Un concepto muy difundido por los pensadores posmodernos es “no hay nada natural en el hombre”. El concepto tiene su origen en la visión del psicoanálisis desarrollada por Jacques Lacan (1901- 1981), según la cual, la realidad humana está conformada por tres registros, lo Real, lo imaginario y lo simbólico. Lo Real es lo no simbolizado, el mundo del crío humano antes de ingresar al mundo simbólico, es decir, antes de aprender a hablar. El lenguaje nos humaniza y, por tanto, lo que hay antes, lo natural, no hace parte de lo humano, no hay nada natural en el hombre.
Quedémonos con esa idea básica porque para comprender el contexto necesitamos un curso de un semestre. Por ahora observemos que allí está la base teórica del enfoque de género cuando sostiene que la identidad de género es cultural o impuesta por la sociedad patriarcal y machista, como si la biología, lo Real o la naturaleza no hiciera parte de la condición humana.
En la facultad de medicina no me contaron la historia o la investigación que voy a relatar. Cuando nace un bebé, la glándula pituitaria o hipófisis empieza a producir grandes cantidades de oxitocina, la hormona del amor, en la madre; algo similar sucede en el padre desde el primer momento maravilloso en que recibe a su hijo en los brazos. Eso mismo sucede en los padres adoptivos, aunque sean homosexuales o transgéneros.
Hace pocas semanas nació un bebé en Pereira. Algo increíble sucedió con su perrita: sus tetas se llenaron de leche como si la naturaleza del animal previera que hay un nuevo crío para alimentar. Eso lo sabían los antiguos que crearon el mito de Rómulo y Remo amamantados por una loba. Entonces el mito de que no hay nada natural en el hombre pierde toda validez.
La importancia de la oxitocina es mucho más grande. Estudios realizados por la doctora Helen Fisher, en la Universidad de Nueva York, y que fueron explicados en un libro titulado Por qué amamos, concluyeron que una serie de mediadores químicos cerebrales y hormonas predominan en el período del enamoramiento, la pasión o “la traga” durante los primeros cinco años para luego disminuir a sus niveles corrientes o normales. Desde entonces la oxitocina se convierte en el soporte del amor de la pareja. Por eso es la hormona del amor. Es como si la madre naturaleza estuviera interesada en mantener unida a la pareja al menos mientras el bebé está preparado para defenderse por sus propios medios o haya ingresado a la sociedad humana por medio del lenguaje.
Para mostrar que la naturaleza o lo Real sigue influyendo en el campo de lo simbólico, Jacques Derrida utiliza la expresión “huella”: la naturaleza “apenas deja una huella (ni un signo, un significante, ni nada que pueda decir “presente o “ausente”, sino una “huella)”. En la identidad de género simbólica o cultural queda una huella de la biología, de lo Real o de la naturaleza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario