domingo, 30 de julio de 2017

LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO



Cuando el presidente Santos y su entonces ministra de educación declararon que la ideología de género no existe, la discusión se cerró a pesar de todas las dudas al respecto y la total oposición de las comunidades cristianas a las cartillas que la comunidad LGBTIQ había elaborado con el sospechoso aval de la ONU para modificar los manuales de convivencia de los colegios. 

“La identidad de género” está determinada por la cultura, según rezaba la cartilla cuestionada, es decir, no está relacionada con la biología o la genética. De allí que la cartilla autorizaban a los niños para que usaran indistintamente prendas masculinas o femeninas porque la dañina cultura patriarcal o machista no tiene derecho a inmiscuirse en las elecciones que haga cada uno. Nunca se habían legitimado las perversiones de esa forma.

Esta teoría o ideología de género se parece mucho a la antigua visión escolástica o cristiana que también consideraba dos elementos constitutivos del hombre completamente independientes el uno del otro: el alma y el cuerpo. En época de bárbaras naciones se nos enseñaba que el alma tiene funciones específicas en las que no participa el cuerpo: la inteligencia y la voluntad.  En cambio, la sexualidad es una función puramente biológica o animal; de allí que deba considerarse mala y contraria al espíritu.

Además, la propuesta de las cartillas de Gina Parody cae en la falacia del solipsismo, es decir, que el niño puede definir por sí mismo, sin ninguna otra injerencia, sus inclinaciones o su rol de género al margen de todas influencia social.  Si la identidad de género es cultural, como dice Colombia Diversa, la biología o la genética en nada la determina y lo que se pretende es que tampoco la cultura lo haga. Es una propuesta absurda. Un individuo absolutamente independiente de la genética y de la influencia de los otros no existe más que en la visión de la ONU y de Colombia Diversa.

El filósofo francés Robert Redeker acaba de rechazar la teoría o ideología de género, “la que sin lugar a dudas existe”, dice, y luego la critica: “El género es una construcción, un maquillaje social puesto sobre la naturaleza para negar el sexo”. En el mismo sentido que se ha expresado la ciencia médica, aunque con la suficiente prudencia porque en este campo nadie ha dicho la última palabra.  No se ha podido determinar con claridad en cada caso o en cada comportamiento humano hasta dónde llega la influencia de la genética o lo biológico y hasta dónde va lo cultural o la influencia de los otros o del medio ambiente o de lo simbólico y lo imaginario. 

Estamos seguros de que ambos elementos se afectan y modifican mutuamente. Sabemos, por ejemplo, que la estructura misma del cerebro se cambia por influencias culturales y que el rol de madre tiene sus determinantes biológicos u hormonales, aunque la comunidad gay no lo acepte porque deja sin piso su discurso. Finalmente, es obvio que hay ideología de género machista, marxista, de la comunidad LGBTIQ, religiosa, etc., pero ese es otro cuento.