martes, 29 de abril de 2025

Para leer a Harari


Puede ser muy difícil para un fanático religioso o de izquierda entender los libros de Yuval Noah Harari porque hacen una crítica demoledora a ambas ideologías. Por ejemplo, considera que las religiones no resuelven nada, pero dan identidad a sus seguidores y un sentido ficticio a sus vidas. Y plantea: “La versión marxista de la sociedad no solo es cínica, sino errónea. Que los intereses materialistas desempeñaron un papel real en las cruzadas, en las guerras y en la mayoría de los conflictos humanos, no significa que los ideales religiosos, nacionales y liberales no tuvieran ningún papel en absoluto. Además, los intereses materiales no pueden explicar por sí solos la identidad de las facciones rivales”.

Esta cita nos muestra perfectamente como la izquierda marxista o materialista de la lucha de clases es obsoleta y ha dado un salto cualitativo a la hegemonía identitaria y al posmodernismo que Petro ignora. El M–19 nunca fue de izquierda, pero Gustavo Petro se declara socialista y demócrata, aunque es un romántico movido por su grave trastorno mental.

Otra dificultad en la comprensión de los libros de Harari es el concepto de “Nexus” que da título a su último libro. “Nuestro problema tiene que ver con las redes, más concretamente, es un problema de información” o de nexos.  Los relatos religiosos y políticos construyen redes de seguidores, de identidades nuevas y de falsas “realidades”.

Tercera dificultad. En Nexus, Harari asegura que las ideologías o relatos no representan la “realidad”. La idea ingenua de información nos lleva a la verdad y luego a la sabiduría y al poder. Eso pasa con las religiones y las ideologías políticas. Así pensamos todos cuando somos fieles de una secta religiosa o a un partido político, pero lo único que nos dan las ideologías es una red de personas que piensan como nosotros. 

En resumen, tenemos tres niveles de “realidad”: subjetivo, objetivo e intersubjetivo (red, nexo, comunicación). Son “realidades” intersubjetivas: leyes, códigos, Constitución Nacional, dioses, dinero, el mundo simbólico, etc.  El nivel intersubjetivo surge cuando aprendemos a comunicarnos en la familia y en la cultura en que vivimos. Ese tercer nivel de “realidad” se llamaba el mundo simbólico. La genialidad de Harari reside en que introduce una forma de entender nuestra realidad simbólica incluidas las redes sociales o el internet con el concepto de “nexus”. 

Slavoj Zizek ya había intentado relacionar el mundo online con el offline a partir de las teorías de Jacques Lacan sobre la “realidad” virtual o simbólica. La versión de Byung-Chul Han cambia un poco en su libro No-cosas, pero llega a conclusiones similares. No-cosas es el mundo virtual de internet; “cosas” es el mundo offline, el mundo en que vivimos. Para Zizek, ambos mundos son virtuales, pero diferentes. En las redes sociales desaparece el otro y no hay ética, condición que facilita el engaño de la red de partidarios para llegar a la presidencia de la República. En fin, asistimos al fin de las ideologías religiosas y políticas, como dice Jean-François Lyotard. 

martes, 15 de abril de 2025

La verdad sobre Jesús


La tremenda crisis de la Iglesia Católica, el incremento de otras sectas cristianas, el fácil acceso a todo tipo de información virtual y la proliferación de grupos conformados por ateos militantes son, entre otros factores, señales del cambio planetario que se aproxima en materia religiosa, como si la profecía de la muerte de Dios, lanzada por Nietzsche en el siglo XIX se estuviera cumpliendo.

 

Esas circunstancias me llevaron a iniciar una investigación sobre la historia de nuestra tradición judeocristiana que se ha reflejado en varios artículos pioneros en la prensa colombiana acerca del origen del monoteísmo y de ese personaje fascinante nacido hace veinte siglos en la pobre Galilea.

 

Pues bien, entre los textos estudiado encontré uno merecedor de las mejores críticas de la prensa norteamericana, escrito por un iraní convertido al cristianismo.  Él se llama Reza Aslan y su libro, El zelote.  Debo anotar que todas y cada una de las conclusiones de mi investigación sobre Jesús histórico aparecen ratificadas y mejoradas en ese texto.

 

Leamos algunas de las sorprendentes afirmaciones de Aslan: “Solo dos hechos conocemos de la vida de Jesús: era un líder judío y por eso fue crucificado por los romanos”. El cuadro que Pablo hizo de Jesús era inaceptable para los judíos y para los discípulos del galileo. El Cristo inventado por Pablo borró al Jesús histórico, pues los evangelios se escribieron para ratificar o legitimar Pablo, quien no los conoció.  

 

Como los evangelios fueron escritos después del fracaso de la rebelión judía del año 66, era lógico que sus autores se distanciaran de los movimientos independentistas, suprimiendo cualquier indicio revolucionario o sedicioso que tuviese el verdadero Jesús, quien fue transformado en un manso predicador, autor de buenas obras y cuyo reino no era de este mundo.  

 

Jesús fracasó y por eso la Iglesia primitiva cambió el modelo de mesías.  Más aún, Jesús ni siquiera cumplía con una sola de las condiciones que se podían esperar del mesías.  El reino de Dios  que había prometido nunca se realizó.  Después de la destrucción de Jerusalén, el cristianismo fue casi exclusivamente una religión de gentiles, no de ciudadanos romanos ni de judíos.  El verdadero Jesús no era Dios; tampoco era el mesías y no resucitó.  

 

Hace apenas medio siglo se empezaron a publicar en Colombia las investigaciones históricas, arqueológicas y teológicas que llegaron a esas conclusiones desmitificadoras del cristianismo y, aunque algunos clérigos se han referido en los medios a ellas, la mayoría de los creyentes siguen considerando los evangelios como hechos históricos.

 

Además, las investigaciones neurocientíficas y las reflexiones de los filósofos sobre estas han llegado a conclusiones más alarmantes referidas a nuestra realidad, aunque la mayoría de los colombianos no alcanzan a captar sus implicaciones. No somos realidades, sino creaciones mentales o algoritmos. La memoria nos engaña y mantiene la idea de que somos sujetos o personas reales. El problema no es la existencia de Dios, sino la existencia nuestra.  “Ser o no ser” es el dilema planteado por el príncipe Hamlet.