Peter Watson escribió el libro La edad de la nada, subtitulado El mundo después de la muerte de Dios (2014). Watson nos recuerda que Sigmund Freud propuso que hay cuatro paliativos o conjunto de herramientas y técnicas de índole analgésica, cultural y psicológica que nos ayudan a sobrellevar la vida o a darle sentido: la religión, el arte, el amor y la intoxicación o adicción a sustancias psicoactivas.
Para Freud, la creencia en un Dios de amor y en una bienaventurada vida ultraterrena es “provocada por el deseo”. El arte no está al alcance de todos. El amor es el paliativo que se busca con mayor ahínco, ya que nos conforta enormemente y nos procura, con el sexo, las más intensas experiencias, aunque lleva aparejados grandes riesgos. Y la intoxicación es el método más tosco, pero también es el más eficaz como paliativo.
En una visión contemporánea habría que agregar otro paliativo que resume a todos los demás: las ideologías. Para un marxista clásico o ateo, su ideología cumple la misma función de Dios como paliativo que le da sentido a su vida. Y al fin de cuentas, la religión es ideología también como el arte, el amor y la intoxicación. En el caso del amor universal de Francisco de Asís, Freud planteaba críticas porque no elige un objeto y no todos los humanos son merecedores de amor.
Esta introducción apunta a analizar la curiosa teoría presentada por Gustavo Petro en La Conferencia Latinoamericana y del Caribe sobre Drogas, celebrada en Cali, según la cual, la soledad lleva a la drogadicción y, por tanto, su solución es “crear amor”. Aunque los seguidores de Petro, incluida la escritora y exguerrillera Laura Restrepo, dicen que tiene una inteligencia superior, la teoría planteada ante personajes cultos de muchos países me parece tan infantil como las que se le ocurren a Francia Márquez.
“Causa” es un concepto mitológico aplicado por la ciencia con ciertas reservas a los eventos físicos u objetivos. El comportamiento humano no surge de una sola “causa” porque es sobre-determinado o producido por múltiples factores. La falta de amor y la soledad no llevan necesariamente a la adicción. Usted puede estar solo o sin amor y darle sentido a su vida a través de la religión, el arte o la política sin tener que recurrir a un “porro”; o puede ser drogadicto teniendo mucho amor en su familia y en sus relaciones sentimentales. La teoría de Petro parece más bien una confesión, pues todos sabemos que él tiene sus adicciones y trata de justificarlas por su soledad o las terribles depresiones que siempre lo han acompañado, según cuenta en su biografía.
Hay muchas circunstancias no relacionadas con la falta de amor que facilitan el consumo de alucinógenos, como las estrategias usadas por los distribuidores para engañar a los niños; la protección de los campesinos cocaleros por parte del gobierno, el Acuerdo de paz, la no aspersión con glifosato, el Pacto de la Picota, etc.