martes, 31 de mayo de 2022

Por qué votan por Petro

 


Podemos cometer los mismos errores de los habitantes de otros países como Venezuela, Nicaragua, Cuba, Perú, Argentina, Chile, etc. No somos mejores ni más inteligentes que ellos, y lo lógico es que actuemos como ellos porque nuestra cultura es la misma.

El primer determinante de que muchos latinoamericanos renuncien a la democracia es la religión cristiana. La estructura mental o la ideología de izquierda consta de los mismos elementos del cristianismo: el mito del pueblo elegido (el proletariado), un redentor, soluciones “milagrosas” y un paraíso después de cuatro períodos de la dictadura de Petro. Estamos condicionados a recibir las soluciones desde “arriba”, de Dios o un dictador. El populismo se acopló perfectamente en nuestro inconsciente con el cristianismo.

“Los niños de todas las culturas y religiones creen que son el centro del mundo”, dice Yuval Harari y agrega: “La mayoría de las personas abandonan esta ilusión infantil cuando crecen. Los monoteístas se aferran a ella hasta su muerte”. El marxismo sustituye la religión para mantener esa ilusión. El líder populista es “Cristo” que regresa para derrotar el mal o los “corruptos”. No hemos entendido que la corrupción se supera con desarrollo económico.

Muchos votan por Petro gracias al adoctrinamiento a que nos ha sometido la izquierda en la educación básica y universitaria. Por eso, la política es una guerra generacional. La mayoría de los jóvenes prefieren una dictadura a una democracia. Aunque Petro no llegue al poder, el adoctrinamiento cristiano y marxista generará otros autócratas similares.

Así como la mayoría de los colombianos votamos por el Acuerdo de paz sin haberlo leído, votamos por cualquier candidato sin conocer su programa de gobierno o, sin entenderlo, porque no tenemos preparación en economía. “La izquierda no echa cuentas, echa cuentos”, dice Agustín Laje.

 El ciudadano no vota; votan los relatos que alienan su mente. Las ideologías son los protagonistas de la historia. Quien vota no soy yo, sino mis complejos, resentimientos, la información, falsa o no, recibida y mis odios aupados por el colegio, familia, redes sociales, emisoras y cadenas de televisión. Esos medios son “primera tendencia” mediante la tergiversación de la información. Si el Gobierno no paga publicidad, lo desacreditan.

Votan por Petro porque ignoran las bases elementales de nuestro sistema democrático. Ven en él al rey todopoderoso y desconocen que la mayor parte de sus reformas deben pasar por el Congreso y la Corte Constitucional. Como en el Congreso no tiene mayorías, se archivarían; otras morirían en la Corte.

Los cristianos votan por Petro porque tienen mente binaria. Donde hay un Dios, existe un demonio. Hitler logró convencer a los alemanes de que el enemigo malo era el judío, y eso le dio el poder. Si para los chilenos el enemigo era Pinochet y eligieron un líder de la primera línea, el enemigo imaginario de los colombianos creado por la izquierda es Álvaro Uribe Vélez. Los “amigos buenos” son guerrilleros, narcotraficantes, el Clan del Golfo y la primera línea.

 

martes, 17 de mayo de 2022

NEPOTISMO

 

Las últimas elecciones desnudaron los aspectos más sucios de la política ya conocidos en los partidos tradicionales, pero que son más groseros en la izquierda disfrazada de “centro”. Los dirigentes de FECODE y los sindicatos, que mintieron cuando se presentaron como líderes de los bloqueos y la destrucción de nuestra infraestructura de transporte, fallaron en su intento de llegar al Congreso con el propósito de acabar con el uribismo, según dijo el gordito en permiso sindical permanente, Nelson Alarcón.

También falló Gustavo Petro porque no pudo meter a su exesposa, Mary Luz Herrán, a ganarse $ 34, 5 millones mensuales, “cuota alimentaria” para ella y los dos hijos que dio al “Señor de las Bolsas”. No falló el camaleón Roy Barreras, pues empujó a su esposa al Legislativo; tampoco falló la hija del guerrillero del M-19, Carlos Pizarro León-Gómez, en arrastrar a su hermana al Congreso.

Estamos cambiando las familias Turbay, Santos, Ospina, Gómez, Lleras y Char, entre otras, por las Márquez, López Lozano, Asprilla, Barreras, Córdoba, Cepeda, Pizarro, Benedetti, Petro, Robledo, etc. Las coaliciones no se hicieron para la primera vuelta presidencial por razones ideológicas y, más bien, primaron los intereses familiares. Un ministerio y un buen contrato público para un familiar son determinantes de los pactos. Las ideologías solo motivan a los tontos.

La vinculación de familiares al poder se llama nepotismo, expresión que viene de “nepote”, sobrino. Era muy común en la iglesia católica que el papa vinculara a la burocracia del Vaticano a familiares, hijos, amigos o amantes a los que se llamaba “sobrinos” para ocultar su verdadera condición o relación con el papa.

Francia Márquez ha sido líderesa en una comunidad en que había dominado la minería ilegal y que hoy es tierra cocalera, según los reportajes realizados por Salud Hernández en revista Semana. Allá están sus “sobrinos”. Otro caso es el de Isabel Cristina Zuleta, la elegida congresista por el Pacto Histórico, lideresa de la comunidad de Hidroituango, quien confesó, con el mismo cinismo de Gustavo Petro o Claudia López, su campaña sucia contra otros dos aspirantes a la presidencia de la República. Su función es destructiva y en clara consonancia con los planes de Petro de acabar con ese proyecto energético.

Los “líderes sociales” nos son, en su mayoría, ciudadanos decentes que luchan por los derechos humanos, el medio ambiente o los intereses de los pobres; son militantes de la izquierda que son asesinados en la guerra por el control de los territorios del narcotráfico, la minería ilegal y otros negocios sucios. De allí la orden dada por el Clan del Golfo de votar por Gustavo Petro y el apoyo del ELN y otras organizaciones criminales al Pacto Histórico.

El padrinazgo es la forma de corrupción más usada por la izquierda. Ese padrinazgo incluye a los intelectuales y maestros que adoctrinan nuestros hijos en su ideología de odio y destrucción; incluye a muchos “líderes sociales”, organizaciones criminales, la Primera Línea y millones de ingenuos.

martes, 10 de mayo de 2022

EL PACTO HISTÓRICO


 

Son solo cinco conceptos novedosos o poco conocidos los usados por esta columna desde 2019 cuando decidí discutir la definición del historiador israelí Yuval Noah Harari: el ser humano es un algoritmo. 

 

El primero es sencillo y fue tomado del texto de Harari, Sapiens: de animales a dioses; es también el más importante desde el punto de vista político. Para crear un nuevo orden social, religioso o político, se requiere un mito. Un líder o una comunidad debe convencer a un gran número de personas de ese mito como si fuera real para que, en el transcurso de mucho tiempo, que puede ser de tres o cuatro siglos, aparezca un nuevo orden.

 

Por ejemplo, la religión y teocracia judías necesitaron varios siglos, a partir del año 450 antes de Cristo, para consolidar el mito del Dios único, Yahvé. Ese Dios único hizo una alianza o un “pacto histórico” con los patriarcas de Israel mediante el cual les daría las tierras de palestina a cambio de que lo adoraran. Como tierra era lo que necesitaban, eso les prometieron los sacerdotes creadores del mito.

 

El cristianismo también suscribió un pacto histórico con Dios. Esa alianza sucedió cuando Dios Mismo tomó la iniciativa de enviar a su Hijo Jesucristo a morir en una cruz para que nuestro pecado original y los otros fueran perdonados y pudiéramos ir al cielo. Los pobres y esclavos del Imperio Romano corrieron a aceptar el mito porque era una forma de elevar su estrato social y les daba la oportunidad de sentirse más importantes que los ciudadanos romanos. Entraron a conformar el “pueblo elegido” de Dios. 

 

Cuando los sacerdotes dejaron de gobernar y fueron remplazados por los reyes o monarcas, el mito de Dios se mantuvo como la fuente de todo poder. Los reyes o la nobleza y los sacerdotes se apoyaron mutuamente para gobernar hasta la Edad Media.

 

Luego vino la democracia. Su mito, que tardó al menos tres siglos (XVII, XVIII y XIX) para ser aceptado por millones de europeos y norteamericanos, fue la persona humana con su voto en las elecciones. El poder ya no reside en Dios, sino en el ciudadano. La Ilustración creó el mito del que surgió el contrato social o pacto histórico y el nuevo orden de la sociedad burguesa, democrática y capitalista.

 

La democracia apenas comenzaba a ganar adeptos cuando apareció un tal Carlos Marx con su Manifiesto comunista en 1848. Como no pudo leer a Harari, propuso un mito, pero no para lograr acuerdos, sino para que una clase social, el proletariado, luchara contra otra, la burguesía. Eso no funcionó. 

 

El error del Pacto Histórico es creer que ganando unas elecciones y reeligiendo a Gustavo Petro por cuatro períodos más se va a conseguir una nueva Colombia o el hombre nuevo que soñaban nazis y comunistas sin definir un nuevo mito en el que la mayoría de los ciudadanos estemos de acuerdo.

 

Discutiré los otros cuatro conceptos anunciados.

martes, 3 de mayo de 2022

UN NUEVO ORDEN SOCIAL

 

Solo existe una forma de crear una organización social, ya se trate de una nueva forma de religión o de gobierno. Es necesario poner de acuerdo un amplio número de personas sobre un mito que las motive a colaborar. Así se formaron las religiones judía y cristiana como también la democracia.

 

Las funciones de ese mito son: servir de centro a una doctrina o estructura mental que permita interpretar la realidad y la historia de la sociedad; dar sentido a la vida de los asociados y determinar el fundamento del poder. Veamos cómo se cumplen estas funciones en el judaísmo, el cristianismo y la democracia capitalista.

 

Después de que parte del pueblo de Israel regresó del exilio en Babilonia y Persia y construyó las murallas de la nueva Jerusalén en el año 450 a. C., empezaron a llegar los sacerdotes de Yahvé con un libro nuevo, la Torá, los primeros cinco libros de nuestro Antiguo Testamento, en los que se contaba el mito de la alianza que Yahvé había acordado con los patriarcas de su pueblo elegido.

 

No había en Jerusalén sacerdotes de otros dioses como antes del exilio. La alianza establecía que Yahvé, el único Dios, les daría esas tierras a cambio de que lo adoraran solo a Él. Necesitaban una tierra donde vivir y era eso lo que ofrecían los sacerdotes en la nueva sociedad gobernada por ellos. El poder de los sacerdotes se fundamentaba en un mito contenido en un texto.

 

Fue exactamente lo que sucedió con el cristianismo. Pablo o Saulo de Tarso y los primeros líderes crearon el mito de Jesús de Nazaret como expresión de una nueva alianza con Dios. El Padre había enviado a su Hijo para que muriera en una cruz por nuestros pecados y nos garantizara una nueva tierra, pero no en este mundo, sino después de la muerte y, claro, los sacerdotes católicos tomaron el poder después de varios siglos de luchas entre distintas corrientes cristianas.

 

La iglesia católica pudo conservar su poder en Europa hasta el siglo XVI. El gran logro del monje católico Martín Lutero fue poner las bases del mito fundacional del protestantismo y la democracia: el sujeto o la persona humana libre. Como la salvación y la gracia de Dios son personales, sin el clero como intermediario, el protestantismo se impuso en Europa. En los siguientes tres siglos, el mito del sujeto libre sirvió a la implantación de la democracia capitalista.

 

No se puede fundar una nueva patria colombiana sin un mito en el que todos estemos de acuerdo y, menos, si quienes tomen el poder desprecian a la mitad de los ciudadanos. En Chile y Perú el poder fue tomado por la izquierda que logró engañar a distintos grupos con intereses opuestos representados en la primera línea. Ya vemos los resultados caóticos. Los comunistas fracasaron en el siglo pasado porque no entendieron este proceso y volverán a fracasar.