martes, 25 de marzo de 2025

El sujeto o el "yo" no existe


 

(Esta columna fue escrita por Inteligencia Artificial)

 

El concepto de que el "sujeto" o el "yo" no existe es una idea que ha sido discutida ampliamente en diversos campos de la filosofía, la psicología y la espiritualidad. Esta noción desafía la creencia común de que existe una entidad individual y constante que experimenta el mundo desde una perspectiva fija. A lo largo de la historia, diferentes escuelas de pensamiento han abordado este tema desde ángulos variados, ofreciendo interpretaciones profundas y a veces controvertidas.

 

Una de las tradiciones que más ha profundizado en la idea de la no-existencia del yo es el budismo. En el budismo, se enseña que el yo es una ilusión, una construcción mental que surge de los cinco agregados: forma, sensación, percepción, formaciones mentales y conciencia. Según el Buda, no hay un “yo” permanente o inmutable detrás de estas experiencias. En su lugar, nada es permanente y en constante cambio. En la práctica de la meditación, los budistas buscan experimentar directamente esta verdad, viendo a través de la ilusión del yo y alcanzando un estado de liberación conocido como nirvana. Esta realización no solo tiene implicaciones filosóficas, sino también prácticas, ya que permite a los individuos vivir de manera más compasiva y desapegada.

 

En Occidente, pensadores como David Hume también han cuestionado la existencia de un yo permanente. Hume argumentaba que lo que llamamos “yo” no es más que un haz de percepciones, una colección de experiencias que cambian constantemente. Según él, no hay evidencia de una identidad persistente y unificadora detrás de estas percepciones. Para Nietzsche, el yo es una creación de la voluntad de poder, una narración que construimos para darle sentido a nuestras vidas. En su visión, abrazar la no-existencia del yo puede llevarnos a una mayor autenticidad y libertad.

 

En el campo de la neurociencia, los avances recientes también han puesto en tela de juicio la existencia de un yo centralizado. Estudios han demostrado que el cerebro humano está compuesto por una red compleja de procesos interconectados, sin un “centro” claro de control. Esta idea sugiere que el yo es una ilusión creada por la actividad coordinada de diversas regiones cerebrales. Además, experimentos en neurociencia han mostrado que nuestras decisiones y acciones pueden ser iniciadas por procesos inconscientes antes  de que tengamos conciencia de ellas. Esto plantea preguntas sobre la naturaleza del libre albedrío y la identidad personal.

 

En psicología, la noción de que el yo no existe ha sido explorada en varias teorías y prácticas. La terapia Gestalt, por ejemplo, enfatiza la idea de que el yo es un proceso en constante cambio, influenciado por nuestras interacciones con el entorno. En lugar de un yo fijo, se promueve una visión más dinámica y relacional de la identidad. 

 

Si entendemos que nuestra identidad es una construcción y que no somos entidades separadas y fijas, podemos reconocer nuestra interconexión con los demás y con el mundo que nos rodea. Esto puede conducir a una ética de cuidado y respeto más profunda.

martes, 4 de marzo de 2025

El problema del ser

  

El padre Alberto Linero y varios columnistas de prensa se han referido al problema del ser. El asunto es difícil, dada la pésima formación recibida por los colombianos en las clases de filosofía. Creo no exagerar si digo que todos los profesores de filosofía en secundaria deben ser destituidos y que el programa debe ser actualizado para que entendamos el problema del ser, nuestra cultura y la ideología de izquierda. 

Todos sabemos que el padre Linero renunció a sus funciones sacerdotales y que eso significa, en términos religiosos, que su condición de sacerdote no la perderá porque él “es” sacerdote, es decir, el sacerdocio no es un accidente, sino algo esencial, que no se modifica. En una perspectiva no católica, eso no es así porque el sacerdocio es una identidad que se pierde o se puede cambiar como cualquiera otra. Por más que usted sea un fanático petrista, puede cambiar de partido (identidad). Nadie es petrista eternamente, aunque algunos son tan fanáticos y ciegos que parecen esencialmente mamertos. Ser, esencia” y “real” y “presencia’ son sinónimos. 

El padre utilizó en sus intervenciones en Blu-Radio una expresión que coincide con la doctrina de la Iglesia: “El ser y el hacer tienen que estar alineados”. La condición de ser permanece, nos constituye, no cambia y, por tanto, lo que hacemos debe corresponder con lo que somos. Si eres cristiano o de izquierda, tu comportamiento tiene que esta alineado con esas identidades pues, de lo contrario, no eres un auténtico cristiano o mamerto. Eso tampoco es cierto: nos obligaron a creer en esas ideologías en la familia o en el colegio. Nos obligaron porque no nos explicaron otras opciones y puedes cambiar esas identidades. 

El eminente jurista Hans Kelsen se manifiesta en oposición a la tesis del padre: “No existe un puente entre el ser y el deber ser”. Corresponde a una visión moderna del derecho aplicable también a la moral. Cuando el Congreso establece que una conducta es un delito (deber ser), no lo hace porque vaya contra la ley de Dios, o contra algo “real o un ser. Y el autor de un crimen no “es” un delincuente.  

El Congreso tiene ese poder de definir qué conducta es delito. El carácter de delincuente es una etiqueta o identidad que el juez aplica a quien quebrantó una norma; no es” un delincuente porque esa conducta puede dejar de ser delito si así lo decide el Congreso, o el individuo no fue juzgado o no volvió a delinquir. “Si una conducta que se consideraba delito, dejamos de llamarla delito...”, decía el chistoso Petro. 

El principio kelseniano deja sin fundamento la moral del Derecho Natural de la Iglesia. La homosexualidad está prohibida en la Biblia (deber ser), y es pecado porque va contra la naturaleza humana (ser). Norma inaceptable en el Código Penal y en nuestra cultura moderna y democrática de los derechos humanos. No hay un puente entre el ser (la naturaleza humana) y el deber ser (no debes ser gay).