El plan de
gobierno del exguerrillero Gustavo Petro solo es original en sus caprichos o
ideas obsesivas sin ningún respaldo en investigaciones serias en ningún país o
universidad. Tales son, por ejemplo, la paz total o el pago mensual de un
millón de pesos para evitar que los jóvenes maten. Ambos proyectos son
ridículos, entre otras razones porque ignoran el carácter multicausal o
multifactorial de la conducta humana.
Otras de sus
reformas obedecen a los delineamientos generales de la Nueva Izquierda recogidos
en la Constitución Nacional chilena que el pueblo rechazó en un plebiscito de
2022.
En su
objetivo de hacer daño a nuestras instituciones democráticas, Petro cuenta con
la ventaja del enfoque de género aprobado en forma irregular, mal definido en
el Acuerdo de paz del Nobel y que la izquierda intentó entronizar en Chile por
medio de aquella reforma constitucional. En ese propósito perverso, Petro
cuenta con el apoyo de la Corte Constitucional, enredada en las diversas
versiones existentes de ese enfoque, probablemente porque los cursos de
Filosofía del Derecho de nuestras facultades están desactualizados.
El Artículo
44 de la no aprobada Constitución mamerta de los chilenos comenzaba así: “Toda
persona tiene derecho a la salud y al bienestar integral, incluyendo sus
dimensiones física y mental”.
Texto mal
redactado pues al decir que el derecho a la salud es integral, sobra la
aclaración siguiente y, por otro lado, olvida la dimensión social consagrada
por organismos internacionales. Además, al considerar la salud mental, entra en
contradicción con el Art. 29 de la misma Constitución que prohíbe la atención
psiquiátrica y sicológica de los enfermos mentales, llamados allí
“neurodiversos”, porque estos “tienen derecho al libre desarrollo de su
personalidad y de su identidad” de esquizofrénico, bipolar o de la enfermedad
del Alzheimer.
Ese Artículo
29 también es ambiguo al reconocer que el enfermo mental o “neurodiverso” tiene
una identidad genética o biológica, no cultural; en cambio, la misma Carta
desconoce la influencia biológica en la identidad de género y solo acepta la
determinación cultural. Es inaceptable que la izquierda abuse de la poca o nula
información de los países latinoamericanos en estos campos del derecho y la
filosofía.
Como intenta
Petro con su repudiada reforma a la salud, el numeral 5 de ese Art. 44
convierte en público el Sistema de Salud y condiciona a la ley la integración
al Sistema de los prestadores privados. Recordemos que nuestra Ley 100 se
inspiró en el modelo chileno y lo mejoró con el régimen subsidiado.
El numeral 9
del mismo artículo 44 dice que “la ley determinará el órgano público encargado
de la administración de los recursos de los fondos”, exactamente lo que busca
Petro. El numeral 10 establecía que “la atención primaria constituye la base
del sistema”, como aquí. Para ser gobernante de izquierda no es necesario
pensar; basta con seguir el libreto. Así, es imposible un acuerdo con Petro. Dr.
Uribe Vélez, no se reúna con Petro, no pierda el tiempo.
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