martes, 25 de julio de 2023

Médicos integrales comunitarios

 

Con motivo de las protestas de los médicos venezolanos en 1999, el presidente Hugo Chávez decidió sustituirlos por los Médicos Integrales Comunitarios, MIC, imitación de “los médicos descalzos” chinos introducidos por Mao Zedong en 1965, un año antes de iniciar la terrible Revolución Cultural.

 

En la versión original de Carlos Marx, los campesinos no tenían una función revolucionaria por su apego a la propiedad de la tierra y porque, en el desarrollo de los modos de producción, la revolución socialista solo ocurriría necesariamente después del capitalismo. Sin embargo, la revolución se ensayó en pueblos subdesarrollados con una economía medieval o agrícola como Rusia (1917) y China (1948).

 

En los países asiáticos, el rechazo del capitalismo o de la sociedad occidental burguesa llevó a los líderes de la izquierda a considerar que los campesinos debían ser los educadores de los burgueses. Una de las expresiones extremas de ese proyecto se presentó en Camboya cuando los jemeres rojos o guerrilleros comunistas desalojaron completamente la capital Phnom Penh y otras ciudades, trasladaron a sus habitantes al campo para aprendieran de los campesinos entre los años 1975 y 1979.

 

Los médicos descalzos eran campesinos con una formación paramédica mínima para llevar cuidados sanitarios a áreas rurales donde no llegaban los servicios profesionales. Estos “médicos” fueron prohibidos en 1981 con las reformas capitalistas introducidas por el Partido Comunista Chino.

 

El proyecto de Chávez fue rechazado por las organizaciones médicas venezolanas. También por las colombianas por el enorme riesgo para la comunidad y porque no es una solución a la atención primaria y la prevención, objetivos principales en el proyecto petrista de reforma a la Ley 100 de 1993. Como el ponente fue Uribe, debe cambiarse.

 

El exministro Fernando Ruiz compara los MIC con nuestros promotores de salud, aunque sin su preparación académica, que cumplen funciones de prevención y atención básica en zonas rurales. Desde el año pasado se vienen realizando unas mesas en el Congreso, organizadas por el Pacto Histórico, para convalidar los títulos de estos paramédicos. Son unos 600 MIC, la mitad de ellos son colombianos formados en Venezuela.

 

La izquierda considera que el nombre crea realidad. Si los llaman médicos, entonces son médicos. Si a un criminal lo llamamos “gestor de paz”, se convierte en un santo. El proyecto de los MIC se llama en Venezuela Plan Barrio Adentro y en nuestro país parece ser el fundamento de la Reforma Petro con una intención política y de adoctrinamiento. Todos los MIC serían petristas, obviamente.

 

La palabra “integral” es otro abuso del lenguaje, copiado de “teguas”, charlatanes alternativos, brujos o saberes ancestrales para engañar a los incautos. No existe la ciencia integral o del todo. Los MIC tampoco son comunitarios. Solo pretenden el control de las comunidades de la “Colombia profunda”, donde la izquierda, bandas criminales y guerrillas coaccionan el voto campesino.

 

Cada medida, proyecto o comentario de Gustavo Petro es una amenaza para nuestras instituciones y un engaño para los colombianos mal informados.

martes, 4 de julio de 2023

Otro fallo trascendental

 


La Corte Suprema de Estados Unidos acaba de tomar una decisión contra los errores que se venían cometiendo en ese país y en muchos otros, incluido Colombia, por la influencia de la izquierda o de lo políticamente correcto. La Corte acabó con la discriminación positiva, también conocida como la “acción afirmativa” en las universidades para favorecer el ingreso de los negros porque viola la garantía de igualdad de protección de todos los ciudadanos establecida en la Constitución Nacional.

Ese fallo tiene mucha relación con el proferido por nuestra Corte Constitucional hace unas semanas, en el sentido de que no existe el derecho de las mujeres a abortar o que no es un derecho fundamental. El año pasado la Corte norteamericana había declarado eso mismo, lo que influyó para que algunos estados declararan ilegal o punible el aborto.

El fallo también es un duro golpe al proyecto de la izquierda. La razón es sencilla. La izquierda inventa derechos para sus grupos hegemonizados o que la llevan al poder en elecciones como indígenas, movimiento feminista con enfoque de género, la Primera Línea y negros.

Quienes hayan leído el proyecto de Constitución Nacional chilena, redactado por la izquierda y que fue rechazado por el pueblo, debieron observar que se llaman “derechos sociales” a los que favorecen a sus electores.  De esta forma se crea una confusión con los derechos humanos o fundamentales. Y como la mayor parte de la ciudadanía desconoce la diferencia entre derechos sociales y fundamentales, cae en la trampa de la izquierda.

Nuestra Corte Constitucional está en mora de seguir la doctrina recuperada por la Corte estadounidense en el caso de la discriminación positiva que se viene aplicando en nuestras universidades hace varias décadas para favorecer a quienes les gusta vivir sabroso. Negritos “de malas”. No tiene sentido que el color de la piel, el género o la etnia sean utilizados para discriminar al 50 por ciento de los colombianos que no somos negros, mujeres, homosexuales o indígenas.

Nuestra democracia se fundamenta en el mito de la persona humana con derechos fundamentales iguales para todos; la persona es portadora del poder que delega en sus gobernantes. Cuando los partidos ganadores de las elecciones corren las líneas rojas de la ética o buena parte de sus electores actúan bajo coacción de organizaciones criminales o indígenas, las elecciones deben ser anuladas.

Además, la sentencia aludida crea enormes expectativas con relación al embeleco del ministerio de la Igualdad que no tiene otro objetivo que crear discriminación positiva. Es el caso de España. La igualdad de los niños, según la ministra de la Igualdad, Irene Montero, consiste en que tienen derecho a relaciones sexuales con un adulto siempre y cuando haya consentimiento. El propósito de esa aberración nace del enfoque de género de la izquierda que la misma ministra vino a recordarle a Gustavo Petro hace apena unos meses. Si los colombianos no están de acuerdo con la pederastia, “pueden llorar”.