martes, 18 de abril de 2023

La izquierda identitaria

 

“La identidad es la gasolina del separatismo, y el separatismo es la identidad de nuestro tiempo”.

La cita es de la española Cayetana Álvarez de Toledo. El proyecto separatista de Cataluña es apoyado por la socialdemocracia del presidente Pedro Sánchez y por el chavista partido de Pablo Iglesias, Unidas Podemos. Para hacer una analogía con nuestro país, recordemos los afanes de independencia del departamento de Antioquia. Catalanes y paisas no quieren pertenecer a sus respectivos países porque se creen diferentes, tal vez mejores, que quienes han sido sus compatriotas.

La extrema derecha nazi de Adolfo Hitler también se fundamentó en un movimiento separatista e identitario que pregonaba la pureza de la raza aria alemana y despreciaba a los otros pueblos por pertenecer a razas “degeneradas” e “impuras” como los judíos y gitanos. Eso es un mito. Los arios llegaron a la India desde el norte y también colonizaron el próximo oriente y Europa. Las razas no existen. Todos procedemos de África, o de Lucy, nuestro antepasado animal común de hace más de un millón años.

Ahora bien, las identidades nacionalista, religiosa, política o de cualquier otro tipo las recibimos de la comunidad en que nacemos, pero pueden cambiar. Por ejemplo, cuando un joven colombiano va a la universidad recibe un adoctrinamiento que lo lleva a renunciar a sus identidades de cristiano y demócrata para convertirse en ateo e izquierdista. Un cristiano, un indígena, un izquierdista, un feminista o un ecologista pueden dejar sus identidades y cambiarlas por otras.

Como el movimiento nazi de extrema derecha, la izquierda latinoamericana y de lo políticamente correcto, también se fundamenta en identidades separatistas. Como lo he expresado en otras columnas, el socialismo o comunismo ya no tiene, como soporte de su lucha, la clase proletaria o de los asalariados de la primera revolución industrial que conocieron Carlos Marx y Federico Engels en el siglo XIX. La izquierda no entiende que estamos en la cuarta revolución industrial.

Indígena, feminista con enfoque de género, ecologista de izquierda y la primera línea son identidades que desprecian nuestras instituciones democráticas de los derechos humanos. Son separatistas que no quieren ser colombianos como los catalanes no quieren ser españoles. Esas identidades son fabricadas por la izquierda e impuestas mediante un proceso de adoctrinamiento político en colegios, universidades, redes sociales y medios de comunicación con el único fin de tomar el poder y establecer una dictadura.

El mapa del resultado de las últimas elecciones nos señaló los territorios identitarios que apoyaron a Petro en la periferia, donde la democracia no ha podido cuajar, hay mayor impunidad y se vulneran más los derechos humanos. En cambio, el gran centro antipetrista es más demócrata e incluyente.

¿Representa un miembro de la comunidad LGBTIQ+, que incendia iglesias, a los católicos? ¿Un indígena defenderá los derechos de los propietarios de tierras no indígenas en el Congreso? ¿Un guerrillero violador de niños es garantía para los derechos de los niños? La política identitaria de la izquierda es antidemocrática y neonazi.

martes, 11 de abril de 2023

El acontecimiento

 

En el texto Por qué amamos (2004), la doctora Helen Fisher investiga los determinantes biológicos del enamoramiento, esos mediadores químicos cerebrales y las hormonas que condicionan la pasión inicial del amor y que luego son remplazados por una hormona, la oxitocina, que soporta la relación amorosa por años más.

Sin embargo, hay un vacío en su estudio, un elemento que la química no explica y que Fisher llama “inconsciente”: algo irracional, banal o azaroso en el otro que nos enamora. Esa es la trama de la novela La insoportable levedad del ser (1984), del checo Milan Kundera. Las cosas más importantes de la vida suceden por azar; la “realidad” es algo efímero, leve y absurdo.

La política, como el amor, se define por acontecimientos, por el encuentro de múltiples eventos intrascendentes, banales e imprevisibles, no por la historia de la cultura o el desarrollo de los modos de producción como se imaginaba Carlos Marx.

En política, el acontecimiento se llama “momento maquiaveliano”. Recordemos que Nicolás Maquiavelo era el asesor de César Borgia, el hijo del papa Alejandro VI y comandante del ejército del Vaticano en los primeros años del siglo XVI. Maquiavelo es considerado el padre de la política, entre otras cosas, porque vio en César Borgia, una mejor explicación del poder, no condicionado por la historia o la herencia, como en la monarquía, sino por la coincidencia de una serie de circunstancias o encuentros fortuitos. César era un don nadie que inició el proyecto de unificar a Italia que se concretaría siglos después entre 1848 y 1871.

De la misma forma, Francia Márquez no es nadie para que ahora sea la vicepresidente de Colombia. Su comportamiento y su mentalidad infantil hacen presumir que tiene un retraso mental y que miles de mujeres colombianas tienen muchos más méritos y títulos para ocupar ese cargo. Su elección fue un accidente o la confluencia de una serie de eventos desafortunados para nuestra Patria.

Con Gustavo Petro sucedió algo similar: un guerrillero mediocre sin ideología; sin preparación académica, excepto un curso de ecología “de más o menos un año” en la Universidad de Lovaina y algunos semestres de economía en Los Andes antes de ingresar al M-19 en 1978; un desastre como administrador y con una patología mental manifiesta. Un don nadie como César Borgia, el chofer de bus Nicolás Maduro, el neofascista y exguerrillero Daniel Ortega o el maestro de escuela Pedro Castillo.

Una serie de encuentros fortuitos llevaron a Petro y a Francia Márquez al poder: la pandemia que nos confrontó con la muerte, las redes sociales sin ética, la ignorancia del pueblo, la crisis de la democracia, el adoctrinamiento marxista en colegios y universidades, la corrupción de nuestra política, la mediocridad del Uribismo (esperanza de nuestra democracia) y la campaña sucia de la izquierda contra su líder, etc. Un acontecimiento, un accidente, el caos, suerte y la insoportable levedad del ser determinan nuestras vidas, el amor, la política y nuestra historia.