Podemos cometer
los mismos errores de los habitantes de otros países como Venezuela, Nicaragua,
Cuba, Perú, Argentina, Chile, etc. No somos mejores ni más inteligentes que ellos,
y lo lógico es que actuemos como ellos porque nuestra cultura es la misma.
El primer
determinante de que muchos latinoamericanos renuncien a la democracia es la
religión cristiana. La estructura mental o la ideología de izquierda consta de
los mismos elementos del cristianismo: el mito del pueblo elegido (el
proletariado), un redentor, soluciones “milagrosas” y un paraíso después de cuatro
períodos de la dictadura de Petro. Estamos condicionados a recibir las
soluciones desde “arriba”, de Dios o un dictador. El populismo se acopló
perfectamente en nuestro inconsciente con el cristianismo.
“Los niños de
todas las culturas y religiones creen que son el centro del mundo”, dice Yuval
Harari y agrega: “La mayoría de las personas abandonan esta ilusión infantil
cuando crecen. Los monoteístas se aferran a ella hasta su muerte”. El marxismo sustituye
la religión para mantener esa ilusión. El líder populista es “Cristo” que
regresa para derrotar el mal o los “corruptos”. No hemos entendido que la
corrupción se supera con desarrollo económico.
Muchos votan
por Petro gracias al adoctrinamiento a que nos ha sometido la izquierda en la
educación básica y universitaria. Por eso, la política es una guerra
generacional. La mayoría de los jóvenes prefieren una dictadura a una democracia.
Aunque Petro no llegue al poder, el adoctrinamiento cristiano y marxista generará
otros autócratas similares.
Así como la
mayoría de los colombianos votamos por el Acuerdo de paz sin haberlo leído,
votamos por cualquier candidato sin conocer su programa de gobierno o, sin
entenderlo, porque no tenemos preparación en economía. “La izquierda no echa
cuentas, echa cuentos”, dice Agustín Laje.
El ciudadano no vota; votan los relatos que
alienan su mente. Las ideologías son los protagonistas de la historia. Quien
vota no soy yo, sino mis complejos, resentimientos, la información, falsa o no,
recibida y mis odios aupados por el colegio, familia, redes sociales, emisoras y
cadenas de televisión. Esos medios son “primera tendencia” mediante la
tergiversación de la información. Si el Gobierno no paga publicidad, lo desacreditan.
Votan por
Petro porque ignoran las bases elementales de nuestro sistema democrático. Ven en
él al rey todopoderoso y desconocen que la mayor parte de sus reformas deben
pasar por el Congreso y la Corte Constitucional. Como en el Congreso no tiene
mayorías, se archivarían; otras morirían en la Corte.
Los
cristianos votan por Petro porque tienen mente binaria. Donde hay un Dios,
existe un demonio. Hitler logró convencer a los alemanes de que el enemigo malo
era el judío, y eso le dio el poder. Si para los chilenos el enemigo era
Pinochet y eligieron un líder de la primera línea, el enemigo imaginario de los
colombianos creado por la izquierda es Álvaro Uribe Vélez. Los “amigos buenos”
son guerrilleros, narcotraficantes, el Clan del Golfo y la primera línea.