sábado, 12 de mayo de 2018

EL LIBRO DE VARGAS LLOSA




Para la inmensa mayoría de los colombianos no tiene mucho interés el texto La llamada de la tribu, escrito por el premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa pues trata de los filósofos o intelectuales que lo orientaron en el cambio de su posición política socialista por otra liberal y democrática.  Es más bien un texto para una minoría con la formación académica necesaria para entenderlo. Es obvio que la izquierda culta no lo va a leer tampoco.

Tanto en la educación media como universitaria no se le ha dado la suficiente importancia al estudio de los pensadores liberales y se ha privilegiado el conocimiento del marxismo. Recuerdo que en mis estudios de derecho en la Universidad Libre tuve que suportar en mediocre curso de marxismo dictado por una sicóloga, pero nunca se habló de la economía académica convencional. Asimismo, un posgrado que realicé en la UTP tenía como base teórica la escolástica medieval y el materialismo dialéctico, y estoy hablando de 1996. Horror.

De todos modos, el libro de Vargas Llosa es extemporáneo y en nada se relaciona con la campaña electoral colombiana ni con las propuestas de la izquierda latinoamericana. Es extemporáneo porque los partidos de izquierda no se rigen por los criterios clásicos del marxismo y, más bien, obedecen a un populismo improvisado. Así, Hugo Chávez, por ejemplo, se declaraba marxista, pero admitía que nunca había leído a Carlos Marx. Y el conductor de buses, Evo que no lee o el bárbaro Ortega de Nicaragua tampoco lo conocen.

De allí que el marxismo de hoy es muy distinto al que enfrentaron Karl Popper, Raymond Aron, Isaías Berlin y el mismo Friedrich von Hayek que inspiran a Vargas Llosa. El marxismo de hoy no se diferencia mucho del centro y de la derecha que también intentan engañar al elector con todo tipo de subsidios que nunca podrán cumplir a no ser que quieran acabar con nuestra economía.

En filosofía marxista hay al menos tres niveles: el académico, al que solo acceden los expertos; el popular o mundano en el que vivimos los aficionados y los literatos como Vargas Llosa, y un tercer nivel, el burdo de las reuniones sociales, las redes y los taxistas.  Por ello no se pueden ignorar los intentos que los intelectuales marxistas por mejorar el discurso y adaptarlo a otras corrientes de pensamiento o a la ciencia, como tampoco, sus coqueteos con la ecología que tan buenos resultados electorales les han reportado a los Verdes y a Petro entre los muchachos.

Me sorprenden, por estos días, los documentales, artículos de prensa y conferencias que insisten en las bondades del marxismo, cuando en realidad nos ha dejado muchos millones de muertos y desplazados, terrorismo y hambre, más millares de niños secuestrados y violados. Como escribió Raymond Aron, “el marxismo es el opio de los intelectuales” … y otro opio del pueblo, digo yo.








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