Hace dos años el periódico El Tiempo lanzó una colección de
filosofía con aproximadamente 50 ejemplares introductorios, editada en España,
que me pareció muy didáctica al menos en los textos que he leído; pero cuando
enfrenté El marxismo hoy, escrito por Carlos Fernández Liria, me decepcionó por
su carácter panfletario, dedicado más a adoctrinar o engañar que a presentar un
análisis serio.
En resumen, muestra cómo la ideología de izquierda reconoce
su fracaso en el siglo pasado por una mala interpretación de El capital, de
Karl Marx, y por haber olvidado una nota marginal en la que se insinuaba el
estructuralismo moderno. El viejo marxismo, ese con el que nos adoctrinaron por
muchos años y que inspiró a los grandes genocidas del siglo XX, y que ahora se
llama “escolástico”, no va más.
En su versión moderna, el marxismo tiene dos pioneros:
Antonio Gramsci (1891-1937) y Louis Althusser (1918-1990). No se trata ahora de
tomar el poder por acción de la guerrilla o de un golpe de Estado, con la
colaboración de los sindicatos; el objetivo es aprovechar las facilidades que
ofrecen los regímenes democráticos para participar en elecciones, pero sobre
todo para controlar la ideología del pueblo o el sentido común hasta lograr que
las mayorías se identifiquen con el partido comunista. En esta perspectiva el
control de colegios, universidades, medios y redes sociales es prioritario,
como también el acompañamiento de los intelectuales y el movimiento
estudiantil.
“Como el capitalismo -dice el autor- es incompatible con el
estado derecho”, el plan para la toma del poder va orientado a conservar la
república, ese estado de derecho, pero sin elecciones y sin partidos porque son
contralados por la burguesía: “es imposible ya defender al mismo tiempo la
condición ciudadana y el capitalismo sin movilizar inmensas dosis de mala fe”. ¡Qué
tal este “genio”!
Me impresionaron del texto la torpe presentación que hace del
estructuralismo y las contradicciones en que incurre todo el escrito con esa
teoría, lo que ya se puede ver en este rápido resumen. Si la sociedad
capitalista es un todo estructural con una economía de libre mercado y una
organización democrática, ¿cómo van a quedarse los mamertos solo con un pedazo
de la superestructura o ideología, que es el orden jurídico y constitucional,
para encajarlo con nuevos elementos ideológicos y una nueva organización
económica socialista? O no entiende el autor lo que es una estructura, en los
términos de Althusser, o piensa que los lectores somos tontos.
Otro aspecto en que se revela la pobreza
conceptual del libro es en la discusión que plantea con relación a la crítica
que se le hace al estructuralismo por su condición inhumana que es evidente. Me
explico: si toda relación humana es estructural, es decir, si el ser humano
queda reducido a un elemento simbólico o a un algoritmo, no existe la persona
humana, sujeto de derechos
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