viernes, 17 de febrero de 2017

El mito de la posverdad





Quienes fueron sorprendidos por las recientes expresiones de las masas encontraron una rápida y fácil explicación que consistió en señalar al otro como el ignorante, miembro de la extrema derecha o el imbécil que se dejó engañar.  De esta forma se sintieron autorizados para identificar a Donald Trump, a Álvaro Uribe Vélez y a quienes encabezaron la campaña en Inglaterra para separarse de la unión europea con Hitler o con lo peor de la especie humana, en lo que Moisés Wasserman llama la falacia ad hitlerum y que en una de mis notas de prensa llamé la amalgama.

Ya el pueblo, el hombre de a pie, los mugrosos y todos aquellos que se mueven en las redes sociales se guían por las mentiras o por los sentimientos –no siempre los mejores- y han terminado con una era en la que la verdad, los paladines de la historia y los cultos orientaban plebiscitos y elecciones para conducir la democracia por la senda correcta.  Los ingleses, los norteamericanos y los colombianos se equivocaron.  La mentira domina ahora el mundo entero.

Estábamos en ese derroche de histeria colectiva cuando estalló el escándalo Odebrecht que compromete a los últimos presidentes del Perú, a muchos gobernantes brasileros –entre ellos a los impolutos de la izquierda- y a los candidatos que se disputaron las últimas elecciones presidenciales en Colombia. No solo los uribistas mienten; Santos y sus amigos también.

Por otro lado, el mito de la posverdad se desbarata también, al menos aquí, cuando se empiezan a denunciar las dificultades y farsas del proceso de paz: las FARC se burlan del país y no explican la forma como se deshicieron de más de 400 secuestrados; se niegan a entregar los niños guerrilleros mientras se ingenian la forma de hacerlos desaparecer o los entregan directamente a sus familias; la desbandada de guerrilleros tiende a aumentar por las mejores ofertas de bandas criminales; ¿dónde están los 9 mil milicianos que había calculado el Ejército?; ante la avalancha de críticas que recibe la JEP, ya se renueva el chantaje de los áulicos del Gobierno y las FARC: “si no hay JEP, no hay proceso de paz”.  “Si gana el NO…”

Hay otro aspecto de la posverdad mucho más dramático y doloroso.  Canales de televisión, periódicos, revistas, cadenas de radio sostenidos por los jugosos contratos del Gobierno son los voceros de esta nueva mitología; con el dinero recibido para que acomoden, enfaticen o distorsionen la información pagan a columnistas y locutores expertos en engañar.

Mas el pueblo ha encontrado el medio para recibir y entregar nuevas versiones de la verdad.  Sí, circulan muchas mentiras en las redes, pero son gratis.  Ahora, la mentira no es patrimonio exclusivo del clero, los medios, los intelectuales y los poderosos.  Con todos sus aspectos negativos las redes sociales están definiendo el futuro. 

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