martes, 24 de junio de 2025

El cinismo de la izquierda

 

Con frecuencia me pregunto cuál es más cínico, si Gustavo Petro o Claudia López, pero es difícil definirlo. De Claudia recuerdo su participación en las marchas de la Primera Línea, al lado de los encapuchados terroristas, dos o tres semanas antes de su posesión como alcaldesa de Bogotá, a lo que el mismo Petro ni su hija Sofía se atrevieron Por aquellos días, Claudia les habló a los encapuchados financiados por las guerrillas, la izquierda internacional, organizaciones criminales y Gustavo Bolívar del Pacto Histórico, palabras más o menos: “no se preocupen por el daño que le hacen a Transmilenio porque eso se paga con impuestos”. El cinismo absoluto de una alcaldesa. 

Con toda razón Felipe Zuleta dice de ella que tiene un comportamiento “gaminesco. Tuvo la desfachatez de entrometerse en la multitudinariaMarcha del Silencio en la que recibió todo tipo de abucheos: “fuera Claudia”, “oportunista”, “fuera, fuera”. Luego escribió en X: “Acompañamos la #MarchadelSilencio en Bogotá y la rabia está a flor de piel. Comprensible (...) Este país y sus calles son de todos (...)”. La rabia era contra ella y contra la violencia que ella y Petro sacralizan y respaldan. 

Del cinismo de Gustavo Petro no es necesario hablar porque, como toda la Nación sabe, cada uno de sus discursos es más cínico que el anterior. 

En palabras de Slavoj Zizek, citando a Jacques Lacan, “El cínico asume una posición objetiva imposible sobre sí mismo”. Una alcaldesa no puede decir que no le importan que la Primera Línea destruya el sistema de transporte de su ciudad; no se pueden identificar las marchas de la derecha con las de la izquierda.  

Las marchas terroristas de Izquierda son pagadas por bandas criminales y el Gobierno; la minga es organizada y pagada con dineros del erario; su objetivo es sembrar el terror, atacar la fuerza pública para obtener grabaciones o video que luego son editados para desprestigiar los gobiernos democráticos como el de Iván Duque; los funcionarios públicos son obligados a participar en las manifestaciones ridículas que apoyan al exguerrillero 

En cambio, la derecha y la oposición no pagan a sus seguidores por asistir a las manifestaciones, no amenazan, permiten el tráfico regula de vehículosr, no se ocultan bajo una capucha; sobresale la participación religiosa porque los cristianos luchan pacíficamente por su identidad que la izquierda posmoderna quiere anular, de la misma forma que intenta acabar con las identidades de género, la nacionalidad y la familia. Son las mismas banderas que defienden Giorgia Meloni y la derecha mundial.     

El cinismo parece un defecto de toda la izquierda, y sus comentarios sobre La gran Marcha del silencio lo dejaron manifiesto. Roy Barreras y Petro intentaron apropiarse de la manifestación; Gustavo Bolívar dijo: “Fue la marcha de la intolerancia y el oportunismo”. Y Petro: “Es un pueblo unido por la paz”. Imposible ser más cínico. Guillermo Alfonso Jaramillo, Carolina Corcho y Armando Benedetti compiten por la medalla de plata del cinismo. Petro es el campeón. 

martes, 17 de junio de 2025

Dime qué lees y te diré quién eres


Esta columna ha tenido con frecuencia una influencia filosófica, necesaria para entender el mundo de hoy, en particular los gobiernos románticos y populistas como los que hoy hacen tanto daño a Cuba, Venezuela, Nicaragua, México y, por supuesto, a Colombia. Por eso, en la revisión diaria de la opinión de diversos periódicos colombianos, me interesó en El Espectador una columna titulada ¿Para qué sirve la filosofía?, publicada el 13 de junio de este año.

La columna citada no responde a la pregunta y, más bien, se dedica a comentar la ignorancia generalizada sobre la muerte. El columnista desconoce los avances aportados por la ciencia en este campo que han ocupado el interés de los filósofos desde el siglo XVII y lograron un inmenso desarrollo en el siglo pasado gracias a los aportes de la lingüística y la semiología. Entre los grandes estudiosos de estos temas debo citar a Martín Heidegger, Ferdinand de Saussure, Claude Lévy-Strauss y el genial Jacques Lacan.

En el campo de la neurología, aprendimos mucho de un accidente sufrido por un trabajador ferroviario llamado Phineas Gage al que una barra de hierro le atravesó la corteza cerebral prefrontal y la corteza orbitofrontal izquierdas. El resultado fue el cambio completo de la moral y el comportamiento de Phineas a tal punto que su mujer se divorció. Aunque el Nobel de Fisiología y Medicina, Erich R. Kandel enfatiza los cambios morales del hombre, es evidente que empezó a ser “otro” después del accidente. 

En el campo de la ciencia, es importante citar el libro del neurólogo colombiano Rodolfo Llinás, El cerebro y el mito del yo (2003), sobre la inexistencia del yo o del sujeto de la especie humana. En consonancia con estos avances científicos, la lingüística y el psicoanálisis de Lacan marcaron todo el pensamiento filosófico del siglo pasado. Puedo afirmar que la filosofía del siglo XX fue una discusión sobre el psicoanálisis y el marxismo. El primero, renovado por Lévy-Strauss y Lacan; el segundo, no solo fue cuestionado por grandes académicos como Karl Popper sino que también fracasó en la URSS y China, aunque los mamertos colombianos no se enteraron, probablemente porque viven muy mal informados.

El sujeto no existe; el “ser” humano no muere, pero sí su cuerpo; se borra el algoritmo que nos define y que tenemos gravado en el cerebro. No hay nada después de la muerte. La creencia de que somos sujetos se determina por el lenguaje que nos lleva a vivir en un mundo simbólico conformado por las doctrinas, ideología o narrativas en las que los otros y los libros nos obligan a creer. 

Ahora bien, si agregamos los descubrimientos de la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad confirmamos lo anotado. Vivimos en el espacio-tiempo relativo y en un mundo constituido por energía y materia. Antes del Big Bang no había espaciotiempo ni energía. Por eso no podemos hablar de eternidad. Dime qué lees y te diré quién eres.

miércoles, 11 de junio de 2025

Jugando con los códigos

 

Los seres humanos tenemos la tendencia a jugar con códigos o lenguajes que son incompatibles. Son códigos diferentes la religión, la ciencia, disciplinas como la economía o las humanidades y las ideologías políticas. Entre estas últimas hay diversos lenguajes: el comunista creado por Carlos Marx, la hegemonía identitaria de Ernesto Laclau, la izquierda posmoderna de Gilles Deleuze y la izquierda romántica de Pancho Villa. Gustavo Petro mezcla todos esos códigos aprovechando la poca información de sus seguidores. 

En las palabras de Deleuze y Guattari, ese fenómeno de saltar de un lenguaje a otro se llama “desterritorialización”. No es lógico utilizar el lenguaje humano para referirnos a Dios; es absurdo, como hacen todos los populistas, mezclar en un mismo discurso la ideología de izquierda con religión, la democracia o la ciencia. No es sensato desterritorializarnos, aunque eso hacemos cada vez que hablamos. Es absurdo combinar la lógica matemática de la mecánica cuántica con la espiritualidad del alma. 

El código del Pacto Histórico y de Gustavo Petro, por ejemplo, es un lenguaje completa y permanentemente desterritorializado. Por eso, los discursos de Petro solo llegan a personas mal informadas, la mayoría sin preparación académica y sin la capacidad de diferenciar los diversos códigos. Mucho más grave aún es la imposibilidad de encasillar al aspirante a dictador en una ideología, doctrina, narrativa o estructura mental. Su discurso no obedece a un solo código debido a sus graves trastornos mentales, su cinismo o a sus delirios y a su cultura folletinesca.  

Para Petro es imposible regirse por un solo código o libreto, sea el Derecho y la Constitución Nacional, la democracia, la moral o las buenas costumbres. Los criminales dejan de delinquir si se les da amor o un millón de pesos cada mes; las relaciones sexuales entre padres e hijos deben ser despenalizadas; los niños tienen derecho a escoger su género sexual, aunque eso sea inmoral. Los locos confunden todos los lenguajes. 

El “pueblo” de los dictadores de izquierda o de derecha es un significante vacío al que ellos atribuyen un significado acomodado a sus desvaríos; es el “pueblo” de los ingenuos que han sido adoctrinados por los charlatanes maestros del colegio y la universidad. ¿Qué van a entender de democracia los indígenas que nunca tuvieron un Estado y que son manipulados por sus caciques y dirigentes vendidos al mejor postor? ¿Qué puede entender de economía los campesinos adoctrinados por la iglesia y que fácilmente acomodan las sagradas escrituras a las falacias del populista? Términos como “pueblo elegido, redentor, paz total o un cielo en la tierra, caridad o subsidios, entre otros elementos, facilitan la confusión del código religioso con el populista  

“La ciencia responde cada vez más a preguntas que solían formar parte de la religión”, escribió Stephen Hawking y agregó: “la ciencia proporciona respuestas mejores y más consistentes, pero las personas siempre se aferran a la religión, porque proporciona consuelo y porque no confían ni entienden la ciencia.