viernes, 10 de enero de 2020

EL MARXISMO HOY




Hace dos años el periódico El Tiempo lanzó una colección de filosofía con aproximadamente 50 ejemplares introductorios, editada en España, que me pareció muy didáctica al menos en los textos que he leído; pero cuando enfrenté El marxismo hoy, escrito por Carlos Fernández Liria, me decepcionó por su carácter panfletario, dedicado más a adoctrinar o engañar que a presentar un análisis serio.

En resumen, muestra cómo la ideología de izquierda reconoce su fracaso en el siglo pasado por una mala interpretación de El capital, de Karl Marx, y por haber olvidado una nota marginal en la que se insinuaba el estructuralismo moderno. El viejo marxismo, ese con el que nos adoctrinaron por muchos años y que inspiró a los grandes genocidas del siglo XX, y que ahora se llama “escolástico”, no va más. 

En su versión moderna, el marxismo tiene dos pioneros: Antonio Gramsci (1891-1937) y Louis Althusser (1918-1990). No se trata ahora de tomar el poder por acción de la guerrilla o de un golpe de Estado, con la colaboración de los sindicatos; el objetivo es aprovechar las facilidades que ofrecen los regímenes democráticos para participar en elecciones, pero sobre todo para controlar la ideología del pueblo o el sentido común hasta lograr que las mayorías se identifiquen con el partido comunista. En esta perspectiva el control de colegios, universidades, medios y redes sociales es prioritario, como también el acompañamiento de los intelectuales y el movimiento estudiantil.

“Como el capitalismo -dice el autor- es incompatible con el estado derecho”, el plan para la toma del poder va orientado a conservar la república, ese estado de derecho, pero sin elecciones y sin partidos porque son contralados por la burguesía: “es imposible ya defender al mismo tiempo la condición ciudadana y el capitalismo sin movilizar inmensas dosis de mala fe”. ¡Qué tal este “genio”!

Me impresionaron del texto la torpe presentación que hace del estructuralismo y las contradicciones en que incurre todo el escrito con esa teoría, lo que ya se puede ver en este rápido resumen. Si la sociedad capitalista es un todo estructural con una economía de libre mercado y una organización democrática, ¿cómo van a quedarse los mamertos solo con un pedazo de la superestructura o ideología, que es el orden jurídico y constitucional, para encajarlo con nuevos elementos ideológicos y una nueva organización económica socialista? O no entiende el autor lo que es una estructura, en los términos de Althusser, o piensa que los lectores somos tontos.
Otro aspecto en que se revela la pobreza conceptual del libro es en la discusión que plantea con relación a la crítica que se le hace al estructuralismo por su condición inhumana que es evidente. Me explico: si toda relación humana es estructural, es decir, si el ser humano queda reducido a un elemento simbólico o a un algoritmo, no existe la persona humana, sujeto de derechos

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