miércoles, 23 de agosto de 2023

La banalidad del mal

 


Hannah Arendt (1906 – 1975) era una filósofa judía alemana, discípula de Martín Heidegger, uno de los pensadores más influyentes del siglo XX. Se hizo famosa porque presentó un informe muy controvertido para un periódico norteamericano sobre el juicio que se hizo en Jerusalén al nazi Adolf Eichmann en 1961 por su participación en el genocidio de varios millones de judíos durante la Segunda Guerra mundial (1939 – 1945).

De su análisis concluyó que el mal es una asunto intrascendente, insignificante o banal cuando es hecho por un don nadie, un ser humano que no piensa, absolutamente controlado por un líder como Adolfo Hitler o por su ideología. El don nadie es el hombre masa o masificado, que no piensa por sí mismo, según Ortega y Gasset. Para Heidegger, el don nadie es el “uno”, sin autenticidad, el alienado en el mundo y sin atributos.

La joven filósofa francesa Simone Weil, apodada “la Roja” por su vinculación temporal a la izquierda, había expresado la misma idea en 1937. Quien participa en una guerra civil como la española (1936 – 1939) o en una guerra por el poder se vuelve cómplice de asesinatos sin sentido, indiferente a la brutalidad desenfrenada. Es cuando cualquiera piensa que puede matar sin arriesgarse a sufrir un castigo o sin merecerlo; cuando no hay nada más natural que matar o cuando los seres humanos no tienen ningún valor. Es la banalidad del mal en la mente de un sicario o un guerrillero.

Veamos algunas razones de Hannah para llegar a esa conclusión: Eichmann renunció a sus cualidades humanas como si nada quedara en él que pudiera ser castigado o perdonado; jamás había hecho nada por iniciativa propia; aseguraba que solo había obedecido órdenes. La mayor maldad en el mundo es la que cometen los “don nadie”, seres sin convicciones, sin motivo alguno, sin ambiciones, sin intenciones malévolas; no piensan, sin moral, que se rehúsan a ser personas. A eso lo llamó Hannah “la banalidad del mal”.

Hice la investigación para esta columna en varios textos y en la película Hannah Arendt, La banalidad del mal, que se puede encontrar en la tienda de Apple TV. Si ella pudiera venir hoy a Colombia, habría encontrado una ratificación de su tesis en el Acuerdo de Paz, la paz total y la renta de los criminales pagada con nuestros impuestos. Solo un don nadie puede abusar del poder que le da la Carta Política para humillar a una Nación de esa forma tan infame.

Solo un don nadie es capaz de apartar un niño o niña de su familia para convertirlo en un criminal o en objeto sexual; puede asesinar a sangre fría a un campesino para presentarlo como un guerrillero muerto en combate; masacrar a un grupo de campesinos porque son colaboradores de la guerrilla, y solo un don nadie puede aceptar como un dogma el discurso de un líder medio loco como Hitler, Nicolás Maduro, Daniel Ortega o Gustavo Petro.

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