martes, 18 de enero de 2022

Sergio Cabrera, alias Raúl

 

Fausto Cabrera tenía trece años cuando en la Guerra Civil española (1936 – 1939) tuvo que soportar los bombardeos sobre Barcelona del ejército dirigido por el General Franco. Su familia hacía parte de la izquierda orientada por Stalin en una guerra contra la derecha apoyada por Mussolini y Adolfo Hitler. La guerra civil española fue un entrenamiento de naciones totalitarias para la Segunda Guerra Mundial, no una pelea por la democracia como siempre la presentó la publicidad marxista.

El asesinato de curas y monjas más la incineración de iglesias y monasterios por los “republicanos” desencadenaron la reacción de la derecha. Por una de esas ironías tan comunes de la historia, los españoles, que habían traído la iglesia católica a Colombia, decidieron en el siglo XX traer el marxismo para destruirla. A ello contribuyeron la familia de Fausto Cabrera en el EPL y los curas Domingo Laín y Manuel Pérez, entre otros, que vinieron a organizar el ELN.

Los Cabrera terminaron en Bogotá como refugiados de la Guerra Civil de su patria. Recuerdo los poemas que Fausto recitaba en la televisión colombiana, generalmente dedicados a poetas españoles de izquierda, incluidos algunos versos que Joan Manuel Serrat convertiría en canciones años más tarde: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Por eso, “Volver la vista atrás” es el título de la novela-biográfica publicada por Juan Gabriel Vásquez, en la que se inspira esta nota.

Los conflictos, que le provocaron en Bogotá a Fausto sus poemas y las obras de teatro revolucionario, lo llevaron a Medellín donde conoció a Luz Elena Cárdenas, la madre de Sergio, nacido en 1950, y de Marianella, en 1952.  En 1963, aprovechando un contrato de trabajo concedido como profesor de español, Fausto llevó a su familia a Pekín donde los niños participaron marginalmente en la Revolución Cultural de Mao Tse-Tung iniciada en 1966.

Como Fausto y Luz Elena decidieron regresar a Colombia sin sus hijos para vincularse a la guerrilla, la tutora le dijo a Sergio con el fin de disuadirlo de su participación en las protestas: “Eres un occidental que habla chino; eres una fuga de información con cara y ojos”. Los rasgos físicos de Sergio y su hermana ponían en peligro sus vidas en una revolución que satanizaba cualquier elemento de la cultura burguesa u occidental. Además, para el régimen comunista, ambos eran un riesgo porque podrían divulgar lo que habían visto y aprendido en China. La paranoia y la clandestinidad siempre han hecha parte del proyecto de la lucha de clases antes y después de la toma del poder.

Aunque se les permitió trabajar en fábricas o asimilarse con los campesinos para aprender de ellos, la mayor parte del tiempo los occidentales vivían aislados en hoteles, hecho que produjo protestas y dudas en los niños Cabrera. Su adoctrinamiento en China duró seis años, antes de ingresar a la guerrilla del EPL con los alias de Raúl y Sol.

martes, 11 de enero de 2022

El paquete de Fajardo


 

El gran desafío de los países desarrollados y democráticos se ha centrado en las desigualdades sociales o en dar mejores oportunidades a las comunidades de estratos bajos de competir con los privilegiados en el acceso a la educación y los mejores empleos o negocios. En nuestro país se han empleado estrategias fracasadas en los países del primer mundo como “Ser pilo paga” o la discriminación positiva para los estratos pobres o las comunidades negras e indígenas.

 

“Ser Pilo paga” se probó en el gobierno Santos con becas y un auxilio económico a los bachilleres pobres con las notas más altas para ingresar a la universidad escogida por el beneficiario. En los Estados Unidos se implementó un proyecto similar en los años cincuenta del siglo XX con una variación consistente en el concurso de todos los estratos sociales.

 

Una Prueba de Aptitud Académica (SAT por su sigla en inglés) no funcionó y favoreció a los privilegiados, pues pagaban tutores y su preparación previa era mejor; las tutorías por internet poco sirvieron para igualar las competencias. Además, se descubrió que las notas de secundaria eran mejor criterio para hacer la selección que el mismo SAT.

 

En Colombia también se ha usado la discriminación positiva. Tal como intenta ahora el movimiento feminista de favorecer a las mujeres para participar en política o en los cargos públicos con la única condición de su vagina. La discriminación positiva en el acceso a la Universidad solo exige el color de la piel o la pertenencia a una etnia o a un estrato bajo, sin consideración de las capacidades de los aspirantes y con discriminación de otros grupos sociales más o menos pobres. Obviamente este mecanismo es menos afortunado que el SAT gringo por su alto grado de deserciones, enormes costos, despilfarro de recursos y su nulo aporte al objetivo de la igualdad social.

 

El análisis de Michael J. Sandel, en su libro La tiranía del mérito, es muy oportuno cuando uno de los aspirantes a la presidencia de la República, Sergio Fajardo, ha propuesto una reforma educativa como la panacea de nuestras desigualdades y problemas. Nadie conoce el paquete de estrategias de Fajardo para enfrentar una reforma de esa dimensión.

 

Es obvio que Fajardo será el candidato de la Coalición de la Esperanza porque lo es de Claudia López. Los Verdes han basado su campaña electoral en líderes independientes o de otros partidos que aporten votos, pero ella siempre impone su voluntad.

 

La época actual tiene características especiales en materia educativa nunca enfrentadas por la humanidad: el magisterio es la base del electorado de la izquierda y no aceptará una reforma que limite sus privilegios; la desaparición de muchas carreras universitarias en los próximos años; más del 60 por ciento de nuestros egresados universitarios no encuentran trabajo en la profesión para la que se preparan; los jóvenes desprecian las carreras largas para un trabajo esclavizante o basura; la educación virtual se impondrá.