La tremenda crisis de la Iglesia Católica, el incremento de otras sectas cristianas, el fácil acceso a todo tipo de información virtual y la proliferación de grupos conformados por ateos militantes son, entre otros factores, señales del cambio planetario que se aproxima en materia religiosa, como si la profecía de la muerte de Dios, lanzada por Nietzsche en el siglo XIX se estuviera cumpliendo.
Esas circunstancias me llevaron a iniciar una investigación sobre la historia de nuestra tradición judeocristiana que se ha reflejado en varios artículos pioneros en la prensa colombiana acerca del origen del monoteísmo y de ese personaje fascinante nacido hace veinte siglos en la pobre Galilea.
Pues bien, entre los textos estudiado encontré uno merecedor de las mejores críticas de la prensa norteamericana, escrito por un iraní convertido al cristianismo. Él se llama Reza Aslan y su libro, El zelote. Debo anotar que todas y cada una de las conclusiones de mi investigación sobre Jesús histórico aparecen ratificadas y mejoradas en ese texto.
Leamos algunas de las sorprendentes afirmaciones de Aslan: “Solo dos hechos conocemos de la vida de Jesús: era un líder judío y por eso fue crucificado por los romanos”. El cuadro que Pablo hizo de Jesús era inaceptable para los judíos y para los discípulos del galileo. El Cristo inventado por Pablo borró al Jesús histórico, pues los evangelios se escribieron para ratificar o legitimar Pablo, quien no los conoció.
Como los evangelios fueron escritos después del fracaso de la rebelión judía del año 66, era lógico que sus autores se distanciaran de los movimientos independentistas, suprimiendo cualquier indicio revolucionario o sedicioso que tuviese el verdadero Jesús, quien fue transformado en un manso predicador, autor de buenas obras y cuyo reino no era de este mundo.
Jesús fracasó y por eso la Iglesia primitiva cambió el modelo de mesías. Más aún, Jesús ni siquiera cumplía con una sola de las condiciones que se podían esperar del mesías. El reino de Dios que había prometido nunca se realizó. Después de la destrucción de Jerusalén, el cristianismo fue casi exclusivamente una religión de gentiles, no de ciudadanos romanos ni de judíos. El verdadero Jesús no era Dios; tampoco era el mesías y no resucitó.
Hace apenas medio siglo se empezaron a publicar en Colombia las investigaciones históricas, arqueológicas y teológicas que llegaron a esas conclusiones desmitificadoras del cristianismo y, aunque algunos clérigos se han referido en los medios a ellas, la mayoría de los creyentes siguen considerando los evangelios como hechos históricos.
Además, las investigaciones neurocientíficas y las reflexiones de los filósofos sobre estas han llegado a conclusiones más alarmantes referidas a nuestra realidad, aunque la mayoría de los colombianos no alcanzan a captar sus implicaciones. No somos realidades, sino creaciones mentales o algoritmos. La memoria nos engaña y mantiene la idea de que somos sujetos o personas reales. El problema no es la existencia de Dios, sino la existencia nuestra. “Ser o no ser” es el dilema planteado por el príncipe Hamlet.
Gracias por expander nuestro conocimiento con hechos.
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