jueves, 22 de febrero de 2018

OTRA VISIÓN DE LA MUERTE



Nuestra cultura judeocristiana  tiene sus orígenes en la filosofía griega con su concepto del alma que se une inicialmente al óvulo fecundado y se separa del cuerpo en el momento de la muerte mientras llega el juicio final para definir su destino eterno.

Sin embargo, el desarrollo de las ciencias nos han llevado a concluir que el alma no existe y que la conciencia de mí mismo tiene una explicación distinta desde cuando se estudiaron las experiencias de aquellos niños recién nacidos que eran separados de los humanos, como en el caso de una accidente de aviación en la selva o como en la leyenda de Tarzán o en el mito de Rómulo y Remo alimentados por una loba.

Estos niños, un poco más de medio centenar conocidos, cuando eran encontrados años después, no hablaban, no tenían conciencia de sí, emitían los mismos gruñidos de la especie que los crió, se asustaban ante la presencia humana y no tenían una sexualidad como la nuestra, esto es, no eran atraídos por un humano.  Estos “niños de los lobos”, como se les llama, nos permiten entender nuestra verdadera condición humana.

En primer lugar, sin la asistencia de otros seres humanos no alcanzamos a ser conscientes de nosotros mismos, no surge mi condición de sujeto o persona distinta y separada de los otros. Es decir, no dejamos la condición de los animales o, en términos metafóricos, no salimos del paraíso. No llegamos al “uso de razón” a través de la maduración natural del cerebro sin la presencia o asistencia de otros.

Es la acción delirante, poética y amorosa de la madre o de quien cumpla su función la que realiza el milagro que nos introduce en la especie humana o en una comunidad hablante; la que despierta nuestra consciencia, nuestro yo o nuestra persona; la que nos inicia en la aventura de la libertad.  El deseo de la madre marca el destino del niño; su rechazo del crío le ocasionará múltiples problemas afectivos o mentales.

Ese despertar de la consciencia de nosotros mismos organiza nuestra mente como un lenguaje y genera dos registros, el imaginario y el simbólico, que estructuran el mundo mental en el que nos movemos.  Con sus cantos, juegos y mimos, el deseo de mi madre crea esa imagen o conciencia de mí que me permite participar del mundo de los  humanos y que será mantenida en el diálogo y encuentro con los otros.

Cada vez que otra persona me desee como ser humano, revivirá la experiencia primera y ratificará mi ser, mi dignidad y mi alegría de vivir, todo ello en el mundo ideal de mi condición. Por eso, cuando dejo de existir solo muere mi cuerpo porque mi yo, mi consciencia de mí, no es más que una creación de mi mente y como tal nunca perece.



miércoles, 14 de febrero de 2018

EL PODER DE LOS POBRES



Los pobres tienen el poder que les da el hecho de ser mayoría; pero no saben aprovecharlo.

Son los pobres quienes eligen nuestros gobernantes cuando venden su voto por $20.000 o por un tamal; también, cuando votan por el político que les dio un subsidio, convencidos de que fue un acto de generosidad y no saben que se trataba de una coartada. Uribe Vélez, Juan Manuel Santos y Gustavo Petro y muchos otros tienen en el subsidio su mejor forma de engañar al elector. Familias en acción, casas gratis, Bogotá sin hambre, el agua subsidiada o rebaja en los pasajes de Transmilenio son alguna de las formas del fraude.

El subsidio es la mejor estrategia del populismo de derecha o de izquierda. Por eso nos llenamos de gobernantes izquierdosos en el momento en que los precios del petróleo, los minerales y otros recursos naturales estaban por las nubes. Hicieron su agosto, pero cuando la plata se acabó, entraron en crisis, Correa salió corriendo, Venezuela se muere de hambre, Lula va para la cárcel y Argentina aplica dolorosas medidas de restricción del gasto público para corregir las barbaridades de los Kirchner.

Estamos en un momento crucial de la historia de Colombia en el que la mayoría sedienta de justicia y subsidios podrán imponer el nuevo presidente de la República. Es la dialéctica del tamal contra la Colombia humana. Dos corrupciones juegan sus cartas marcadas para motivar a los pobres porque los cultos, los intelectuales o las clases medias y altas no les importan esas pequeñeces. No es el espectáculo de la democracia; es el sainete de los tontos.

Sin embargo, en este panorama desolador aparece otro personaje de todas las clases sociales, pero igual de estúpido, decidido a depositar su voto irracional, aunque en el pasado solo estaba activo en las redes sociales. Son los muchachos que no entienden lo que leen (cuando leen), que se formaron en universidades y colegios públicos cuando la academia estaba en manos de los intelectuales y maestros de izquierda. No necesitan subsidios, quizás, pero han encontrado la oportunidad de liberarse de sus frustraciones y resentimientos mediante la proyección de su rabia contra las viejas castas políticas corruptas.

Sí, en manos de los pobres, siempre engañados, y de los jóvenes ingenuos, está el futuro de la Nación.  Quienes conocen el fraude de los redentores que van acabar con la corrupción sin resolver el problema del desarrollo no cuentan para nada en esta película; el populismo dejará sin argumentos la academia; será el triunfo de la ideología sobre la ciencia; los misioneros se burlarán de los científicos, otra vez.

Es tal la incertidumbre que ningún experto se imagina lo que va a pasar en las elecciones que se avecinan.  El espejo de Venezuela no ha servido para que los seguidores de Petro, Claudia López y Fajardo entiendan…