Puede ser muy difícil para un fanático religioso o de izquierda entender los libros de Yuval Noah Harari porque hacen una crítica demoledora a ambas ideologías. Por ejemplo, considera que las religiones no resuelven nada, pero dan identidad a sus seguidores y un sentido ficticio a sus vidas. Y plantea: “La versión marxista de la sociedad no solo es cínica, sino errónea. Que los intereses materialistas desempeñaron un papel real en las cruzadas, en las guerras y en la mayoría de los conflictos humanos, no significa que los ideales religiosos, nacionales y liberales no tuvieran ningún papel en absoluto. Además, los intereses materiales no pueden explicar por sí solos la identidad de las facciones rivales”.
Esta cita nos muestra perfectamente como la izquierda marxista o materialista de la lucha de clases es obsoleta y ha dado un salto cualitativo a la hegemonía identitaria y al posmodernismo que Petro ignora. El M–19 nunca fue de izquierda, pero Gustavo Petro se declara socialista y demócrata, aunque es un romántico movido por su grave trastorno mental.
Otra dificultad en la comprensión de los libros de Harari es el concepto de “Nexus” que da título a su último libro. “Nuestro problema tiene que ver con las redes, más concretamente, es un problema de información” o de nexos. Los relatos religiosos y políticos construyen redes de seguidores, de identidades nuevas y de falsas “realidades”.
Tercera dificultad. En Nexus, Harari asegura que las ideologías o relatos no representan la “realidad”. La idea ingenua de información nos lleva a la verdad y luego a la sabiduría y al poder. Eso pasa con las religiones y las ideologías políticas. Así pensamos todos cuando somos fieles de una secta religiosa o a un partido político, pero lo único que nos dan las ideologías es una red de personas que piensan como nosotros.
En resumen, tenemos tres niveles de “realidad”: subjetivo, objetivo e intersubjetivo (red, nexo, comunicación). Son “realidades” intersubjetivas: leyes, códigos, Constitución Nacional, dioses, dinero, el mundo simbólico, etc. El nivel intersubjetivo surge cuando aprendemos a comunicarnos en la familia y en la cultura en que vivimos. Ese tercer nivel de “realidad” se llamaba el mundo simbólico. La genialidad de Harari reside en que introduce una forma de entender nuestra realidad simbólica incluidas las redes sociales o el internet con el concepto de “nexus”.
Slavoj Zizek ya había intentado relacionar el mundo online con el offline a partir de las teorías de Jacques Lacan sobre la “realidad” virtual o simbólica. La versión de Byung-Chul Han cambia un poco en su libro No-cosas, pero llega a conclusiones similares. No-cosas es el mundo virtual de internet; “cosas” es el mundo offline, el mundo en que vivimos. Para Zizek, ambos mundos son virtuales, pero diferentes. En las redes sociales desaparece el otro y no hay ética, condición que facilita el engaño de la red de partidarios para llegar a la presidencia de la República. En fin, asistimos al fin de las ideologías religiosas y políticas, como dice Jean-François Lyotard.