Hace un
lustro comenté a Gustavo Petro en Twitter mi extrañeza por el título de su
movimiento político, la Colombia Humana, porque insinuaba que quienes no militábamos
allí éramos inhumanos. Además, ese título tenía una connotación idealista,
ajena al materialismo de izquierda que el mismo Petro parecía representar.
La democracia
burguesa se fundamenta en la persona humana y en el afán de reconocimiento de su
dignidad y sus derechos sin tener en cuenta las características del ciudadano
como el color de su piel, religión, género, sexo u opiniones, algo
completamente contrario a la lucha de clases y al materialismo que ha postulado
el marxismo desde el siglo XIX. Obviamente la respuesta del agresivo candidato
no se hizo esperar: insulto y bloqueo.
Su reacción
no me pareció extraña pues recordé una declaración de Lucho Garzón, camarada de
Petro: “Tiene uno que ser muy malo para ser de derecha”. También, recordé a
Jaime Dussán, el líder de FECODE que usó el sindicato para gozar hoy de una
pensión de $ 35 millones y quien se refería a los Estados Unidos como “Satanás”,
la misma expresión utilizada por Hugo Chávez para referirse al presidente de
esa nación en la ONU.
Todo lo
anterior está muy relacionado con el debate nacional en torno a la aspirante a
la vicepresidencia de la República, Francia Márquez, quien ha recibido insultos
por el color de su piel de personas no representativas de la Nación. No le doy
importancia a esa discusión a pesar de que mi padre era negro, de que heredé de
mi madre rasgos indígenas y recibí el apellido de los judíos sefardíes que
usaron las carabelas de Colón para huir de la persecución de los Reyes
Católicos de España.
La mayoría de
los colombianos somos mestizos. Un negro que odia las instituciones
democráticas porque los socialistas le enseñaron una historia tergiversada, no
puede representar a los colombianos. Lo mismo aplica para un blanco que odiase
a los negros, a los indígenas o nuestra organización social. Un estudiante,
como Gabriel Boric, presidente de Chile y terrorista de la Primera Línea, no
puede ser presidente de Colombia independientemente del color de su piel.
Es indigno de
pertenecer al Congreso quien, como Gustavo Bolívar, ayude al ELN, al
narcotráfico y al asesino Vladimir Putin a financiar la Primera Línea que ahora
ataca iglesias, aunque su piel sea trigueña o negra. Un blanco, que confunda “millones”
con “billones” y que para repetir el libreto que le ordenaron tenga que
llevarlo anotado, no merece aspirar a la vicepresidencia; tampoco si es negro o
mestizo.
El racismo,
el feminismo de lesbianas y transgéneros, los derechos humanos, el indigenismo,
la ecología y la victimización son algunas de las coartadas usadas por el
marxismo de lo políticamente correcto, importado de Estados Unidos y aprendido
por los intelectuales de las ciencias sociales de nuestras universidades para
ganar elecciones mediante el fraude luego del fracaso de sindicatos y
guerrillas como sujetos revolucionarios.
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