martes, 14 de diciembre de 2021

Una experiencia religiosa

 

Dediqué más de tres años a estudiar la historia del cristianismo con el propósito de entender el cambio súbito ocurrido después de 1959 en el control de la ideología o la cultura de nuestro país. Trataba de saber por qué y cómo el marxismo había arrebatado a la Iglesia el poder sobre la educación y sobre nuestra forma de pensar después del triunfo de la revolución cubana.  Desde 1881 el Estado había entregado al clero la función de escribir los textos con que éramos adoctrinados. Cambiamos de adoctrinadores cuando llegaron los marxistas.

El texto Confesión de fe crítica (2008), del sacerdote jesuita Alfonso Llano Escobar, empezó a darle coherencia a mis estudios. El sacerdote de 83 años confesaba estar dispuesto a aceptar los cambios de los últimos 30 años en la teología católica. Esos cambios incluían la modificación de doctrinas trascendentales como la resurrección de Jesús y la virginidad de María. Jesús no resucitó; fue exaltado por Dios. La virginidad de María no es un dogma, y puede ser negado, según declaración del mismo papa Benedicto XVI. La expresión “hijo de Dios” es solo una metáfora.

Yuval Noah Harari me enseñó otro punto fundamental: los mitos hacen la historia. Para crear una empresa comercial, un régimen político o una religión es necesario convencer a un grupo grande de personas sobre un mito, un cuento, algo imaginario. Eso vale para el cristianismo, una venta de queratina, el marxismo, el nacionalsocialismo o la democracia.

Me encontré con el filósofo alemán F. Hegel (1770 – 1831) a través de la lectura que de él hizo Alexandre Kojève. Aprendí la conexión que existe entre religión y política, y cómo la Iglesia católica se enclaustró cuando vio amenazado su poder por la Reforma protestante y no aceptó el reto de Martín Lutero para modernizarse. Se dedicó a incinerar libros y herejes, pero no pudo salir de su corrupción milenaria. La Reforma nos trajo la democracia, la nueva versión del evangelio de la igualdad de todos los seres humanos y de la compasión.

Los pensadores del siglo XX complementaron los planteamientos de Harari y Hegel: una sociedad (la estructura mental o la ideología que la fundamenta y le da vida) es imposible si no se centra en un mito. Estamos condenados a vivir motivados por mitos en un mundo que es solo virtual o simbólico.  El sacerdote John Dominic Crossan me presentó a Jesús histórico, resumido en el 32 por ciento de las palabras atribuidas a él por los evangelios. El Cristo de la iglesia católica es el gnóstico o esotérico inventado por Pablo y los evangelios que fundaron el antisemitismo.

El toque final a la investigación sobre mi experiencia religiosa la encontré en la teología de un pastor protestante, Rudolf Bultmann, discípulo de Martín Heidegger. Bultmann buscaba desmitificar los evangelios como la mejor forma de encontrar a Jesús histórico, el único aceptable para todo hombre y mujer de buena voluntad. Feliz Navidad.

martes, 7 de diciembre de 2021

El modelo boliviano


 

Lo rescatable del libro del General Jorge Enrique Mora Rangel, Los pecados de la paz, es el Epílogo, escrito por David Spencer PHD, asesor y consultor del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, porque muestra el engaño que fue nuestro Acuerdo de paz y su relación directa con las recientes protestas de la primera línea o la revolución molecular.

 

Comienza por definir el estilo peculiar de Juan Manuel Santos para hacer política: “realiza negociaciones secretas previas con los líderes de cada sector, con los cuales llega a acuerdos para repartir de antemano los beneficios (…) O sea que el debate público y formal no es más que una pantomima o una especie de teatro para consumo público”.

El verdadero equipo negociador fue secreto, conformado por el expresidente Santos, Sergio Jaramillo y sus asesores. Al segundo equipo se unió Humberto de la Calle, y el tercero, que cumplía un papel más aparente que real, no estaba informado del acuerdo secreto.

 

Un propósito central de las Farc era acabar la aspersión aérea y remplazarla con una sustitución de cultivos para lo cual sirvió de coartada la afirmación del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, sobre el riesgo de cáncer del Glifosato. Para Santos esos “detalles” no importaban porque “estaba dispuesto a todo, siempre y cuando se firmara el acuerdo, se entregaran las armas y se desmovilizaran como grupo armado durante su presidencia”. Su interés estaba puesto en el Nobel.

 

De todos modos, la guerrilla estaba prácticamente derrotada, de tal forma que sus acciones militares o terroristas las realizaban las milicias. Los guerrilleros estaban desesperados. “Una campaña militar antes de las negociaciones pudiera haber evitado la cantidad exagerada de demandas que las Farc hicieron”. “El Gobierno decidió descartar su posición de ventaja militar y adoptar una de inferioridad y debilidad”. “Al final, el acuerdo desarmó a las Farc, pero fortaleció al narcotráfico”.

 

Gobierno y Farc sabían que los acuerdos no se iban a cumplir. “Colombia no tenía ni las finanzas, ni el personal, ni la infraestructura para cumplir”. “El incumplimiento de los acuerdos iba a proveer los insumos para nuevas movilizaciones” y para mantener el conflicto, como lo había previsto el marxismo internacional y como venía ocurriendo en Bolivia.

 

Un grafiti resumía en proyecto de la izquierda: “Lo que no logramos en La Habana, lo logramos en la calle”. Antes de caer abatido, Alfonso Cano leía un manual para derrocar un régimen a través de la protesta social, titulado De la dictadura a la democracia, escrito por Gene Sharp. En Colombia no se había montado ese proyecto revolucionario porque las Farc no aceptaron las recomendaciones de Cuba y Venezuela para dejar las armas; pero “esta percepción cambió cuando se enfrentaron a la Política de la Seguridad Democrática del presidente Uribe”

 

El modelo boliviano lo definieron los cocaleros sobre cuatro ejes: La protesta violenta que genera una situación insostenible para el gobierno; el narcotráfico como financiación; una milicia armada para defender los cultivos, y un partido político.