lunes, 28 de agosto de 2023

La enfermedad del Presidente


Varios columnistas hemos dudado de la salud mental del presidente Petro porque conocemos sus memorias y por los numerosos síntomas y signos clínicos que revela. En la página 62 de sus memorias relata Petro sus síntomas emocionales o psiquiátricos que un médico diagnosticó como la enfermedad o síndrome del soldado: delirios o síntomas paranoides (“ver llegar un camión militar cerca y pensar que venían por mí”), caída del cabello, ataques de pánico, “comencé a sufrir unas migrañas espantosas”. Todos sus síntomas se debían, según él, al temor de formar parte de los grupos guerrilleros del M – 19 del sur del país.

 

El hecho de ser presidente de la República, con sus numerosos fracasos y errores, las denuncias de su hijo y de Armando Benedetti, el suicidio de uno de los oficiales de confianza, el escándalo de Laura Sarabia y la confrontación permanente con la Fiscalía, altas cortes, Procuraduría, medios o gremios económicos, y los resultados adversos de sus programas, son eventos mucho más graves que el terror de tomar un fusil. Es de sentido común suponer que su estado mental no es el mejor para la gran responsabilidad que asumió sin preparación.

 

Los defensores de Petro ignoran que muchas enfermedades mentales graves, como la esquizofrenia simple, la psicopatía, el borderline o el narcisismo, pasan desapercibidas para los no expertos y, mucho más, para quienes viven la militancia en un partido como un culto o una secta religiosa y consideran a su líder un mesías, lo cual es manifiesto en los comentarios de los petristas en redes sociales y en la W Radio.  

 

El caso del psicópata o antisocial es particularmente significativo porque el 1 por ciento de los ciudadanos son psicópatas y porque pasan desapercibidos para sus familiares. En su familia puede haber un psicópata y usted no se ha dado cuenta. Por eso resultan ridículas las defensas de la salud mental de Petro presentadas por su ministro del interior y la muy inculta María José Pizarro.

 

Entre los síntomas mentales de Gustavo Petro que todos los colombianos vemos en sus acciones diarias sobresalen: miente continuamente, no tiene autocrítica o no reconoce sus errores, culpabiliza a otros de sus fallas, delira permanentemente; se cree un hombre especial que va a salvar el mundo de su destrucción y a Colombia de los abusos de la mitad de los colombianos que no votamos por él (mafiosos, blanquitos, autores de los falsos positivos); es mitómano, con delirios de grandeza y de persecución, cínico, confunde sus fantasías con la realidad; es incumplido como si los otros no merecieran ningún respeto; es amoral como su campaña que “corrió las líneas de la ética”.

 

Si Gustavo Petro tuviera autocrítica y estuviera convencido de su salud mental, aceptaría un examen médico-psiquiátrico que le piden algunos partidos; pero como no está obligado, nunca lo aceptará. Se acaba de presentar un proyecto de ley en el Congreso que obliga al presidente a realizarse un examen médico cada año. 

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