Aunque la tradición ha establecido una norma que prohíbe hablar de religión y política, es inevitable hacerlo para entender las guerras de Oriente, la ridícula salida del ateo Gustavo Petro al llamar “amigo” al recién fallecido papa Francisco, y también es necesario hablar de política para comprender la historia de las religiones monoteístas: cristianismo, islam y judaísmo.
Las religiones monoteístas surgieron para resolver problemas políticos. Así, el judaísmo se inició después del regreso de los hebreos a Jerusalén desde Babilonia (Irak) y Persia (Irán) a partir del año 539 a. C., gracias a la autorización de Ciro, rey de Persia, como una jugada política que le sirviera para ampliar sus dominios. Yahvé fue un invento sacerdotal para favorecer al rey de reyes persa.
Como Ciro nombró a los sacerdotes de Yahvé sus representantes y encargados de recolectar los impuestos, desaparecieron las sectas de dioses distintos a Yahvé y los reyes civiles que gobernaban en Israel antes del exilio perdieron el poder. Así nació la teocracia que se estructuró con su canon, mitologías y textos sagrados entre los años 400 y 200 a. C., tiempo conocido como el “período oscuro” de Israel. Con el gobierno del clero desaparecieron los profetas, personajes seguramente mitológicos. Algo similar pasaría con el cristianismo: después de Jesucristo, Dios no volvió a “comunicarse”. Curioso.
En un hecho trascendental, los judíos en Persia estuvieron en contacto con la religión de Zoroastro y así aprendieron los elementos básicos de la dogmática de los fariseos resumidos muy bien por Peter Watson en su libro Ideas: “De hecho, la vida después de la muerte, la resurrección, el juicio final, el cielo y el paraíso, así como el infierno y el demonio, son todas ideas inauguradas por el zoroastrismo”. A diferencia de la religión de los sacerdotes hebreos, basada en la promesa de Yahvé de darles la tierra Palestina, por la que aún siguen peleando y que nunca fue plenamente suya, la secta de los fariseos creía en los mitos zoroastrianos y lo mismo harán siglos más tarde los cristianos.
También, procedimientos políticos determinaron el nacimiento de los cristianismos, incluidas la religión católica, la ortodoxa griega, la religión copta de Egipto, la secta nestoriana y el arrianismo. La influencia política en el nacimiento del cristianismo tiene nombre propio: Constantino. Fue el emperador romano que el año 325, en el concilio de Nicea, convocado por él, se impuso la divinidad de Jesús y la Trinidad en contra de los arrianos; en ese mismo concilio se aprobó el credo que hoy repiten los católicos
Los sucesores del emperador Constantino fueron cristianos no católicos El Edicto de Tesalónica (año 380) de los gobernantes del imperio romano entonces dividido, Graciano, Valentiniano y Teodosio, declaró: “Creemos, conforme a la doctrina apostólica y a la doctrina evangélica, en la divinidad única del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo bajo el concepto de una igual majestad y de la piadosa Trinidad”. La religión es política, es lucha por el poder.