martes, 12 de enero de 2021

DE GENES Y MEMES

 

Cuando estudiaba medicina hace medio siglo, la ciencia decía que era muy difícil que se diera un cambio genético porque se necesitaba un gran impacto, como la radiación de una bomba atómica. La epigenética, una ciencia de este siglo XXI, ha llegado a la conclusión que eso no es cierto y que el medioambiente, las relaciones con los otros, el estilo de vida, la dieta, el licor y hasta la meditación pueden generar cambios en nuestros genes que podemos transmitir a los hijos.

Si el gen es la unidad básica de la información utilizada por la célula para determinar nuestras características físicas y emocionales, se conoce como “meme” la unidad mínima de transmisión o replicación de la herencia cultural. Cada comentario, foto, video o melodía que replicamos en redes sociales o publica un medio de comunicación se compone de memes. Las organizaciones sociales, los partidos políticos, las instituciones del Estado, las religiones y toda expresión cultural susceptible de ser replicada es una especie de discurso o algoritmo conformado por los fragmentos de sus elementos, los memes. Los seres humanos somos el resultado de la combinación de genes y memes.

De la misma forma que los genes, nuestro ADN de los cromosomas de cada célula, pueden ser atacados por un virus y provocarles una mutación que cause un cáncer o una enfermedad, los memes de las redes, de nuestro computador, de la cuenta bancaria o cualquier organización social puede ser invadida por virus virtuales y dañarlos. Los genes se copian o se replican en cada nueva célula, evolucionan y pueden sufrir cambios positivos a negativos para el organismo. Los memes que conforman nuestra sociedad o que llevamos en la memoria como relatos, también evolucionan y pueden modificarse positiva o negativamente.

La mutación o modificación de gen equivale en un meme a lo que se conoce como disrupción, entendida como innovación, ruptura o transición digital. Una disrupción puede redefinir totalmente una empresa, una organización, una sociedad, un partido político, una religión o cualquier institución social. Tesla, Uber, Airbnb, las nuevas formas de bancos virtuales, la mensajería, etc. son disrupciones o mutaciones de nuestra cultura.

En la columna anterior me referí a las neuronas en espejo o a la teoría de la mente para la explicación científica de la tendencia en nuestro cerebro de adherirse como velcro a las noticias falsas, a las teorías de la conspiración y a las informaciones violentas; en cambio, el cerebro funciona como teflón ante las noticias o comentarios positivos y conciliadores. Eso significa que nuestro cerebro está programado para la supervivencia o eludir el peligro y no tanto para la felicidad, es decir, tiene un sesgo negativo que es evidente en los medios y en las redes sociales. Este fenómeno es aprovechado por los partidos de oposición, de derecha o de izquierda, en todo el mundo para obtener beneficios políticos o electorales.