, la hegemonía identitaria de Ernesto Laclau, la izquierda posmoderna de Gilles Deleuze y la izquierda romántica de Pancho Villa. Gustavo Petro mezcla todos esos códigos aprovechando la poca información de sus seguidores.
En las palabras de Deleuze y Guattari, ese fenómeno de saltar de un lenguaje a otro se llama “desterritorialización”. No es lógico utilizar el lenguaje humano para referirnos a Dios; es absurdo, como hacen todos los populistas, mezclar en un mismo discurso la ideología de izquierda con religión, la democracia o la ciencia. No es sensato desterritorializarnos, aunque eso hacemos cada vez que hablamos. Es absurdo combinar la lógica matemática de la mecánica cuántica con la espiritualidad del alma.
El código del Pacto Histórico y de Gustavo Petro, por ejemplo, es un lenguaje completa y permanentemente desterritorializado. Por eso, los discursos de Petro solo llegan a personas mal informadas, la mayoría sin preparación académica y sin la capacidad de diferenciar los diversos códigos. Mucho más grave aún es la imposibilidad de encasillar al aspirante a dictador en una ideología, doctrina, narrativa o estructura mental. Su discurso no obedece a un solo código debido a sus graves trastornos mentales, su cinismo o a sus delirios y a su cultura folletinesca.
Para Petro es imposible regirse por un solo código o libreto, sea el Derecho y la Constitución Nacional, la democracia, la moral o las buenas costumbres. Los criminales dejan de delinquir si se les da amor o un millón de pesos cada mes; las relaciones sexuales entre padres e hijos deben ser despenalizadas; los niños tienen derecho a escoger su género sexual, aunque eso sea inmoral. Los locos confunden todos los lenguajes.
El “pueblo” de los dictadores de izquierda o de derecha es un significante vacío al que ellos atribuyen un significado acomodado a sus desvaríos; es el “pueblo” de los ingenuos que han sido adoctrinados por los charlatanes maestros del colegio y la universidad. ¿Qué van a entender de democracia los indígenas que nunca tuvieron un Estado y que son manipulados por sus caciques y dirigentes vendidos al mejor postor? ¿Qué puede entender de economía los campesinos adoctrinados por la iglesia y que fácilmente acomodan las sagradas escrituras a las falacias del populista? Términos como “pueblo elegido”, “redentor”, “paz total” o “un cielo en la tierra”, “caridad” o “subsidios”, entre otros elementos, facilitan la confusión del código religioso con el populista.
“La ciencia responde cada vez más a preguntas que solían formar parte de la religión”, escribió Stephen Hawking y agregó: “la ciencia proporciona respuestas mejores y más consistentes, pero las personas siempre se aferran a la religión, porque proporciona consuelo y porque no confían ni entienden la ciencia”.
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