La Corte
Suprema de Estados Unidos acaba de tomar una decisión contra los errores que se
venían cometiendo en ese país y en muchos otros, incluido Colombia, por la
influencia de la izquierda o de lo políticamente correcto. La Corte acabó con
la discriminación positiva, también conocida como la “acción afirmativa” en las
universidades para favorecer el ingreso de los negros porque viola la garantía
de igualdad de protección de todos los ciudadanos establecida en la
Constitución Nacional.
Ese fallo
tiene mucha relación con el proferido por nuestra Corte Constitucional hace
unas semanas, en el sentido de que no existe el derecho de las mujeres a
abortar o que no es un derecho fundamental. El año pasado la Corte
norteamericana había declarado eso mismo, lo que influyó para que algunos
estados declararan ilegal o punible el aborto.
El fallo
también es un duro golpe al proyecto de la izquierda. La razón es sencilla. La
izquierda inventa derechos para sus grupos hegemonizados o que la llevan al
poder en elecciones como indígenas, movimiento feminista con enfoque de género,
la Primera Línea y negros.
Quienes hayan
leído el proyecto de Constitución Nacional chilena, redactado por la izquierda
y que fue rechazado por el pueblo, debieron observar que se llaman “derechos
sociales” a los que favorecen a sus electores.
De esta forma se crea una confusión con los derechos humanos o
fundamentales. Y como la mayor parte de la ciudadanía desconoce la diferencia
entre derechos sociales y fundamentales, cae en la trampa de la izquierda.
Nuestra Corte
Constitucional está en mora de seguir la doctrina recuperada por la Corte estadounidense
en el caso de la discriminación positiva que se viene aplicando en nuestras
universidades hace varias décadas para favorecer a quienes les gusta vivir
sabroso. Negritos “de malas”. No tiene sentido que el color de la piel, el
género o la etnia sean utilizados para discriminar al 50 por ciento de los
colombianos que no somos negros, mujeres, homosexuales o indígenas.
Nuestra
democracia se fundamenta en el mito de la persona humana con derechos
fundamentales iguales para todos; la persona es portadora del poder que delega
en sus gobernantes. Cuando los partidos ganadores de las elecciones corren las
líneas rojas de la ética o buena parte de sus electores actúan bajo coacción de
organizaciones criminales o indígenas, las elecciones deben ser anuladas.
Además, la
sentencia aludida crea enormes expectativas con relación al embeleco del
ministerio de la Igualdad que no tiene otro objetivo que crear discriminación
positiva. Es el caso de España. La igualdad de los niños, según la ministra de
la Igualdad, Irene Montero, consiste en que tienen derecho a relaciones sexuales
con un adulto siempre y cuando haya consentimiento. El propósito de esa
aberración nace del enfoque de género de la izquierda que la misma ministra
vino a recordarle a Gustavo Petro hace apena unos meses. Si los colombianos no están
de acuerdo con la pederastia, “pueden llorar”.
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