Por aquello de que “no se habla de religión ni de política” estuvimos al margen de la evolución de ambas. En el caso de la primera, el padre Alfonso Llano Escobar nos contó, en Confesiones de fe crítica, que apenas en las últimas décadas del siglo pasado se empezaron a publicar en Colombia las investigaciones que habían realizado los europeos sobre Jesús histórico y las sagradas escrituras desde el siglo XVII. La política fue una alternativa de la religión para enfrentar los problemas sociales.
La religión católica dominó nuestra cultura hasta el año 1959, año del triunfo de la revolución cubana. Ese año empezó el control de nuestra educación y de nuestra cultura por la nueva izquierda cuando comprendió que no era viable una revolución violenta para el dominio de los medios de producción por el proletariado y el partido comunista; se trataba más bien de una revolución cultural o la creación de un nuevo lenguaje para conquistar la mente de los ciudadanos como había hecho la religión.
El nuevo revolucionario no era el guerrillero, sino el maestro adoctrinador o el intelectual. Los resultados están a la vista. Aunque el M – 19 nunca fue de izquierda, el ateo Gustavo Petro se declaró socialista o marxista; su programa de gobierno es complemente anacrónico, dedicado a nacionalizar los servicios públicos y quebrar clínicas y universidades particulares. Su propósito es subsidiar a los pobres para ganar sus votos y asumir una dictadura.
Al perder la religión romana el dominio sobre la educación, el ateísmo empezó a crecer. Cuando comenzaba el siglo XXI, un 8 por ciento de los colombianos eran ateos; pero si usted va a una iglesia hoy, notará la ausencia casi total de los jóvenes, que el clero no ha modernizado su doctrina y que el catolicismo se quedó rezagado desde el siglo XVI.
Un texto resume perfectamente lo ocurrido, El zelote (2014) del iraní Reza Aslan, subtitulado “La vida y la época de Jesús de Nazaret”. Escribe Aslan: “solo hay dos contundentes hechos históricos sobre Jesús de Nazaret en los que podemos confiar con seguridad: el primero es que Jesús fue un judío que lideró un movimiento popular en Palestina (...); el segundo es que Roma lo crucificó por ello”. También es mitología el Antiguo Testamento. Un estudio al respecto es La Biblia desenterrada (2001), escrito por Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman, arqueólogos israelíes.
La discusión sobre religión y política ha avanzado mucho como han podido comprobar quienes hayan seguido esta columna. Por ejemplo, se considera que la democracia liberal o la Ilustración sustituyó a Dios por la persona humana como fundamento del poder político; un mito fue remplazado por otro para crear la ideología democrática.
Si el ser humano no es una entidad o una “realidad”, el discurso de los ateos ha perdido sentido. El problema no es si Dios existe, es que yo no existo, soy un algoritmo, como dice Harari. El fin de los grandes relatos (religión, democracia liberal, marxismo)