La cultura o
la identidad de una nación se construye sobre una serie de leyendas, falsas
creencias o mitos aceptados por todos como verdades absolutas que en
determinadas circunstancias nos pueden llevar a cometer graves errores si no
estamos prevenidos.
Recordemos,
por ejemplo, el mito del buen salvaje. Se presentaba la indígena como un ser
puro, no contaminado y sin malicia al cual debíamos proteger de las malas
influencias de otras civilizaciones y del desarrollo. Hasta gente muy seria
pregona que las culturas ancestrales son mejores que la nuestra, con una
“conciencia superior”, razón por la cual deben permanecer vírgenes.
Otro es el
mito de J. J. Rousseau: “el individuo nade bueno y la sociedad lo
corrompe”. El Psicoanálisis puso en duda
esa teoría, con toda razón, a pesar de las críticas, también justificadas, que
recibió esta disciplina en los últimos años del siglo pasado especialmente.
También la teoría evolucionista de Darwin y muchos otros avances científicos
han mostrado la falacia del hombre esencial o genéticamente bueno.
Mucha
aceptación tiene entre nosotros la fantasía de los muchachos buenos, la
esperanza y futuro de la sociedad, llamados a resolver los problemas que los
mayores hemos creado. Para mostrar el error en que hemos incurrido, citaré el
estudio presentado en estos días por la Asociación para la evaluación del logro
educativo, realizado en varios países latinoamericanos, incluido Colombia,
sobre los valores o actitudes de nuestros chicos.
Nuestros
adolescentes, en una mayoría que llega al 70 por ciento, desprecian la
democracia y son partidarios del establecimiento de una dictadura en nuestros
países; además justifican o legitiman la corrupción que estarían dispuestos a
practicar, entre un 25 y 50 por ciento de ellos en los diversos casos
propuestos en la encuesta (véase la revista Semana).
En este
contexto podemos analizar los desórdenes ocurridos en Manizales la semana
pasada con ocasión de un debate político entre los candidatos a la presidencia
de la República y que debía realizarse en el teatro de Los Fundadores. El Dr.
Vargas Lleras acusó a los seguidores de Gustavo Petro de los ataques de palabra
y de hecho sufridos por él, su hija y el candidato del Centro Democrático, Iván
Duque.
Aunque un
noticiero de televisión habló de miles de amotinados, los vídeos solo mostraban
un grupo de menos de un centenar de jóvenes adolescentes. Se conoció que
algunos colegios públicos de la ciudad habían dejado libres a los estudiantes
de grado once para que fueran al evento sin cupo porque las boletas habían sido
entregadas a los diversos partidos convocados. No se aclaró si las autoridades
investigaron los colegios que facilitaron la acción de los vándalos.
Los jóvenes
de colegios y universidades públicas que odian la democracia dan la identidad a
la juventud colombiana porque los otros se mantienen al margen. Ellos fueron
los que crearon los movimientos guerrilleros. Son las hordas de Petro.