jueves, 21 de diciembre de 2017

ENTONCES... QUÉ PASÓ?




La víspera de Navidad es tiempo propicio para revisar el proceso de investigación sobre la autenticidad de los textos sagrados, en particular de los cuatro evangelios; es decir, conviene conocer la verdadera historia de ese hombre que puso las bases del principio de igualdad de todos los seres humanos, fundamento de la sociedad democrática, en aquella época esclavista.

El pasado 31 de octubre celebramos el día en que el monje y sacerdote Martín Lutero publicó sus 95 tesis que dieron comienzo a la Reforma protestante hace 500 años y consagró el derecho de todos los fieles de conocer los libros sagrados en su propio idioma, dado que hasta entonces solo podían hacerlo los pocos clérigos que comprendían el latín o el griego.

En los países en que triunfó la Reforma se inició la libre interpretación de los evangelios, y muchos estudiosos se dedicaron a buscar la verdadera historia de Jesús. En los siglos siguientes se encontraron muchos anacronismos, contradicciones e incongruencias en esos escritos hasta cuando se concluyó que su valor histórico era mínimo: los evangelios son una colección de mitos.

Pero en los países católicos no conocimos de esos estudios hasta la segunda mitad del siglo pasado. La conclusión no pudo ser más desconcertante: de Jesús solo sabemos con certeza que era un líder judío y que por eso fue crucificado. Vale aclarar que también se había avanzado en el análisis de su mensaje y muy serios estudios habían concluido que apenas un 32 por ciento de sus palabras eran auténticas, dichas por él.

Solo los evangelios de Lucas y Mateo nos cuentan las condiciones en que nació Jesús; estos evangelios fueron escritos hacia los años 85 y 90 de nuestra era, casi 100 años después de su nacimiento. Los autores inventaron todo el cuento del nacimiento en Belén, los pastorcitos y los reyes magos con el propósito de relacionar a Jesús con el rey David, que era de esa zona, y acomodarlo como el mesías de Israel.

Mucho más interesante que la verdad histórica de Jesús es la forma cómo se gestó el cristianismo.  Si usted revisa las verdaderas palabras de Jesús, todas aquellas parábolas que hablan del reino de Dios de una manera sencilla, notará que no tienen conexión alguna con los grandes dogmas establecidos por la iglesia romana, como la resurrección, la filiación divina de Jesús, la vida después de la muerte, el pecado original y la redención.

Estos dogmas fueron creaciones de los primeros seguidores de Jesús, en particular de Pablo, tomados de otras religiones y de las filosofías de la época. Es esta la razón por la cual algunos teólogos protestantes y otros expertos han propuesto que nos quedemos con el mensaje de amor y compasión, con las bienaventuranzas y la dignidad de los más pobres entre los pobres y desechemos los dogmas.

Feliz Navidad

lunes, 18 de diciembre de 2017

LA MIRADA






Como es imposible saber lo que las personas y las cosas son en sí mismas, nos tenemos que consolar con la mirada que nosotros podamos echar sobre ellas. Eso vale también cuando nos referimos a personajes históricos porque, además, el concepto que expresemos sobre ellos se correlaciona muy bien con lo que cada quien es. Si leo la biografía de alguien, en el momento de transmitirla resaltaré de manera inconsciente aquellos aspectos que más me interesa describir u ocultar de mí mismo.

A un grupo de Facebook interesado en la historia, le pregunté esta semana: ¿Qué significa para Occidente la Reforma luterana? Hubo muy buenos comentarios, la mayoría de los cuales resaltaban el aspecto central de la reacción de Martín Lutero a la corrupción de la iglesia romana en el negocio de las indulgencias.

Algo similar me encontré en los artículos de opinión publicados en los medios este año (creo que leí unos 15) con motivo de los 500 años de esa verdadera revolución cultural.  Si bien, algunos resumían bien los elementos centrales de esos eventos, muchos presentaron mejor una crítica a los errores del monje rebelde, como su antisemitismo o su actitud represiva con el movimiento campesino que por esos días se presentó en Prusia. El anticlericalismo era evidente en estos casos.

Cuando se trata de asuntos históricos nos conformamos con el relato de los hechos que trae cualquier texto; pero el gran vacío que queda es el análisis cultural de esos mismos hechos, algo en que fallaban nuestros manuales cuando existía esa cátedra y que esperamos se corrija ahora cuando se intenta incluir nuevamente la historia en el plan de estudios básicos.

La Reforma la podemos presentar como el comienzo del capitalismo y como la reorganización de la comunidad burguesa para enfrentar el poder de la iglesia romana.  También podemos hacer un psicoanálisis del comportamiento francamente neurótico de Lutero, tal como lo muestra el libro de Lyndal Roper titulado Martín Lutero: renegado y profeta, de editorial Taurus, 2017.  La mirada oficial de la iglesia romana se refiere a un hereje que desconoce el poder del clero de vender los méritos de cristo y facilitar el ingreso al cielo de los pecadores. 

En opinión de Jacques Barzun, la Reforma no solo fue una revolución religiosa que despertó la libertad de opinión, fomentó el nacionalismo, elevó el prestigio de la lengua vernácula, cambió la actitud hacia el arte, el trabajo y la emoción humana; acabó el ancestral sentido de la unidad de occidente y puso las bases para el nacimiento del sujeto. Si mi relación con Dios es personal, tengo derechos y lucharé por una sociedad en la que sean respetados.

Es lamentable que en Colombia sigamos aceptando que la izquierda y los intelectuales anticlericales hayan remplazado a la iglesia en el rol de señalarnos que su mirada es la verdadera o la mejor. ¡Líbranos, Señor, de las comisiones de la verdad!