martes, 28 de junio de 2022

EL ABORTO (2)

 

Fundamenté mi nota contra la decisión arbitraria de la Corte Constitucional de legalizar un “asesinato” en el avance más importante dado por la ciencia y la filosofía en los últimos dos siglos: la inexistencia del sujeto. La idea de creernos personas libres o entidades “reales” se forma en nuestro cerebro cuando aprendemos el lenguaje. La ausencia de consciencia de sí no le quita al feto su condición de perteneciente a la especie humana.

Esa fantasía del sujeto libre de las abortistas es una absurda interpretación de la ideología burguesa, democrática y capitalista. El mito de Dios, soporte de las monarquías y las teocracias (todo poder viene de Dios) que autorizaba al rey y a la Inquisición para decapitar o incinerar humanos, fue remplazado por el mito del sujeto endiosado y libre para dar licencia a la madre de matar al no nacido con la venia de la Corte. Cuando se incluye al feto o al niño pretérmino vivo en el derecho, la política es biopolítica. La Constitución Nacional solo autoriza o da poder a la Corte y al Estado sobre el niño después de nacido, no antes.

La Corte de los Estados Unidos acaba de sentenciar que el asesinato del niño antes de nacer no es un derecho humano fundamental. En un concepto tan elemental se equivocó nuestra Corte Constitucional: los derechos humanos se predican de cualquier ser humano por el hecho de existir, sin otra condición como raza, GÉNERO, religión, sexo, opiniones, etc. La Corte podría autorizar el “crimen”, pero no consagrarlo como un derecho de la delincuente. Se penaliza maltratar un animal porque siente, pero se autoriza descuartizar un feto vivo que sufre.

Por otro lado, no hay ninguna diferencia real entre el niño antes de nacer y después del parto, aunque nuestro viejo Código Civil haya definido que la condición de sujeto jurídico la adquiere el pequeño cuando se corta su cordón umbilical, dado el retraso de la ciencia en ese tiempo.

Si se puede “asesinar” al bebé a las 24 semanas de gestación (si las cuentas están bien hechas o la madre no miente sobre su última menstruación), no habría ninguna razón, en la lógica del Código Civil, para prohibir el asesinato en los dos primeros años. El verdadero cambio del nené sucede hacia los cuatro años cuando aprende a interpretar la intención del otro, diferente a la suya, cuando adquiere consciencia de sí o se hace sujeto imaginario, no real.

El sujeto se define en relación con la institución que lo hace posible, lo sujeta o domina. De allí viene la diferencia imaginaria entre buenos y malos, cristianos y ateos, nazis y judíos, fetos y humanos, ucranianos y rusos, negros y blancos. El mito del sujeto fue la coartada de los nazis para asesinar a seis millones de judíos; de Putin, para masacrar a los ucranianos; de la Corte, para autorizar el genocidio. La democracia no es un totalitarismo y esta no es la Edad Media.

martes, 7 de junio de 2022

ELEGIREMOS UN MEME

 

“Los memes son virus mediáticos que se propagan, se reproducen y también mutan con extrema rapidez”. “Tras la victoria electoral de Donald Trump, el Chicago Tribune citó un usuario de 4chan: “Realmente hemos elegido un meme como presidente”. Los colombianos nos preparamos para elegir el nuestro.

Uno de nuestros memes no se acomoda a las expectativas de los usuarios de las redes sociales: serio, pésimo bailarín, elaborado con noticias falsas; su relato, como todos los relatos, no les interesa a los internautas; el espectáculo montado por sus seguidores de la primera línea, en lugar de divertir y entretener, aterró a los colombianos y afectó la economía. Si hace cuatro años sus seguidores entre 18 y 25 años eran el 80 por ciento, ahora son el 52, porque al resto ya no le parece gracioso.

El otro meme, creado por un grupo de jóvenes menores de 29 años, es el avatar de un hombre millonario, agresivo y divertido a la vez; elemental e inmaduro como sus creadores, pero que ahora traiciona, sin darse cuenta, los relatos que hicieron su religión, su patria y su riqueza. Quiere nuestra economía a la medida de su mezquindad de rico.

Hasta ahora, los grandes relatos de Occidente estaban contenidos en libros: la Torá, el Evangelio, la Constitución Nacional y El capital. A los usuarios de las redes sociales no les interesan; solo tienen tiempo para información rápida, diversión y entretenimiento; desprecian los argumentos y se dejan seducir por memes fugaces. Es más válida una noticia falsa emocionante o una teoría de la conspiración que el gran relato democrático o el del Materialismo Histórico.

Los viejos discursos de derechos humanos, la posibilidad de una vida eterna o el triunfo del proletariado después de la derrota del capitalismo no significan nada y, además, son largos, aburridos y no caben en el muro de las redes sociales. Es el fin de las ideologías o de los relatos que, aunque incluían mitos como soporte central, resumían una visión de la historia, ordenaban nuestra sociedad, nos daban identidad y cargaban de sentido nuestras vidas.

En la sociedad del discurso y la comunicación era imprescindible la presencia del otro para discutir y lograr un acuerdo. En la era de la “infocracia” o del poder de los algoritmos, desaparece el otro. Las redes sociales son la expresión máxima del narcisismo o del autismo porque asistimos a ellas para escucharnos a nosotros mismos y a la tribu que reproduce nuestros memes. Es la anarquía o el rizoma esquizoide de Deleuze y Guattari que inspiró la Primera Línea.

Si en épocas anteriores el espectáculo del poder lo representaban el rey, el papa romano o el presidente de la República, en la era de las noticias falsas ese espectáculo lo protagonizan los esclavos, dominados y creados por los algoritmos, mientras el poder de los datos permanece oculto.

Lea el libro Infocracia, de Byung-Chul Han, que inspiró esta nota; 79 páginas, vale $ 27.000 la versión virtual.