martes, 19 de abril de 2022

Los errores de la Corte

 


La negación de la diferencia de los géneros sexuales es el camino a las perversiones. Cuando la Corte Constitucional decide que la elección de género es una acto absolutamente caprichoso o libre, está convirtiendo nuestra Constitución Nacional en el libreto de todo tipo de perversiones sexuales y está negando toda posibilidad de convivencia entre los ciudadanos.

Ese sujeto que puede cambiar caprichosamente de identidad de género cada ocho días es un perverso. O un farsante, que busca un beneficio como adelantar su edad de jubilación si es un varón que decidió “libremente” ser una mujer.

Ese sujeto perverso que postula nuestra Corte tiene otros nombres: sujeto proteico, cambiante o fluido. Es el mismo sujeto del enfoque de género marxista inventado por la filósofa norteamericana Judith Butler en su texto El género en disputa, citado y plagiado por la mayoría de las representantes lesbianas o transgéneros del feminismo radical.

Dice Slavoj Zizek: “La teórica paradigmática de esta nueva forma de subjetividad es Judith Butler, y aunque insiste en su carácter “subversivo”, resulta fácil demostrar que dicha subjetividad, que rechaza cualquier identidad fija y está obsesionada con una permanente y traviesa reinvención discursiva, encaja perfectamente con la sociedad consumista y mercantilizada contemporánea”. Es decir, los perversos ya existen en la sociedad capitalista, pero el marxismo y nuestra Corte buscan convertirlos en modelos universales.

El sujeto que puede cambiar de género cada vez que se le ocurra es el mismo de las madres que pueden interrumpir su embarazo cuando quieran hasta la semana 24, a no ser que esté cobijada por una de las tres causales que lo permiten en cualquier tiempo, inclusive cuando el niño es completamente viable, lo que en realidad es un asesinato. La ciencia evoluciona, pero nuestras cortes no lo saben. Si todas las facultades de derecho en Colombia tienen un curso de filosofía del derecho tan mediocre como el que se daba en la mía, el problema está allí.

Como el enfoque de género marxista es constitucional por el Acuerdo de paz, todo colombiano será libre de tener relaciones sexuales con niños o niñas, siempre y cuando den su consentimiento. Organizaciones de pedófilos en diversos países y un grupo de filósofos marxistas franceses (algunos homosexuales) han reclamado la legalización de la pedofilia a sus asambleas legislativas.

El desenlace lógico de la visión de la Corte Constitucional será, en pocos años, legalizar el incesto o las relaciones sexuales de padres con hijos y entre hermanos, como postula el mismo enfoque para acabar con la organización familiar, única forma efectiva de abolir el capitalismo, la democracia y toda sociedad.

En fin, la libertad no es un capricho irresponsable como suponen la ideología de izquierda y la Corte Constitucional. No hay un fantasma sin género en la máquina cerebral que decide su género e identidades. El Acuerdo con los pedófilos de las FARC volvió constitucional el marxismo con todas sus aberraciones.

martes, 5 de abril de 2022

Mi padre era negro

 


Hace un lustro comenté a Gustavo Petro en Twitter mi extrañeza por el título de su movimiento político, la Colombia Humana, porque insinuaba que quienes no militábamos allí éramos inhumanos. Además, ese título tenía una connotación idealista, ajena al materialismo de izquierda que el mismo Petro parecía representar.

La democracia burguesa se fundamenta en la persona humana y en el afán de reconocimiento de su dignidad y sus derechos sin tener en cuenta las características del ciudadano como el color de su piel, religión, género, sexo u opiniones, algo completamente contrario a la lucha de clases y al materialismo que ha postulado el marxismo desde el siglo XIX. Obviamente la respuesta del agresivo candidato no se hizo esperar: insulto y bloqueo.

Su reacción no me pareció extraña pues recordé una declaración de Lucho Garzón, camarada de Petro: “Tiene uno que ser muy malo para ser de derecha”. También, recordé a Jaime Dussán, el líder de FECODE que usó el sindicato para gozar hoy de una pensión de $ 35 millones y quien se refería a los Estados Unidos como “Satanás”, la misma expresión utilizada por Hugo Chávez para referirse al presidente de esa nación en la ONU.

Todo lo anterior está muy relacionado con el debate nacional en torno a la aspirante a la vicepresidencia de la República, Francia Márquez, quien ha recibido insultos por el color de su piel de personas no representativas de la Nación. No le doy importancia a esa discusión a pesar de que mi padre era negro, de que heredé de mi madre rasgos indígenas y recibí el apellido de los judíos sefardíes que usaron las carabelas de Colón para huir de la persecución de los Reyes Católicos de España.

La mayoría de los colombianos somos mestizos. Un negro que odia las instituciones democráticas porque los socialistas le enseñaron una historia tergiversada, no puede representar a los colombianos. Lo mismo aplica para un blanco que odiase a los negros, a los indígenas o nuestra organización social. Un estudiante, como Gabriel Boric, presidente de Chile y terrorista de la Primera Línea, no puede ser presidente de Colombia independientemente del color de su piel.

Es indigno de pertenecer al Congreso quien, como Gustavo Bolívar, ayude al ELN, al narcotráfico y al asesino Vladimir Putin a financiar la Primera Línea que ahora ataca iglesias, aunque su piel sea trigueña o negra. Un blanco, que confunda “millones” con “billones” y que para repetir el libreto que le ordenaron tenga que llevarlo anotado, no merece aspirar a la vicepresidencia; tampoco si es negro o mestizo.

El racismo, el feminismo de lesbianas y transgéneros, los derechos humanos, el indigenismo, la ecología y la victimización son algunas de las coartadas usadas por el marxismo de lo políticamente correcto, importado de Estados Unidos y aprendido por los intelectuales de las ciencias sociales de nuestras universidades para ganar elecciones mediante el fraude luego del fracaso de sindicatos y guerrillas como sujetos revolucionarios.