Cuando estudiaba medicina hace medio siglo, la ciencia decía
que era muy difícil que se diera un cambio genético porque se necesitaba un
gran impacto, como la radiación de una bomba atómica. La epigenética, una ciencia
de este siglo XXI, ha llegado a la conclusión que eso no es cierto y que el
medioambiente, las relaciones con los otros, el estilo de vida, la dieta, el
licor y hasta la meditación pueden generar cambios en nuestros genes que
podemos transmitir a los hijos.
Si el gen es la unidad básica de la información utilizada por
la célula para determinar nuestras características físicas y emocionales, se
conoce como “meme” la unidad mínima de transmisión o replicación de la herencia
cultural. Cada comentario, foto, video o melodía que replicamos en redes
sociales o publica un medio de comunicación se compone de memes. Las
organizaciones sociales, los partidos políticos, las instituciones del Estado,
las religiones y toda expresión cultural susceptible de ser replicada es una
especie de discurso o algoritmo conformado por los fragmentos de sus elementos,
los memes. Los seres humanos somos el resultado de la combinación de genes y
memes.
De la misma forma que los genes, nuestro ADN de los
cromosomas de cada célula, pueden ser atacados por un virus y provocarles una
mutación que cause un cáncer o una enfermedad, los memes de las redes, de
nuestro computador, de la cuenta bancaria o cualquier organización social puede
ser invadida por virus virtuales y dañarlos. Los genes se copian o se replican
en cada nueva célula, evolucionan y pueden sufrir cambios positivos a negativos
para el organismo. Los memes que conforman nuestra sociedad o que llevamos en
la memoria como relatos, también evolucionan y pueden modificarse positiva o
negativamente.
La mutación o modificación de gen equivale en un meme a lo
que se conoce como disrupción, entendida como innovación, ruptura o transición
digital. Una disrupción puede redefinir totalmente una empresa, una
organización, una sociedad, un partido político, una religión o cualquier
institución social. Tesla, Uber, Airbnb, las nuevas formas de bancos
virtuales, la mensajería, etc. son disrupciones o mutaciones de nuestra cultura.
En la columna anterior me referí a las neuronas en espejo o a
la teoría de la mente para la explicación científica de la tendencia en nuestro
cerebro de adherirse como velcro a las noticias falsas, a las teorías de la
conspiración y a las informaciones violentas; en cambio, el cerebro funciona
como teflón ante las noticias o comentarios positivos y conciliadores. Eso
significa que nuestro cerebro está programado para la supervivencia o eludir el
peligro y no tanto para la felicidad, es decir, tiene un sesgo negativo que es
evidente en los medios y en las redes sociales. Este fenómeno es aprovechado
por los partidos de oposición, de derecha o de izquierda, en todo el mundo para
obtener beneficios políticos o electorales.