Fundamenté mi
nota contra la decisión arbitraria de la Corte Constitucional de legalizar un “asesinato”
en el avance más importante dado por la ciencia y la filosofía en los últimos
dos siglos: la inexistencia del sujeto. La idea de creernos personas libres o
entidades “reales” se forma en nuestro cerebro cuando aprendemos el lenguaje. La
ausencia de consciencia de sí no le quita al feto su condición de perteneciente
a la especie humana.
Esa fantasía
del sujeto libre de las abortistas es una absurda interpretación de la
ideología burguesa, democrática y capitalista. El mito de Dios, soporte de las
monarquías y las teocracias (todo poder viene de Dios) que autorizaba al rey y
a la Inquisición para decapitar o incinerar humanos, fue remplazado por el mito
del sujeto endiosado y libre para dar licencia a la madre de matar al no nacido
con la venia de la Corte. Cuando se incluye al feto o al niño pretérmino vivo en
el derecho, la política es biopolítica. La Constitución Nacional solo autoriza
o da poder a la Corte y al Estado sobre el niño después de nacido, no antes.
La Corte de
los Estados Unidos acaba de sentenciar que el asesinato del niño antes de nacer
no es un derecho humano fundamental. En un concepto tan elemental se equivocó
nuestra Corte Constitucional: los derechos humanos se predican de cualquier ser
humano por el hecho de existir, sin otra condición como raza, GÉNERO, religión,
sexo, opiniones, etc. La Corte podría autorizar el “crimen”, pero no consagrarlo
como un derecho de la delincuente. Se penaliza maltratar un animal porque
siente, pero se autoriza descuartizar un feto vivo que sufre.
Por otro
lado, no hay ninguna diferencia real entre el niño antes de nacer y después del
parto, aunque nuestro viejo Código Civil haya definido que la condición de
sujeto jurídico la adquiere el pequeño cuando se corta su cordón umbilical,
dado el retraso de la ciencia en ese tiempo.
Si se puede “asesinar”
al bebé a las 24 semanas de gestación (si las cuentas están bien hechas o la
madre no miente sobre su última menstruación), no habría ninguna razón, en la
lógica del Código Civil, para prohibir el asesinato en los dos primeros años. El
verdadero cambio del nené sucede hacia los cuatro años cuando aprende a
interpretar la intención del otro, diferente a la suya, cuando adquiere
consciencia de sí o se hace sujeto imaginario, no real.
El sujeto se
define en relación con la institución que lo hace posible, lo sujeta o domina. De
allí viene la diferencia imaginaria entre buenos y malos, cristianos y ateos, nazis
y judíos, fetos y humanos, ucranianos y rusos, negros y blancos. El mito del
sujeto fue la coartada de los nazis para asesinar a seis millones de judíos; de
Putin, para masacrar a los ucranianos; de la Corte, para autorizar el genocidio.
La democracia no es un totalitarismo y esta no es la Edad Media.