La discusión
sobre las diversas tendencias políticas se centra generalmente en el aspecto
ideológico y olvida el más importante, su organización. El fracaso reiterado de
la izquierda en su intento por abolir el capitalismo y el régimen democrático
ha llevado a sus dirigentes a buscar una opción ideológica que es completamente
diferente a la propuesta por sus fundadores.
La izquierda
es hoy cualquier cosa: usa las mismas estrategias de la extrema derecha, se
ayuda con el discurso democrático de los derechos humanos, juega a controlar el
lenguaje recurriendo a la calumnia o a las noticias falsas y, en último
término, su ideología queda sometida al capricho de su líder o a sus reacciones
cínicas y patológicas.
Si es
imposible definir la identidad ideológica de la izquierda, un análisis de su
organización, los vínculos nacionales e internacionales, sus medios de
financiación y los permanentes cambios de planes y estrategias nos permiten un
mejor perfil que la diferencie de nuestros partidos tradicionales.
Comencemos
por esto último, los cambios permanentes de planes y estrategias. La izquierda
Internacional ha llegado al extremo de montar lo que sigo considerando una
revolución molecular, ideada por los marxistas franceses Gilles Deleuze y Félix
Guattari, pero que fue catalogada en su momento (1977) por el maoísta Alain
Badiou como “el fascismo de la papa”.
La revolución
molecular (RM) se fundamenta en el libro El anti-Edipo que llama “molar” a
cualquier forma de sociedad ordenada, disciplinada, en que las partes
contribuyen para que el todo funcione. Lo “molecular” se refiere a un rizoma,
como la papa, con numerosas raíces que buscan cada una su propio camino,
expresan su “deseo” particular y no son solidarias. En la RM esas moléculas o
raíces son los estudiantes, la comunidad LGBTI, narcotraficantes, sindicatos, bandas
criminales, mercenarios, terroristas y cualquiera frustrado en su deseo. La RM es el fascismo de la papa.
Además, la
izquierda hace parte de una organización que antes se llamaba la Internacional
Socialista y hoy, para Latinoamérica, es el Foro de Sao Paulo. A ese Foro
pertenecen varios partidos de izquierda como la Alianza Verde, Unión Patriótica,
Marcha Patriótica, entre otros. El Foro ordena estrategias, aporta dinero y
colabora en los proyectos que cada partido adelanta en su país. Venezuela, por
ejemplo, colabora con los bloqueos de la primera línea y financió al partido
Podemos de España.
Rusia y China
hacen sus aportes en dinero, no porque compartan las ridículas ideas económicas
de Petro, Maduro o Pedro Castillo, sino para proteger sus inversiones en este
continente. Por otro lado, la izquierda internacional también tiene vínculos
con grupos terroristas musulmanes, guerrilleros y mafiosos en todo el mundo.
Sin embargo,
el éxito de la izquierda se fundamenta más en la necesidad de las gentes de ser
esclavizadas que en la seducción de sus líderes: Cuba, Venezuela, Nicaragua,
Argentina y Perú lo demuestran. La ignorancia y la miseria conforman el terreno
fértil para que florezca el populismo.