martes, 20 de mayo de 2025

El futuro de la iglesia (2)


Propuse en mi columna anterior el origen de la iglesia católica (siglo V) y la Reforma protestante (siglo XVI) como acontecimientos fundamentales en la historia del cristianismo para analizar el futuro de la que sigue siendo la iglesia mayoritaria en América Latina. En esta nota discutiré la Reforma luterana no sin antes hacer una rápida referencia a sus antecedentes. 

Aunque el siglo X fue el más corrupto en la historia del papado, los siglos siguientes se caracterizaron por acciones no santas como la guerra de las investiduras o la confrontación de las monarquías; las cruzadas de los siglos XIII y XIV fracasaron casi todas en su intento por recuperar los lugares sagrados de Jerusalén dominados por los musulmanes desde el siglo VII.  

Con el Renacimiento y el surgimiento de sectas cristianas herejes, como los cátaros, aparecieron críticos del dogma en el interior de la iglesia entre los cuales se destacan Jan Hus, John Wycliffe y Girolamo Savonarola. El primero fue condenado a la hoguera en 1415 por el concilio de Constanza, el segundo murió mientras enfrentaba el juicio de la Inquisición, y el último también fue condenado a la hoguera en Florencia, Italia. 

En una columna reciente conté la historia del humanista Poggio Bracciolini (funcionario de la curia romana durante el pontificado del corrupto papa Juan XXIII condenado por el concilio de Constanza) quien descubrió en una biblioteca el libro de Tito Lucrecio Caro (c. 99 a. C. c. 55 a. C.), De rerum natura o La naturaleza de las cosas, que contribuyó a cambiar la historia de Occidente, a iniciar la modernidad y a mostrar la decadencia de la iglesia o lo que Nietzsche llamaría “la muerte de Dios”. 

Con esos antecedentes, el monje Martín Lutero inició en 1517 la Reforma protestante, una crítica a la religión católica inspirada en una nueva interpretación de las sagradas escrituras. Entre sus principios teológicos tenemos la predestinación (unos humanos están destinados por Dios al cielo y otros al infierno); solo la gracia de Dios nos puede salvar; la relación con Dios es personal y por eso no es necesario el clero; cada creyente es libre para interpretar la Biblia. 

Como Lutero tuvo el apoyo de gobernantes prusianos cansados de los impuestos y el poder de la iglesia, la Reforma triunfó; aparecieron otros reformadores como Calvino; la contrarreforma de la iglesia ratificó sus dogmas; las guerras entre católicos y protestantes se prolongaron hasta 1648. Pocos años después apareció Baruch Spinoza, un judío seguidor de Lucrecio y autor de una crítica demoledora de las religiones y que mantiene su influencia en los grandes filósofos contemporáneos. (Recomiendo los vídeos de YouTube sobre Spinoza).  

El poder reside en el lenguaje. Las ideologías religiosas y políticas no se enseñan, se nos obliga a creer en ellas cuando somos niños o adolescentes. Internet hará que tales ideologías continúen en decadencia. Es el fin de los grandes relatos religiosos y políticos. El desafío del papa León XIV es enorme. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario