martes, 4 de marzo de 2025

El problema del ser

  

El padre Alberto Linero y varios columnistas de prensa se han referido al problema del ser. El asunto es difícil, dada la pésima formación recibida por los colombianos en las clases de filosofía. Creo no exagerar si digo que todos los profesores de filosofía en secundaria deben ser destituidos y que el programa debe ser actualizado para que entendamos el problema del ser, nuestra cultura y la ideología de izquierda. 

Todos sabemos que el padre Linero renunció a sus funciones sacerdotales y que eso significa, en términos religiosos, que su condición de sacerdote no la perderá porque él “es” sacerdote, es decir, el sacerdocio no es un accidente, sino algo esencial, que no se modifica. En una perspectiva no católica, eso no es así porque el sacerdocio es una identidad que se pierde o se puede cambiar como cualquiera otra. Por más que usted sea un fanático petrista, puede cambiar de partido (identidad). Nadie es petrista eternamente, aunque algunos son tan fanáticos y ciegos que parecen esencialmente mamertos. Ser, esencia” y “real” y “presencia’ son sinónimos. 

El padre utilizó en sus intervenciones en Blu-Radio una expresión que coincide con la doctrina de la Iglesia: “El ser y el hacer tienen que estar alineados”. La condición de ser permanece, nos constituye, no cambia y, por tanto, lo que hacemos debe corresponder con lo que somos. Si eres cristiano o de izquierda, tu comportamiento tiene que esta alineado con esas identidades pues, de lo contrario, no eres un auténtico cristiano o mamerto. Eso tampoco es cierto: nos obligaron a creer en esas ideologías en la familia o en el colegio. Nos obligaron porque no nos explicaron otras opciones y puedes cambiar esas identidades. 

El eminente jurista Hans Kelsen se manifiesta en oposición a la tesis del padre: “No existe un puente entre el ser y el deber ser”. Corresponde a una visión moderna del derecho aplicable también a la moral. Cuando el Congreso establece que una conducta es un delito (deber ser), no lo hace porque vaya contra la ley de Dios, o contra algo “real o un ser. Y el autor de un crimen no “es” un delincuente.  

El Congreso tiene ese poder de definir qué conducta es delito. El carácter de delincuente es una etiqueta o identidad que el juez aplica a quien quebrantó una norma; no es” un delincuente porque esa conducta puede dejar de ser delito si así lo decide el Congreso, o el individuo no fue juzgado o no volvió a delinquir. “Si una conducta que se consideraba delito, dejamos de llamarla delito...”, decía el chistoso Petro. 

El principio kelseniano deja sin fundamento la moral del Derecho Natural de la Iglesia. La homosexualidad está prohibida en la Biblia (deber ser), y es pecado porque va contra la naturaleza humana (ser). Norma inaceptable en el Código Penal y en nuestra cultura moderna y democrática de los derechos humanos. No hay un puente entre el ser (la naturaleza humana) y el deber ser (no debes ser gay). 

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